Más sobre los 2 testigos de Apocalipsis 11

¿Quiénes son los "dos testigos" y de qué manera envían "plagas"? Inmediatamente después que San Juan recibió la orden de medir el templo, su altar y los adoradores, se le dio la siguiente instrucción: "El patio exterior del Santuario déjalo aparte, no lo midas, porque ha sido entregado a los gentiles, que pisotearán la Ciudad Santa cuarenta y dos meses". (En cuanto a los "gentiles" -naciones- ubicados en "el patio exterior", véase la pregunta 3.) Dios añadió: "Haré que mis dos testigos profeticen durante mil doscientos sesenta días, cubiertos de saco" (Apocalipsis 11: 2, 3).

Si nos quedaba alguna duda de que el librito del capítulo 10 era ciertamente el libro de Daniel, seguramente estos versículos la han eliminado por completo. El libro está abierto y en seguida se llama la atención en San Juan a las profecías relativas a tiempo que aparecen en Daniel 7 y 8.

En Daniel 7 encontramos la profecía de los 1.260 días que tiene que ver con una institución que blasfemaría, perseguiría e intentaría cambiar la Ley de Dios. En Daniel 8 descubrimos una profecía paralela, la de los 2.300 días, acerca de una institución que "pisotearía" el "santuario" y el "ejército".

A San Juan se le dijo que los "dos testigos" de Dios "profetizarían" durante 1.260 días "cubiertos de saco". Los habitantes de Nínive se vistieron de saco cuando Jonás los instó a arrepentirse. (Véase Jonás 3: 6-9.) Daniel también se vistió de saco mientras oraba con todo fervor. (Véase Daniel 9: 3.) Es evidente que los dos testigos tenían que predicar con fervor para llamar al arrepentimiento. Su mensaje no sería popular. La gente que los escuchara se sentiría "atormentada" por ellos. (Véase Apocalipsis 11: 10.) Los resistirían y se opondrían a ellos a lo largo de los 1.260 días, pero en todo momento Dios estuvo listo para intervenir. En su visión, San Juan observaba a los dos testigos y vio que "si alguien pretendiera hacerles mal, saldría fuego de su boca y devoraría a sus enemigos". Vio también que tenían la facultad de impedir que "lloviera", para convertir las "aguas" en "sangre", y "herir la tierra con toda clase de plagas" (Apocalipsis 11: 5, 6).

¿Quiénes son estos dos misteriosos testigos? Hemos supuesto que se trata del Antiguo y el Nuevo Testamento, que en conjunto constituyen toda la Escritura.

En el versículo 4 San Juan dice que son "los dos olivos" y "los dos candeleros". Esta forma de expresarse, como mucho de lo que aparece en el Apocalipsis, está extraída y adaptada del Antiguo Testamento. El profeta Zacarías se refiere a "dos olivos" que están a la "derecha" ya la "izquierda" de cierto "candelero" (Zacarías 4: 2, 3).

Pero Zacarías tenía un solo candelero (que en el capítulo 4: 6 se dice representa al Espíritu Santo), y sus olivos evidentemente simbolizaban a Josué y a Zorobabel, los dirigentes secular y espiritual de Israel de aquel entonces. Ni Josué ni Zorobabel, hasta donde sepamos, impidieron que cayera lluvia o enviaron plagas. No podemos equiparar muy bien los dos testigos de San Juan con los olivos de Zacarías.

Por otra parte, sabemos que Elías, un profeta del Antiguo Testamento (a quien en ninguna parte se le da el nombre de olivo), efectivamente "cerró" el cielo, impidió que cayera "lluvia" y produjo una hambruna que duró tres años y medio (1 Reyes 17: 1-7; S. Lucas 4: 25) que corresponden, tal vez, con los "tres días y medio" de Apocalipsis 11: 11. Después Elías pidió que "fuego" del cielo consumiera las unidades militares enviadas a apresarlo. (Véase 2 Reyes 1.) Sabemos también que Moisés (a quien tampoco el Antiguo Testamento en ninguna parte le da el nombre de olivo) fue el instrumento de Dios para convertir en sangre el "agua" del Nilo, y para traer una "plaga" tras otra sobre Egipto. (Véase Exodo 7- 12.) Sabemos, además, que Elías y Moisés aparecieron juntos, con Jesús, en el Monte de la Transfiguración. (Véase S. Mateo 17: 1-8.) Por eso algunos estudiosos de las Escrituras han supuesto que los dos testigos son Moisés y Elías, literalmente vueltos a la vida al final de 1.260 días literales.

Pero aquí se trata de símbolos y quizá de vez en cuando incluso sólo de impresiones. Las expresiones simbólicas e impresionistas señalan algo que está más allá de ellas mismas. los 1.260 días son 1.260 años. En un libro como el Apocalipsis, lo último que podemos esperar es que los dos testigos representen a dos profetas literales.

Entonces, ¿quiénes son los dos testigos? Un testigo es alguien que da testimonio acerca de algo. la palabra testigo, y la expresión dar testimonio, cuando aparecen en el Nuevo Testamento, provienen de palabras griegas relacionadas con marturéo, de la cual deriva también nuestra palabra "mártir". Un mártir es una persona que mediante su vida y su muerte da testimonio de su fe en Dios.

En S. Juan 5: 39 Jesús dice: 1) con respecto a las Escrituras del Antiguo Testamento "ellas son las que dan testimonio de mí". Y en su Sermón profético dijo: 2) "Se proclamará esta Buena Nueva del Reino en el mundo entero, para dar testimonio a todas las naciones" (S. Mateo 24: 14).

El Antiguo Testamento contiene el testimonio de los profetas. El Nuevo Testamento contiene el testimonio de los primeros predicadores del Evangelio. Cuando Jesús dijo que el Antiguo Testamento daba testimonio de El, el Nuevo no había sido escrito todavía. Pero cuando San Juan estaba escribiendo Apocalipsis 11, el Nuevo Testamento estaba casi completo. Por eso, en el tiempo de San Juan, tanto las Escrituras del Nuevo Testamento como las del Antiguo estaban listas para dar testimonio de Cristo durante los 1.260 años venideros. San Juan dice que los dos testigos eran "olivos" y "candeleros". En la antigüe dad el aceite de oliva era el principal combustible para las lámparas. "Lámpara es a mis pies tu Palabra, y lumbrera a mi camino", dice Salmos 119: 105 en la versión Reina-Valera, y usa las lámparas que iluminaban con aceite de oliva para simbolizar las Escrituras. "Al abrirse, tus palabras iluminan dando inteligencia", dice Salmos 119: 130. Los dos testigos que vio San Juan reciben el nombre de olivos y candeleros porque el Antiguo y el Nuevo Testamento son nuestra principal fuente de luz espiritual.

Visto de este modo, Moisés y Elías -sí, y todos los otros profetas del Antiguo Testamento- están incluidos en el primero de estos dos testigos. Incluidos en el segundo se encuentran todos los autores del Nuevo Testamento. Llegamos a la conclusión, entonces, de que los "dos testigos" son el Antiguo y el Nuevo Testamento o, considerados en conjunto, lo que hoy llamamos las Sagradas Escrituras.

¿Cómo podemos decir, entonces, que el Antiguo y el Nuevo Testamento han tenido poder para enviar plagas? Una respuesta a esta pregunta se encuentra en Apocalipsis 22: 18, donde se nos advierte que "si alguno añade algo a esto, Dios echará sobre él las plagas que se describen en este libro [con referencia a las profecías del Apocalipsis]".

El significado de esto es sencillamente que si distorsionamos o nos oponemos al mensaje del amor de Dios que se encuentra en el Apocalipsis, enviado al mundo por el Cordero de Dios que murió para que pudiéramos tener vida, descartamos la protección especial que la obediencia y la fe están destinadas a proporcionarnos. Como resultado de nuestra falta de respeto por la Palabra de Dios, las plagas pueden caer sobre nosotros tan ciertamente como sobre el más obstinado de los paganos, no importa quién pueda ser ese desventurado. Ya hemos visto en nuestro estudio de Apocalipsis 8 y 9 cómo los juicios (castigos) implícitos en las siete trompetas ciertamente cayeron tanto sobre judíos como sobre cristianos y musulmanes que no le dieron importancia al verdadero significado de la Palabra de Dios.

Durante los 1.260 años la gente que despreció la luz de las Escrituras y desvirtuó su verdad a veces tuvo que sufrir gravemente. Ya vimos cuando estudiamos la iglesia de "Tiatira" cómo Europa Occidental fue arrojada en "un lecho de dolor" y tuvo que experimentar en forma intermitente las terribles epidemias de la plaga o muerte negra. y al hablar del hambre, si tomamos en consideración los 78 años que van de 970 a 1048 como ejemplo, nos enteramos que un increíble período de 48 años de ese total fueron años de hambre. Imagínese cuánto sufrimiento humano hubo entonces.

Al no prestar atención al amable jinete del caballo blanco, que aparece en las Escrituras, al mundo cristiano no le quedaba otra cosa sino enfrentar a los tres terribles jinetes de la guerra, el hambre y la peste. Las sociedades que prefirieron ignorar las advertencias de las primeras trompetas, tuvieron que experimentar los "ayes" de las últimas. En este sentido, los dos testigos (o sea, las Escrituras) enviaron sus plagas.