Las túnicas de ascensión

¿Usaron túnicas de ascensión y se volvieron locos los seguidores de Miller? Todavía aparecen impresas por aquí y por allá extrañas historias que dicen que los gozosos mensajes de William Miller asustaban de tal manera a la gente que se volvía loca, y que una buena cantidad de sus seguidores se hicieron insensatamente túnicas de muselina ("túnicas de ascensión") para ir al cielo. Se dice que algunas personas se trepa ron a los árboles o a los techos de las casas o incluso a los campanarios o torres de las iglesias para estar tan cerca del cielo como fuera posible en ese gran día; pero las más de las veces se enredaron en sus túnicas ascensionales y se rompieron la cabeza.

Resulta sorprendente que gente que estaba tan asustada por la segunda venida hasta el punto de volverse loca pudiera treparse a los árboles para estar tan cerca de la segunda venida como fuera posible. No obstante Clara Endicott Sears hizo una colección de esas historias y de otras semejantes para burlarse de los milleritas. Su obra publicada en 1924, Days of De/usion (Días de decepción) sigue siendo la principal fuente de información de los autores modernos al respecto.

Los mensajes de Miller atrajeron a gran cantidad de gente, que representaba a muchas clases sociales. Es estadísticamente probable que hubiera algunas personas desequilibradas en esas multitudes. Se supone que el Evangelio atrae a gente necesitada. Jesús dijo: "No necesitan médico los sanos, sino los que se encuentran mal" (S. Mateo 9: 12). Everett Dick demostró en su disertación doctoral de 193077 tanto el equilibrio mental que prevalecía en general en el movimiento millerita, como el hecho de que algunos de los seguidores de Miller pasaron algún tiempo en instituciones de salud mental, que en ese tiempo se liamaban en Norteamérica "asilos para insanos".

Francis D. Nichol en su libro The Midnight Cry [El clamor de medianoche]7/1 ha probado, no obstante, que no se puede descubrir base histórica real para la gran mayoría de las historias de la Sra. Sears; que algunos de los milleritas que pasaron algún tiempo en asilos de insanos ya habían estado allí antes de oír hablar de Miller (es decir, tenían antecedentes de desequilibrio mental), y que el criterio que se empleaba en aquel tiempo para determinar el grado de insanidad de una persona no era demasiado científico. Sus investigaciones han ejercido una vasta influencia sobre los historiadores profesionales de los Estados Unidos, especialistas en historia eclesiástica aunque no sobre los colaboradores de las revistas populares.

En cuanto a las túnicas ascensionales. . . ¿acaso muchos ministros religiosos no usan túnicas para predicar? ¿No pasa lo mismo, acaso, con los miembros del coro? ¿No existen, acaso, túnicas de graduación? Los novios y las novias llevan atavíos especiales el día de su boda. Mucha gente, a lo menos, usa de vez en cuando su traje "dominguero" para ir a la iglesia. Podemos imaginarnos que muchos creyentes milleritas se pusieron su traje o vestido dominguero el día cuando esperaban que Cristo apareciera. Si también se vistieron con túnicas especiales para esa ocasión, difícilmente podrían haber sido considerados locos por eso, a no ser por sus enemigos.

La evidencia, sin embargo, se inclina por el hecho de que no se hicieron túnicas ascensionales. El profesor Whitney R. Cross, de la Universidad de Virginia Occidental, lo mismo que Nichol, examinó la evidencia y al igual que este último llegó a la conclusión de que esas oprobiosas historias no tienen fundamento alguno. "No hay -concluye el Dr. Cross-, ni siquiera un vestigio de evidencia que le dé sustancia al mito de las túnicas ascensionales". También formula este comentario acerca de los seguidores de Miller: "No parece haber habitado en el mundo gente más moral y justa que ésta".

Nichol buscó material acerca de las túnicas ascensionales en no menos de 91 periódicos. Ni una sola información al respecto se basaba en los hechos. Todas se fundaban en rumores: "Se dice", "Hemos oído" y así sucesivamente. En efecto, no encontró información alguna acerca de túnicas ascensionales correspondientes al 22 de octubre de 1844, cuando los creyentes realmente esperaban que Cristo viniera.

Poco después de esa experiencia, en abril de 1868, Jaime White, que fue muy activo tanto en el movimiento adventista como en la Iglesia Adventista del Séptimo Día, ofreció una generosa recompensa a cualquiera que pudiera proporcionar una historia fidedigna acerca de las túnicas ascensionales. Nunca nadie vino a reclamar el dinero que ofreció.