La Pluma Inspirada y Daniel 6


Capitulo 5. Un puesto no envidiable.-
El puesto de Daniel no era envidiable. Encabezaba un gabinete fraudulento, prevaricador, impío, cuyos miembros lo vigilaban con ojos atentos y celosos para encontrar alguna falta en su conducta. Mantenían espías para que le siguieran los pasos a fin de ver si así podían hallar algo contra él. Satanás sugirió a esos hombres un plan por el cual podrían eliminar a Daniel. El enemigo dijo: Usen su religión como un medio para condenarlo (YI 1-11-1900).

Capitulo 10. La integridad constante es el único camino seguro.-
Quizá sea difícil que los hombres que ocupan cargos elevados puedan seguir una senda de integridad constante, ya sea que reciban alabanzas o censuras. Sin embargo, ésta es la única conducta segura. Toda la recompensa que puedan ganar al vender su honor, será sólo como el aliento de labios contaminados, como escoria que debe ser consumida en el fuego. Los que tienen valor moral para oponerse a los vicios y errores de sus prójimos -que quizá sean de aquellos a quienes honra el mundo- recibirán odio, insultos e injuriosa falsedad. Quizá sean expulsados de sus altos cargos porque no se dejan comprar ni vender, porque no se dejan influir con sobornos ni amenazas para que manchen sus manos con iniquidades. Todo lo que hay sobre la tierra quizá parezca conspirar contra ellos; pero Dios ha puesto su sello sobre su obra divina. Quizá sean considerados por sus semejantes como débiles, desprovistos de virilidad, incapaces para mantener el cargo. Pero cuán diferente es el concepto que tiene de ellos el Altísimo. Los que los desprecian son los que en realidad son ignorantes. Aunque las tormentas de la calumnia y el oprobio puedan perseguir al íntegro durante toda la vida y puedan estrellarse contra su tumba, Dios tiene preparado para él el "bien hecho". En el mejor de los casos, la necedad y la iniquidad producirán una vida de inquietud y descontento que terminará angustiosamente. Y cuántos, al contemplar su conducta y sus resultados, son inducidos a terminar con sus propias manos su desdichada carrera. Y más allá de todo esto aguarda el juicio y la sentencia final irrevocable: Apartaos (ST 2-2-1882).