La Pluma Inpirada y Daniel 2

Versículo 18. Los obedientes pueden hablar con libertad.-
Los que viven en estrecha comunión con Cristo serán promovidos por él a puestos de confianza. El siervo que hace lo mejor que puede para su amo, es admitido a una relación familiar con aquel cuyas órdenes obedece con amor. En el fiel cumplimiento del deber podemos llegar a ser uno con Cristo, pues los que obedecen las órdenes de Dios pueden hablarle con libertad. El que conversa más familiarmente con su Guía divino tiene el concepto más elevado de la grandeza de Dios y es el más obediente a sus órdenes (MS 82, 1900).

Si se hubiera escrito toda la historia de Daniel, abriría ante vosotros capítulos que os mostrarían las tentaciones a las que él tuvo que hacer frente: tentaciones de ridículo, envidia y odio; pero él aprendió a dominar las dificultades. No confió en su propia fuerza. Puso delante de su Padre celestial toda su alma y todas sus dificultades, y creyó que Dios le oía, y fue consolado y bendecido. Superó el ridículo, y así también lo hará aquel que sea vencedor. Daniel adquirió un estado mental sereno y alegre, porque creía que Dios era su amigo y ayudador. Los abrumadores deberes que tenía que cumplir le resultaban livianos, porque ponía en ellos la luz y el amor de Dios. "Todas las sendas de Jehová son misericordia y verdad" para los que caminan en ellas (YI 25-8-1886).

Versículos 37-42. Una doble representación.-
La imagen mostrada a Nabucodonosor simboliza el deterioro del poder y la gloria de los reinos de la tierra, y, al mismo tiempo representa adecuadamente el deterioro de la religión y de la moral entre los habitantes de esos reinos. Cuando las naciones se olvidan de Dios se debilitan moralmente en igual proporción.

Babilonia desapareció porque en su prosperidad se olvido de Dios y atribuyó la gloria de su prosperidad a las hazañas humanas.

El reino Medo-Persa fue visitado por la ira del cielo debido a que en ese reino fue pisoteada la ley de Dios. El temor de Jehová no tenía cabida en el corazón de la gente. Las influencias que prevalecían en Medo-Persia eran la impiedad, la blasfemia y la corrupción.

Los reinos subsiguientes fueron aun más viles y corruptos. Se deterioraron porque menospreciaron su fidelidad a Dios. Al olvidarse de Dios se hundieron más y más en la escala de valores morales (YI 22-9-1903).

Versículo 43. Hierro y barro: Mezcla político-religiosa.-
Hemos llegado a un tiempo cuando la sagrada obra de Dios está representada por los pies de la imagen, en los cuales el hierro estaba mezclado con el barro cenagoso. Dios tiene un pueblo, un pueblo escogido, cuyo discernimiento debe ser santificado, y que no debe convertirse en profano poniendo en el fundamento madera, heno y hojarasca. Cada alma leal a los mandamientos de Dios verá que el rasgo distintivo de nuestra fe es el día de reposo, el séptimo día. Si el gobierno honrara el sábado como Dios lo ha ordenado, tendría el poder de Dios y defendería la fe que una vez fue dada a los santos. Pero los estadistas apoyarán el falso día de reposo, y mezclarán su fe religiosa con la observancia de este hijo del papado, colocándolo por encima del sábado que el Señor santificó y bendijo, apartándolo para que el hombre lo observe santamente como una señal entre Dios y su pueblo por mil generaciones. La mezcla de los asuntos de la iglesia y de la administración política se representa con el hierro y el barro. Esa unión está debilitando todo el poder de las iglesias. Esta aceptación en la iglesia del poder del Estado, traerá malos resultados. Los hombres casi han traspasado el límite de la tolerancia de Dios. Han utilizado su fuerza política y se han unido con el papado. Pero llegará el tiempo cuando Dios castigará a los que han invalidado su ley, y sus malas obras recaerán sobre ellos mismos (MS 63, 1899).

Versículo 46. Una revelación divina.-
Nabucodonosor creyó que podía aceptar esa interpretación como una revelación divina pues a Daniel le había sido revelado cada detalle del sueño. Las solemnes verdades implicadas en la interpretación de esa visión nocturna impresionaron profundamente al soberano, y con humildad y temor reverente "se postró sobre su rostro"...
Nabucodonosor vio claramente la diferencia entre la sabiduría de Dios y la sabiduría de los máximos eruditos de su reino (YI 8-91903).

Versículo 47. Un reflector de luz.-
El Señor se dio a conocer a los paganos de Babilonia mediante los cautivos hebreos. A esa nación idolatra se le dio un conocimiento del reino que el Señor iba a establecer y sostener mediante su poder contra todo el poder y la habilidad de Satanás. Daniel y sus compañeros, Esdras y Nehemías y muchos otros, fueron testigos de Dios en su cautiverio. El Señor los esparció entre los reinos de la tierra para que su luz pudiera resplandecer brillantemente en medio de las negras tinieblas del paganismo y la idolatría. Dios reveló a Daniel la luz de sus propósitos, que habían estado ocultos por muchas generaciones. Dispuso que Daniel contemplara en visión la luz de la verdad divina, y que reflejara esa luz sobre el orgulloso reino de Babilonia. Se permitió que desde el trono de Dios refulgiera luz sobre el despótico rey. Se mostró a Nabucodonosor que el Dios del cielo regía sobre todos los monarcas y reyes de la tierra. Su nombre debía publicarse como el de Dios que está por encima de todos los dioses. Dios anhelaba que Nabucodonosor comprendiera que los gobernantes de los reinos terrenales tenían un gobernante en los cielos. La fidelidad de Dios al rescatar a los tres cautivos de las llamas y al justificar la conducta de ellos, mostró el poder maravilloso de Dios.

De Daniel y sus compañeros emanó y brilló una gran luz. Se dijeron cosas gloriosas de Sión, la ciudad de Dios. El Señor quiere que de esta manera brille la luz espiritual procedente de sus fieles atalayas en estos últimos días. Si los santos del Antiguo Testamento dieron un testimonio tan decidido de lealtad, ¡cuánto debiera brillar hoy el pueblo de Dios que tiene la luz acumulada de los siglos, desde que las profecías del Antiguo Testamento proyectaron su gloria velada hacia el futuro! (Carta 32, 1899).