¿Era vegetariano el profeta Daniel?



Permítame ocuparme del contexto de Daniel 1:3-21, y en el proceso responderé la pregunta específica que me hace.
La caída del reino de Judá y la expatriación de muchos israelitas a Babilonia expuso ante nuevos desafíos, la fe de ellos. Estaban en una cultura diferente y con convicciones religiosas radicalmente distintas, lo que dificultaba sus prácticas religiosas.
1. Asimilación cultural: La intención del rey de Babilonia era la de trasladar lentamente la fidelidad de los hebreos del Dios de ellos, a los dioses ajenos; de Jerusalén a Babilonia. Ese era el objetivo de los componentes profesionales y psicológicos de su programa educativo.
En primer lugar, se les reforzó la estima al llevarlos al palacio real, donde se incorporaron a la elite intelectual. Esto fácilmente provocaría en ellos un sentimiento de aceptación en esa tierra extranjera, y de gratitud al rey por confiar en ellos.
En segundo lugar, iban a ser entrenados en las lenguas y los escritos de Babilonia. Puede ser que Daniel ya hablaba varios idiomas, pero tendría que aprender al menos arameo y acadio para comunicarse y leer los escritos científicos (matemática y astronomía), música y religión (mitología, adivinación y astrología), y ser adoctrinado en la cosmovisión babilónica. El resto del libro de Daniel demuestra que este adoctrinamiento no tuvo éxito.
En tercer lugar, la asimilación cultural comenzó con un cambio de identidad al asignárseles nuevos nombres de deidades babilónicas (Dan. 1:7). Su compromiso personal con el Señor se vio amenazado. Resulta interesante que la escritura hebrea de sus nombres babilónicos parece haber corrompido intencionalmente los nombres originales, mostrando así su resistencia a la asimilación religiosa y cultural.
2. Provisión alimentaria: El rey determinó el régimen alimentario de Daniel y sus amigos. Era un privilegio y parte de los beneficios de estudiar en la Universidad de Babilonia. El rey proveía los alimentos. Sabemos que los reyes babilónicos no solo proveían raciones diarias a algunos de sus funcionarios sino que también les brindaban alojamiento. El texto bíblico parece indicar que los alimentos dados a Daniel y sus amigos eran parte de la comida preparada para el mismo rey, lo mejor que tenía Babilonia para ofrecer. El interés principal del rey era garantizar que tuvieran buen aspecto y se destacaran en los estudios.
No obstante, desde un punto de vista cultural, vemos que la intención del rey era más profunda: los alimentos determinan la identidad; lo que comemos revela nuestra cultura y aun nuestras convicciones religiosas. El énfasis en los alimentos era parte del intento cultural y religioso de asimilar a los hebreos a la religión y cultura babilónicas.
3. Rechazo a la transformación cultural: “Daniel se propuso no contaminarse con la comida y el vino del rey” (vers. 8, NVI). “Se propuso” es la traducción de la frase hebrea “lugar en su corazón”. La voluntad y racionalidad de Daniel tomó parte de esta decisión, probablemente debido a que la comida del rey era ofrecida a los ídolos antes de ser traída a la mesa. Lo más probable es que los alimentos no fueran preparados de acuerdo con el mandato bíblico (Lev. 17:10) y se incluyeran carne de animales inmundos. De por sí estas hubieran sido razones válidas para rechazar el alimento del rey. Pero el hecho que Daniel haya elegido esta ocasión para practicar una dieta vegetariana indica algo más profundo. El rey se hacía responsable de “asignarles” [yeman] su alimento. La forma verbal utilizada aquí es usada en el Antiguo Testamento solo para una actividad divina (por ejemplo, en Sal. 16:5; 61:8) lo que sugiere que el rey estaba asumiendo una prerrogativa divina. Para Daniel, solo el Señor podía determinar lo que comería. En ese marco, regresó a la dieta original que excluía la carne (Gén. 1:29; 3:18) y que le ayudaba a ser obediente al Señor. Y Dios bendijo sus esfuerzos de servirlo. Cuando pudo decidir su propia dieta, Daniel siguió las estipulaciones levíticas (Dan. 10:3).
La amenaza de la asimilación cultural aún está con nosotros. Al igual que Daniel, deberíamos resistirla y defender los valores, principios y enseñanzas de la Palabra de Dios.