¿Se repetirán las "señales" de S. Mateo 24: 29?

La posibilidad de que otro día oscuro, otra luna roja como sangre y otra lluvia de estrellas ocurra inmediatamente antes del regreso de Cristo, no es negada por las Escrituras. Jesús no dijo cuántas veces ocurrirán esos acontecimientos, ni tampoco San Juan cuando presentó una lista similar bajo el sexto sello. Desde 1833 ya se ha producido otra notable lluvia de estrellas. A partir de 1755 ha habido muchos notables terremotos. Hemos tenido varios días oscuros. Resulta significativo que el profeta Joel nos presente dos listas de señales, similares a las de Jesús y San Juan, pero en algunos sentidos diferentes de las de ellos e incluso entre sí. En las dos listas de Joel, como en las otras, se dice que el sol se oscurecería. Pero sólo una de las listas de Joel se refiere a una luna roja como sangre, y en ella se añade: "sangre, fuego, columnas de humo" (Joel 3: 3, Biblia de Jerusalén). La otra lista de Joel dice que la luna, lo mismo que el sol, "se oscurecen", y añade que las estrellas "retraen su fulgor" (Joel 4: 15, Biblia de Jerusalén). Las estrellas del 13 de noviembre de 1833 no retrajeron su fulgor.

Las listas de Joel no están vinculadas con "la tribulación de aquellos días". Tal vez la totalidad de sus dos listas está todavía por cumplirse, en una vasta escala cósmica, cuando Dios misericordiosamente trate de llamar la atención de los habitantes de la tierra al inminente regreso de Cristo.

También es posible que las listas de Jesús y San Juan sean sencillamente diferentes presentaciones de la misma información que nos da Joel.

En el Sermón profético Cristo no está ansioso de darnos una cantidad de señales de los últimos días. La evidencia de que ya disponemos es abrumadora. El terremoto de Lisboa de 1755, el día oscuro del 19 de mayo de 1780, y la lluvia de estrellas de noviembre de 1833 fueron todos ellos acontecimientos notables. Como serie, aparecieron en el orden correcto y en el momento apropiado. Acontecieron donde vivía gente que podía comprenderlos adecuadamente. Estimularon una profunda reflexión. Desempeñaron un papel destacado al alertar a los que tenían "oídos para oír" en cuanto al comienzo del juicio final y la llegada del fin del tiempo. "Dichosos los que aun no viendo creen" (S. Juan 20: 29).