El altar del holocausto, con su sangre derramada, representa la gran verdad evangélica de la expiación del pecado por medio del sacrificio vicario de Cristo (Isa. 53: 4-7, 10; Hech. 20: 28; Efe, 1: 5-7; Heb. 13: 10-12; 1 Ped. 1: 18, 19; Apoc. 5: 9). La misma posición de este altar, junto a la puerta del atrio, indica que la primera necesidad del pecador es que sus pecados sean lavados por la sangre de Cristo (ver Heb. 9: 13, 14; 1 Juan 1: 7; Apoc. 7: 14), y que hasta que se haya hecho eso, no debe ni siquiera adorar a Dios, ni aun entrar en su presencia (Heb. 9: 22). El altar era testigo de la culpa del hombre y de su necesidad de expiación y reconciliación; luego le aseguraba que esto ya se había logrado (Juan 1: 29; Rom.5: 10; 2 Cor. 5: 18, 19; Col. 1: 20).

 

 

El Altar del Sacrificio

 

En hebreo, "el altar". Este altar tenía unos 2, 22 m de lado por 1, 33 m de alto (7,4 x 4,5 pies). Los antiguos templos generalmente estaban rodeados de lugares descampados donde se ofrecían los sacrificios y donde el humo podía elevarse libremente. Así como al hablar del tabernáculo propiamente dicho, los muebles fueron descritos primero, también la descripción del atrio comienza por el altar. Era más una armazón de altar que un altar (vers. 8). Los antiguos altares solían ser cuadrados, como el que se describe aquí (ver 2 Crón. 4: 1), o redondos.

 

Los Cuernos

Estos sobresalían de las cuatro esquinas superiores del altar. Las palabras "parte del mismo" indican que los cuernos formaban parte del altar y no eran añadidos. El sacerdote debía tocar esos cuernos con el dedo ensangrentado con la sangre del sacrificio por el pecado (Exo. 29: 12; Lev. 8: 15; 9: 9; 16: 18). Algunas veces se ataban a estos cuernos los animales que iban a ser sacrificados (Sal. 118: 27). El criminal en busca de refugio podía asirse de ellos (1 Rey. 1: 50, 51; 2: 28).
La palabra qéren, "cuerno", designaba originalmente al cuerno de un animal (Deut. 33: 17). Por cuanto un animal con cuernos generalmente los usa para atacar a otros animales, los cuernos llegaron a ser símbolo de fuerza o poder (1 Sam. 2: 1, 10; Sal. 75: 10; 112: 9; etc.). Con este sentido David se refiere a Dios como "cuerno de mi salud" (2 Sam. 22: 3; Sal. 18: 2; Luc. 1: 69 Val. ant.). La palabra "cuerno" puede también simbolizar la fuerza y el poder del pueblo escogido de Dios (Sal. 148: 14; Eze. 29: 21; etc. Val. ant.). Por esto, el "cuerno" llegó a ser símbolo de poderío nacional y en este sentido es usado con frecuencia por los profetas (Jer. 48: 25 BJ; Dan. 8: 3; 7: 11; Apoc. 12: 3; etc.).

Los Calderos

Las "paletas" servían para sacar las cenizas del altar y para ponerlas en los "calderos". Los "tazones" eran vasos que recibían la sangre de los sacrificios y desde los cuales se la vertía sobre el altar. Los "garfios" eran una especie de tridente (1 Sam. 2: 13), usados para acomodar los pedazos cortados del sacrificio sobre el altar. Los "braseros" servían para sacar las brasas ardientes del altar.