Purificación y exaltación
Ángel Manuel Rodríguez

 

Explique por favor el significado de la purificación que menciona Hebreos 1:3.
El texto dice: «Después de llevar a cabo la purificación de los pecados, [el Hijo] se sentó a la derecha de la Majestad en las alturas».* El versículo combina dos elementos: La purificación y la exaltación, pero no especifica cómo se produce la purificación. Para clarificarlo, examinemos otros dos pasajes donde se hallan presentes estos elementos, y exploremos entonces el significado de la purificación en Hebreos.
      1. La purificación y el sacrificio:Note estos dos pasajes: «Pero este sacerdote, después de ofrecer por los pecados un solo sacrificio para siempre, se sentó a la derecha de Dios» *(10:12). «[Cristo] soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios» (12:2). El primer pasaje habla del sacrificio por los pecados, no de la purificación por los pecados, lo que aclara el significado. El segundo establece que el sacrificio fue la muerte de Cristo en la cruz; realizó la purificación del pecado en el sentido que se ofreció como víctima del sacrificio. El sacrificio de purificación/expiación fue ofrecido una sola vez. En su exaltación, continúa oficiando como nuestro sumo sacerdote en el santuario celestial (8:2). Esta obra está conectada directamente con nuestra purificación del pecado.
      2. La purificación y el primer pacto: Es por medio del sacrificio de Cristo que los pecados cometidos bajo el primer pacto fueron finalmente perdonados: «Por eso Cristo es mediador de un nuevo pacto, para que los llamados reciban la herencia eterna prometida, ahora que él ha muerto para liberarlos de los pecados cometidos bajo el primer pacto» (9:15). Según el libro de Hebreos, los pecados cometidos bajo el primer pacto necesitaban ser purificados porque la sangre de los toros y machos cabríos no podía remover el pecado o purificar a los pecadores. El sacrificio de Cristo legitimó la purificación bajo el primer pacto. Esta fue una purificación de los pecados cometidos bajo el viejo pacto como transgresiones de la ley del pacto. Este efecto retrospectivo del poder purificador del sacrificio de Cristo no es particular al libro de Hebreos; está implícito en otros libros del Nuevo Testamento (cf. Rom. 3:25; Hech. 17:30).
      3. La purificación de los creyentes: La purificación del pecado por medio del sacrificio de Cristo es efectivo para los que creen. El poder purificador de la cruz se aplica ahora a los que hallan en Cristo su Salvador y Sumo Sacerdote celestial: «La sangre de Cristo […] purificará nuestra consciencia de las obras que conducen a la muerte, a fin de que sirvamos al Dios viviente» (Heb. 9:14). Todos son llamados a arrepentirse de las obras muertas (6:1) y a experimentar la purificación por medio de Cristo. Esta purificación presente es una parte intrínseca de la obra intercesora de Cristo a la derecha de Dios (7.25), y cubre no solo nuestros pecados pasados sino también los que cometemos sin darnos cuenta (10:26). En esa travesía, debemos despojarnos «del lastre que nos estorba, en especial del pecado que nos asedia» (12:1). Mediante el poder del sacrificio de Cristo en la cruz, donde cargó el pecado de muchos (9:28), nuestros pecados son perdonados por Dios. En el sistema israelita, esto se representaba mediante los servicios diarios. El sacrificio de Cristo y su mediación cumplen la significación tipológica de los servicios diarios.
      4. Purificación del santuario celestial: El poder purificador del sacrificio de Cristo tiene también una expresión futura, representada en el ritual purificador del día de expiación: «Así que era necesario que las copias de las realidades celestiales fueran purificadas con esos sacrificios, pero que las realidades mismas lo fueran con sacrificios superiores a aquellos» (9:23). Este pasaje anticipa claramente una interpretación tipológica del día de la expiación. Al referirse a la purificación del santuario celestial, el apóstol señala la consumación de la efectividad de la purificación de la muerte o sacrificio de Cristo que resultará en la vindicación de Dios y de su pueblo, y en la consumación de su salvación en la segunda venida (9:28).
      Esta purificación también señala el establecimiento del reino eterno de Dios (12:28) y al momento cuando todos los enemigos de Cristo sean puestos «por estrado de sus pies» (10:13; cf. 2:14), es decir, cuando los derrote por completo y para siempre. Este juicio ejecutivo «ha de devorar a los enemigos de Dios» (10:27) en la purificación final del universo de la presencia del pecado y los poderes del mal.

*Todas las citas han sido extraídas de la Nueva Versión Internacional (NVI).