La Pluma Inpirada y Daniel 3

Versículos 1-5. Una imagen de los últimos días.-
El sábado del cuarto mandamiento es invalidado por muchos que lo tratan como algo baladí, mientras que ensalzan el falso día de reposo, el hijo del papado. En lugar de las leyes de Dios, son ensalzadas las leyes del hombre de pecado; leyes que serán recibidas y obedecidas como lo fue por los babilonios la maravillosa imagen de Nabucodonosor. Al levantar esa gran imagen, Nabucodonosor ordenó que debía recibir el homenaje e universal de todos, tanto grandes como pequeños, encumbrados y humildes, ricos y pobres (MS 24, 1891).

Versículo 19. Se anticipa algo insólito.-
Cuando el rey vio que su voluntad no era recibida como la voluntad de Dios, "se llenó de ira" y la expresión de su rostro cambió contra estos hombres. Características satánicas hicieron que su rostro pareciera como el rostro de un demonio, y con toda la fuerza con que podía decretar, ordenó que el horno fuera calentado siete veces más que lo acostumbrado, y mandó que los hombres más vigorosos ataran a los jóvenes y los arrojaran en el horno. Creyó que se necesitaba un poder extraordinario para tratar a esos nobles hombres. Tenía la firma convicción de que algo insólito se interpondría en favor de ellos, y ordenó que sus hombres más fuertes se ocuparan de ellos (ST 6-5-1897).

Versículo 25. Cristo revelado por los cautivos.-
¿Cómo supo Nabucodonosor que el aspecto del cuarto era como el del Hijo de Dios? De los cautivos hebreos que estaban en su reino había oído acerca del Hijo de Dios. Ellos habían sido portadores del conocimiento del Dios viviente que gobierna todas las cosas (RH 3-5-1892).

Versículo 28. Los compañeros entendieron la fe.-
Estos fieles hebreos poseían gran capacidad natural y cultura intelectual, y ocupaban una encumbrada posición de honor. Sin embargo, todas esas ventajas no los indujeron a olvidarse de Dios. Todas sus facultades fueron entregadas a la influencia santificadora de la gracia divina. Con su piadoso ejemplo y su firme integridad manifestaron las alabanzas de Aquel que los había llamado de las tinieblas a su luz admirable. El poder y la majestad de Dios se exhibieron delante de la vasta asamblea en la maravillosa liberación de ellos. Jesús mismo se colocó a su lado en el terrible horno, y mediante la gloria de su presencia convenció al altivo rey de Babilonia de que no podía ser otro sino el Hijo de Dios. La luz del cielo había estado irradiando de Daniel y sus compañeros, hasta que todos sus compañeros entendieron la fe que ennoblecía sus vidas y embellecía sus caracteres (RH 1-2-1881).