La Pluma Inspirada y Apocalipsis Capítulo 8

3-4. (Isa. 1: 18; Heb. 9: 13-14; Heb. 7: 25). Oraciones fragantes por los méritos de Cristo.-
Así como el sumo sacerdote asperjaba la sangre tibia sobre el propiciatorio mientras ascendía 982 delante de Dios la nube fragante de incienso, así también, mientras nosotros confesamos nuestros pecados e imploramos la eficacia de la sangre expiatoria de Cristo, deben ascender al cielo nuestras oraciones fragantes por los méritos del carácter de nuestro Salvador. A pesar de nuestra indignidad debemos recordar que hay Uno que puede quitar el pecado y que está dispuesto a salvar al pecador y con anhelo de hacerlo. Pagó el castigo de todos los pecadores con su propia sangre. Dios quitará todo pecado que sea confesado delante de él con corazón contrito [se cita Isa. 1: 18; Heb. 9:13-14] (RH 29-9-1896).

(Cap. 8: 8; Sal. 141: 2; Juan 1: 29; Efe. 5: 2-) El incienso representa la sangre de la expiación.-
[Se cita Apoc. 8: 3-4.] Tengan en cuenta las familias, los cristianos individualmente y las iglesias, que están estrechamente aliados con el cielo. El Señor tiene un interés especial en su iglesia militante aquí en la tierra. Los ángeles que ofrecen el humo del incienso fragante, lo hacen por los santos que oran; por lo tanto, elévense constantemente al cielo en cada familia las oraciones vespertinas en la fresca hora del sol poniente, hablando ante Dios por nosotros de los méritos de la sangre de un Salvador crucificado y resucitado.

Sólo esa sangre es eficaz; sólo ella puede hacer propiciación por nuestros pecados. La sangre del unigénito Hijo de Dios es la que tiene valor para nosotros a fin de que podamos acercarnos a Dios; sólo su sangre "quita el pecado del mundo". El universo celestial contempla de mañana y de tarde a cada familia que ora, y el ángel con el incienso, que representa la sangre de la expiación, halla acceso delante de Dios (MS 15, 1897).