¿Es el santuario celestial realmente un edificio?

 

La descripción que nos hace San Juan del trono de Dios en el cielo es brillante y vívida; a pesar de ello algunos comentaristas de las Escrituras han enseñado que el santuario celestial no es en realidad un edificio. Citan Apocalipsis 21: 22 donde se nos dice que el templo de la Nueva Jerusalén es "el Señor, Dios Todopoderoso, y el Cordero". También mencionan a un escritor judío del primer siglo de nuestra era, llamado Filón, quien se refería a las cosas celestiales de tal manera que negaba su existencia real excepto en el ámbito de las ideas o los pensamientos. Han supuesto que los escritores de Hebreos y el Apocalipsis, en el Nuevo Testamento, estuvieron bajo la influencia del pensamiento de Filón. Afirman que cuando Hebreos y el Apocalipsis hablan de un santuario celestial, se refieren a un mero concepto mental que existe, tal como lo dice Filón, sólo en la esfera del pensamiento.

Por más populares que hayan sido para algunos prominentes eruditos y sus discípulos los argumentos basados en las enseñanzas de Filón, en años recientes Ronald Williamson y D. McNichol han hecho frente a sus eruditos argumentos con otros tan eruditos como los de ellos, y han demostrado que la epístola a los Hebreos con toda seguridad no sufrió la influencia del pensamiento de Filón. Williamson dice al concluir su magistral obra que hay diferencias "notables y fundamentales" entre Filón y Hebreos, y añade: "En aspectos fundamentales como el tiempo, la historia, la escatología, la naturaleza del mundo natural, etc., los pensamientos de Filón y los del autor de la epístola a los Hebreos están tan separados como los dos polos".

Uno se pregunta qué motivos pudieron haber tenido en primer lugar esos otros eruditos para presentar a Hebreos como un mero eco de Filón.

En cuanto a Apocalipsis 21: 22, donde se nos dice que el templo de la Nueva Jerusalén es "el Señor, Dios Todopoderoso, y el Cordero", deberíamos tomar nota que eso aparece hacia el fin del Apocalipsis, después de que San Juan vio el santuario celestial y sus enseres varias veces. (Véase, por ejemplo, Apocalipsis 4: 1-5; 8: 3; 11: 1, 19; 15: S, 8.) El templo divino, o santuario celestial, es necesario durante la emergencia del pecado. Pero evidentemente no será necesario en su actual forma una vez que el problema del pecado haya sido convenientemente solucionado. Podríamos decir que Dios se va a dedicar a un sublime proyecto de reurbanización celestial, como resultado del cual desaparecerá el actual santuario celestial y se dedicará el espacio correspondiente a algún otro propósito. Sabemos que tendremos un cielo nuevo y una tierra nueva en lugar de los viejos, que tenemos ahora. (Véase Apocalipsis 21: 1.) Evidentemente tendremos algo nuevo también en lugar del santuario celestial que existe actualmente.

Varias evidencias nos animan a creer que el santuario que está ahora en funcionamiento es en realidad un edificio.

1. Hebreos 8: 2 nos habla enfáticamente "de la Tienda verdadera, erigida por el Señor, no por un hombre". Esta tienda verdadera, o santuario celestial, es el lugar donde Jesús ministra ahora, y Jesús es un ser humano. No es un espíritu intangible. Después de su resurrección invitó a sus discípulos a que lo tocaran. "Palpadme y ved -les dijo- que un espíritu no tiene carne y huesos como véis que yo tengo" (S. Lucas 24: 39).

Un ser humano dotado de un cuerpo real, necesita de un edificio real para poder llevar a cabo sus tareas.

2. Dios es el Creador. Es el único Creador, la única Persona que ha traído alguna vez algo a la existencia. Es la única Persona que realmente ha hecho algo. (Todo lo que el resto de nosotros puede hacer es modificar la forma de lo que El ha hecho.) Dios creó nuestra tierra. Hizo las estrellas. Creó las galaxias. Hizo la Nueva Jerusalén, "la ciudad… cuyo arquitecto y constructor es Dios" (Hebreos 11: 10). No habría sido difícil para El crear un santuario celestial real. Eso habría estado totalmente de acuerdo con su manera de ser.

3. La inauguración del juicio final descrita en Daniel 7: 9-14 está presentada en lenguaje literal. Se instalan tronos, se abren libros de alguna clase, el Hijo del hombre comparece. Esta descripción presupone una ubicación real.

4. El santuario debe de ser muy grande y muy glorioso. En Daniel 7: 9-14 vemos al Hijo del hombre que viaja hacia él "en las nubes del cielo". Las nubes siempre son "de" algo: de polvo, de langostas, de gotas de agua, por ejemplo. En este caso es muy posible que estén compuestas por ángeles leales. Además, "millares de millares" de otros ángeles rodean al trono de Dios. (Véase Apocalipsis 5: 11.) El santuario celestial no puede ser pequeño.

5. Pero ciertas alusiones al santuario celestial parecerían referirse a un edificio pequeño, muy parecido al tabernáculo o tienda terrenal, tanto en tamaño como en forma. En Exodo 25: 40 se instruye a Moisés para que construya la tienda y sus muebles "según los modelos que te han sido mostrados en el monte". En la Septuaginta (LXX, Versión de los Setenta), la traducción del Antiguo Testamento al griego, las palabras "modelo" o "modelos" que aparecen en Exodo 25: 40 y en Hebreos 8: 5, que es una cita de este pasaje, es tupos, es decir, "tipo". Desde los días de lefevre d'Etaples (c. 1450-1537)8 algunos comentaristas han creído descubrir en estas palabras una posible referencia a una maqueta del santuario, un "tipo" del santuario verdadero ubicado en el cielo. Estas palabras admiten la posibilidad de que Dios haya creado una especie de maqueta (modelo a escala reducida que hacen los arquitectos) en el cielo, para que Moisés la estudiara y construyera sobre esa base su propio tabernáculo o tienda. Esa maqueta podría haber tenido una función adicional al ayudar a los seres inteligentes de otras partes del universo a llegar a conocer el santuario terrenal, sus funciones y su mensaje. Un escritor reciente que ha comentado esta posibilidad es Richard Davidson, quien en su tesis doctoral escribió acerca de la "Tipología en las Escrituras".

Pero, ya sea que estemos o no en lo correcto al hablar de una maqueta en el cielo, la existencia de un edificio real para el santuario del cielo, vasto y glorioso, parece muy razonable en vista de las numerosas visiones que tuvo de él San Juan, de las referencias literales que hace Daniel acerca de él en el capítulo 7 de su libro, de las claras afirmaciones que encontramos en Hebreos 8 y 9, de la capacidad indiscutible que tiene Dios de crear cosas, y de la realidad del cuerpo humano de Cristo.

William Johnsson, en otro estudio reciente acerca de este asunto, demuestra que la epístola a los Hebreos promueve la fe en "una divinidad real, una humanidad real, un sacerdocio real, un acceso real [a Dios] y, de acuerdo con todo esto, un santuario celestial rea/". Podemos estar seguros de que el Apocalipsis también nos presenta un santuario celestial real.