Las secciones poéticas de Daniel 1 - 6

Por Daud Soesilo

La primera parte del libro de Daniel contiene seis historias de la corte de los emperadores de Babilonia o de Persia. Estas historias conforman los primeros seis capítulos de la obra. La segunda parte del libro (capítulos 7—12) está constituida en lo fundamental por visiones y la oración de Daniel. Sin embargo, en la primera parte hay cuatro breves poemas; a saber:
1. Salmo de acción de gracias de Daniel (2.20-23) (y un abreviado poema de alabanza, de Nabucodonosor en 2.47.)
2. Himno de alabanza de Nabucodonosor (RVR-95: 4.1-3; arameo: 3.31-33)
3. Himno de alabanza de Nabucodonosor (RVR-95: 4.34-35; arameo: 4.31-32)
4. Decreto de Darío concerniente al Dios de Daniel (RVR-95: 6.25-27; arameo 6.26-28)

Grupo I
En virtud de su contexto y de sus personajes, Daniel 2 es la historia cortesana de una competencia entre Daniel y ciertos miembros de la corte babilónica, especialmente los «magos», los «encantadores», los «exorcistas», los «caldeos» (versículo 2) y los «astrólogos» (versículo 27). Sin embargo, esta historia es también una historia de milagros. El primer poema que forma parte de ella, y que es el salmo de acción de gracias de Daniel (2.20-23), separa el fracaso de los sabios de Babilonia al intentar narrar e interpretar el sueño de Nabucodonosor (según la primera parte de la historia), del éxito de Daniel al lograrlo (en la segunda parte).
Este poema comienza con una alabanza indirecta a Dios (expresada en tercera persona del singular): «Sea bendito el nombre de Dios...» (nótese la fórmula correspondiente en Job 1.21; Sal 113.2), seguida de «de siglos en siglos» (que debe ser comparada con expresiones similares en Neh 9.5; Sal 41.13; 90.2; 103.17). Entonces se atribuyen a Dios «el poder y la sabiduría»; y a su vez, estos atributos se expanden en ocho cláusulas (versículos 21-22). La conclusión del poema (versículo 23) es una expresión directa de acción de gracias y alabanza al «Dios de mis padres» (que está en segunda persona del singular), quien le ha concedido al héroe de la historia sabiduría y poder, y quien le ha dado como bendición la revelación que fue la ocasión para que se escribiera el poema.
El que habla está agradecido, y la expresión de esa gratitud aparece en el poema. También están presentes los usuales elementos formales, como el llamado a la alabanza, la descripción del serio peligro del que alguien se ha librado, el relato de la liberación y la fórmula de alabanza. De esta manera, la forma y los elementos lingüísticos de este poema son muy similares a los de un salmo personal de acción de gracias.
Si el poema es realmente un salmo de acción de gracias, como su forma, lenguaje y función revelan, entonces su traducción a otras lenguas no debería ser distinta de la de los poemas en los Salmos y en otros libros, como Job y Habacuc. La mayoría de las versiones de la Biblia preparadas durante este siglo en Indonesia han traducido este poema en forma poética, lo que hace justicia al significado y la función del texto fuente. En la medida en que sea algo natural y común en una determinada lengua incluir un fragmento en forma de verso en medio de una historia en prosa, ello atraerá sin duda a los lectores cuidadosos para que hagan un alto y mediten sobre la función del poema. Desafortunadamente, hay traducciones que no toman esto en cuenta; en ellas el poema ha sido traducido como prosa y se ha convertido meramente en parte de la historia narrada.
Mientras consideramos Daniel 2, echémosle un vistazo también al abreviado poema de alabanza, de Nabucodonosor (2.47). Aunque muy breve, posee los elementos formales esenciales de una expresión poética de alabanza; y de hecho, es paralelo en su composición al poema de 2.20-23. Esta bendición está dirigida al Dios de Daniel, quien le ha dado a éste una revelación superior, y Daniel es el punto de referencia; por lo que se expresa en la segunda persona del singular: «el Dios vuestro...», «pues pudiste revelar...».
Para el editor final del libro, este extraordinario poema de acción de gracias, pronunciado por un emperador pagano extranjero, representa el punto clave de toda la historia: la afirmación del universalmente reconocido señorío de Dios. Montgomery ha señalado el hecho de que la confesión de Nabucodonosor constituye el clímax de la historia (James A. Montgomery, comentario sobre el libro de Daniel en las series del International Critical Commentary). Y como Towner ha afirmado:
Las historias milagrosas de la Biblia concluyen con alabanzas ofrecidas a Dios por uno o más testigos o por un beneficiario del milagro. La expresión de alabanza a menudo procede de alguien que no es israelita, el cual no tiene la obligación, prima facie, de expresar su fe en el Dios de Israel. De hecho, si uno toma como ejemplo historias tales como la de Elías y la resurrección del hijo de la viuda de Sarepta (1 R 17.17-24; paralelos en 2 R 4.18-37; Lc 7.11-17), o muchos de los relatos de milagros en los evangelios sinópticos (tales como Mc 2.1-12; 7.31-37; Lc 9.37-43), aparece que esta confesión de fe por un espectador es el elemento fundamental de la historia. (W. Sibley Towner, «Daniel», en: Interpretation: A Bible Commentary for Teaching and Preaching, p. 39-40.)
Si ello es así, entonces una traducción que aspire a encontrar equivalencias reales de significado, consideraría verter este breve poema en forma de verso, en tanto esto sea algo común y natural en el marco de una lengua particular. Hasta ahora, ninguna versión lo ha hecho. Sin embargo, en una lengua donde el poema forme parte integral de las convenciones literarias, verter este breve poema en forma de verso sin duda ayudará a los lectores a captar el significado y la función del texto tal cual se presenta en la traducción.

Grupo 2
El segundo poema (3.31-33), el tercero (4.31-34) y el cuarto (6.26-28) pertenecen a mismo grupo, a causa de las similitudes de su forma y contenido. Se trata de pronunciamientos reales en cada narración que le sirve de marco; el segundo y el tercero, poemas salidos de la boca de Nabucodonosor, mientras el cuarto brota de la boca de Darío; y cada uno de ellos funciona como un resumen y una reflexión sobre el significado de las narraciones en las cuales se hayan insertados.
Observamos antes que todo que la tradición textual parece estar insegura sobre a qué capítulo pertenece el segundo poema. El texto arameo lo tiene al final de capítulo 3 (versículos 31-33), la Septuaginta lo coloca al lado del tercer poema, hacia el final del capítulo 4 (versículo 37c), mientras el texto griego de Teodosio lo hace regresar a la posición original del texto arameo (4.1-3). Esto explica las diferentes formas tradicionales de numerar los versículos presentes en las traducciones. Sin embargo, en resumen, este segundo poema coincide con el tercero en muchos aspectos.

El segundo poema consiste en:
1. Una introducción formal a la carta real de presentación, «Nabucodonosor rey, a todos los pueblos, naciones y lenguas que moran en toda la tierra: Paz os sea multiplicada» (como en 6.26),
2. la base de la alabanza del rey al Dios Altísimo: «Conviene que yo declare las señales y milagros...» (como en 6.28; compárese con la celebración del absoluto poder de Dios en 4.32, y también con la sabiduría y poder que se le atribuyen en 2.21) «...que el Dios Altísimo ha hecho conmigo» (véanse los similares vínculos que existen con los siguientes salmos en 4.31 y 6.27),
3. un salmo breve: «¡Cuán grandes son sus señales, y cuán potentes sus maravillas!»,
4. una declaración final sobre el eterno dominio de Dios: «Su reino, reino sempiterno, y su señorío de generación en generación» (como también en 4.31; 6.27; compárese, asimismo, el énfasis sobre la existencia eterna en 2.20: «...el nombre de Dios de siglos en siglos»).
Como Towner ha señalado, la expresión aramea de existencia eterna en 3.33; 4.31; 6.27 es un equivalente casi exacto de la hebrea que aparece en los himnos del libro de Salmos; por ejemplo, en el Salmo 145.13. Ello indica un estrecho parecido con la forma hímnica de la poesía religiosa israelita. (W. S. Towner, The Poetic Passages of Daniel 1-6, p. 321). Por otra parte, en estos tres poemas, en primer lugar, se pone énfasis en el gobierno de Dios sobre el mundo; en segundo lugar, se alaba a Dios como el creador y totalmente sabio; y en tercer lugar, se incluye el típico himno de celebración de la existencia eterna de Dios (véase, por ejemplo, Sal 29.10; 104.31). Es también algo común que alternen la alabanza a Dios por sus atributos eternos con la alabanza a Dios por sus acciones misericordiosas.
Si estos son verdaderamente poemas hímnicos, como nos han mostrado estas pruebas, entonces deben tener alguna función. Towner (p. 322) describe la función de estos poemas como «epítomes teológicos sobre el significado de aquella experiencia del que habla que se relata de nuevo en el contexto de la narración». De ahí que la forma de verter estos poemas en la traducción debe reflejar el significado y la función de los textos. Si el editor final del libro considera conveniente incluir poemas hímnicos en los textos narrativos, entonces el propósito y el significado de estos poemas hímnicos deben ser de alguna manera traducidos fiel y significativamente, utilizando las formas que son comunes y naturales en la lengua en cuestión. Si en alguna de ellas es común escribir poemas hímnicos en forma versificada, entonces esas son las que se deben usar.
La mayoría de las traducciones hechas en Indonesia durante este siglo han vertido estos poemas hímnicos en forma versificada, aunque hay algunas excepciones. En el caso del segundo poema (3.31-33), la Living Bible (LB) y su contraparte indonesia (Firman Allah Yang Hidup, 1989), la también indonesia Terjemahan Baru (1974) y la javanesa Kitab Suci, han traducido este poema en prosa; y es bastante interesante que unas pocas traducciones modernas en lenguaje común (alemán, francés y holandés) también lo han traducido en prosa. En el caso del tercer poema (4.31-32) LB y las mismas versiones indonesias lo han traducido en prosa, como lo ha hecho una traducción francesa a la lengua común. En cuanto al cuarto poema (6.26-28), LB, y otra vez las mismas versiones indonesias, junto con una traducción al lenguaje común, la alemana, ha vertido este poema en prosa.

Conclusión
Todos los cuatro poemas de Daniel 1—6, así como el poema doxológico abreviado, tienen elementos lingüísticos, forma y funciones similares. Se asemejan estrechamente a las formas consistentes del libro de los Salmos, y funcionan como un resumen teológico de las ideas centrales de los textos narrativos. Así que su contenido fue sin duda intencional, por lo que fueron escogidos por el escritor o el editor (o por ambos). Si este es el caso, entonces una traducción fiel al significado, al propósito y a la función de estos textos, debe de alguna forma intentar verterlos de manera verdaderamente significativa.
Como nota final, este breve estudio pone énfasis en la importancia que tiene llevar a cabo estudios bíblicos serios y responsables. [El presente estudio ha sido extractado de la revista Traducción de la Biblia, de las Sociedades Bíblicas Unidas, Volumen 9, número 1 de 1999]