La Pluma Inpirada y Daniel 1

Versículo 1. Especialmente para los últimos días.-
Leed el libro de Daniel. Recordad punto por punto la historia de los reinos que allí se presenta. Contemplad a los estadistas, los concilios, los ejércitos poderosos, y ved cómo Dios obró para abatir el orgullo humano y humilló hasta el polvo la gloria humana. Sólo Dios es presentado como grande. En la visión del profeta se lo ve derribando a un poderoso gobernante y colocando a otro. Se lo revela como el monarca del universo que está por establecer su reino eterno: el Anciano de días, el Dios viviente, la Fuente de toda sabiduría, el Gobernante del presente, el Revelador del futuro. Leed y comprended cuán pobre, cuán frágil, cuán efímero, cuán falible, cuán culpable es el hombre que eleva su alma a la vanidad...
La luz que Daniel recibió directamente de Dios le fue dada especialmente para estos últimos días. Las visiones que tuvo a orillas del Ulai y del Hidekel, los grandes ríos de Sinar, ahora están en el proceso de su cumplimiento, y pronto habrán sucedido todos los acontecimientos predichos (Carta 57, 1896).

Versículo 8. No hay ahora un plan diferente.-
Cuando Daniel estuvo en Babilonia, fue acosado por tentaciones con las que nunca había soñado, y comprendió que debía mantener su cuerpo en sujeción. Propuso en su corazón que no bebería del vino del rey ni comería de sus manjares. Sabía que para poder vencer debía tener una clara percepción mental para ser capaz de discernir entre el bien y el mal. Mientras Daniel hacía su parte, Dios también estaba en acción, y le dio "conocimiento e inteligencia en todas las letras y ciencias; y Daniel tuvo entendimiento en toda visión y sueños". En esa forma procedió Dios con Daniel, y no tiene el propósito de proceder de manera diferente ahora. El hombre debe cooperar con Dios para llevar a cabo el plan de salvación (RH 2-4-1889).

Una decisión inteligente.-
Cuando Daniel y sus compañeros fueron puestos a prueba, se colocaron plenamente del lado de la rectitud y la verdad. No procedieron caprichosa sino inteligentemente. Decidieron que como la carne no había formado parte de su régimen en lo pasado, no debían comerla en lo futuro; y así como el vino había sido prohibido a todos los que deben ocuparse del servicio de Dios, decidieron que no lo tomarían.

Sabían lo que les sucedió a los hijos de Aarón y que el vino ofuscaría su mente, que la complacencia del apetito nublaría sus facultades de discernimiento. Se han registrado estos detalles en la historia de los hijos de Israel como una advertencia, para que cada joven rechace todas las costumbres, prácticas y complacencias que en alguna forma puedan no de deshonrar a Dios.

Daniel y sus compañeros no sabían cuál sería el resultado de su decisión; sólo sabían que les costaría la vida, pero resolvieron seguir la senda recta de una estricta temperancia aunque estaban en la corte de la licenciosa Babilonia (Yl 18-8-1898).

Versículo 9. El buen comportamiento granjeó la simpatía.-
Ese funcionario vio en Daniel buenos rasgos de carácter. Vio que se esforzaba por ser bondadoso y útil, que sus palabras eran respetuosas y corteses, y que estaba dotado de las virtudes de la modestia y la humildad. El buen comportamiento del joven fue lo que le ganó el favor y el afecto del príncipe (Yl 12-11-1907).

Versículo 15. Los tentadores de Daniel.-
Daniel no procedió precipitadamente al dar este paso. Sabía que cuando fuera llamado para presentarse ante el rey, sería evidente la ventaja de una vida sana. El efecto seguiría a la causa. Daniel dijo a Melsar, el que estaba a cargo de él y de sus compañeros: "Te ruego que hagas la prueba con tus siervos por diez días, y nos des legumbres a comer, y agua a beber". Daniel sabía que diez días sería un lapso suficiente para demostrar el beneficio de la templanza...

Después de hacer esto, Daniel y sus compañeros todavía hicieron algo más: no eligieron como compañeros a los que eran agentes del príncipe de las tinieblas; no se unieron con la multitud para practicar el mal. Buscaron la amistad de Melsar, y no hubo fricción entre él y ellos. Buscaron el consejo de él y, al mismo tiempo, lo instruyeron con la sabiduría de su comportamiento (YI 6-9-1900).

Versículo 17. La bendición de Dios no sustituye el esfuerzo.-
Cuando los cuatro jóvenes hebreos estaban siendo educados para la corte del rey de Babilonia, no pensaron que la bendición del Señor sustituía el decidido esfuerzo que se requería de ellos. Eran diligentes en el estudio, pues comprendían que por la gracia de Dios su destino dependía de su propia voluntad y acción. Tenían que dedicar a la obra toda su capacidad, y mediante una severa y continua aplicación de sus facultades debían aprovechar al máximo sus oportunidades de estudio y trabajo.

Mientras estos jóvenes se ocupaban de su propia salvación, Dios estaba obrando en ellos tanto "el querer como el hacer por su buena voluntad". Aquí se revelan las condiciones del éxito. Para apropiarnos de la gracia de Dios tenemos que hacer nuestra parte. El Señor no tiene el propósito de hacer por nosotros ni el querer ni el hacer. Concede su gracia para que se efectúe en nosotros el querer y el hacer; pero nunca como tan sustituto de nuestros esfuerzos. Nuestra alma debe estar dispuesta a cooperar. El Espíritu Santo obra en nosotros para que podamos ocuparnos de nuestra salvación. Esta es la lección práctica que el Espíritu Santo procura enseñarnos (YI 20-8-1903).

Versículos 17, 20. Honor sin exaltación.-
Daniel y sus tres compañeros tenían una obra especial que hacer. Aunque recibieron grandes honores en esa obra, no se ensalzaron en ninguna forma. Eran eruditos; estaban capacitados tanto en conocimiento secular como religioso; pero habían estudiado ciencia sin contaminarse. Eran bien equilibrados porque se habían entregado a la dirección del Espíritu Santo. Esos jóvenes dieron a Dios toda la gloria de sus capacidades físicas, científicas y religiosas. Su conocimiento no fue fruto de la casualidad; obtuvieron su erudición mediante el fiel uso de sus facultades, y Dios les dio habilidad y entendimiento.

La verdadera ciencia y la religión bíblica están en perfecta armonía. Que los alumnos de nuestros colegios aprendan todo lo que les sea posible. Pero que, por regla general, sean educados en nuestras propias instituciones. Sed cuidadosos en cuanto al consejo que les dais de asistir a otras instituciones en donde se enseña el error, para terminar su educación. No les deis la impresión de que ha de progresarse más en la educación mezclándose con los que no buscan la sabiduría de Dios. Los grandes hombres de Babilonia estuvieron dispuestos a beneficiarse con la instrucción que Dios dio mediante Daniel, para que el rey saliera de su dificultad por medio de la interpretación de su sueño. Pero anhelaban mezclar su religión pagana con la de los hebreos. Si Daniel y sus compañeros hubiesen consentido en una claudicación tal, según los babilonios habrían sido estadistas cabales, idóneos para que se les confiaran los asuntos del reino. Pero los cuatro hebreos no entraron en ese convenio. Fueron leales a Dios, y Dios los sostuvo y los honró. La lección es para nosotros: "Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas" (Carta 57, 1896).

Versículo 20. La espiritualidad y el intelecto se desarrollan juntos.-
Al igual que en el caso de Daniel, en la exacta proporción en que se desarrolla el carácter espiritual, aumentan las facultades intelectuales (RH 22-3-1898).