Los Judíos y el Cuerno Pequeño

Entre los expositores judíos medievales, Jefet ibn Alí (siglo X) pensaba que los diez cuernos eran romanos, pero conjeturaba que el cuerno pequeño era el mahometismo. Por el contrario, Don Isaac Abrabanel (1437-1508), brillante ministro de finanzas en los días de Fernando e Isabel de España, después de haber ubicado a Roma como el cuarto poder mundial de Dan. 7, declaraba del cuerno pequeño: Por lo tanto, he llegado a la íntima conclusión de que el cuerno pequeño era el gobierno del papa (Fuentes de salvación, fuente 8, palmera 9).

Las conclusiones de la Reforma son cada vez más exactas.

John Wyclef, profesor de Oxford anterior a la Reforma (m. 1384), identificaba el cuerno pequeño con el papado que surgió en medio de los reinos simbolizados por los diez cuernos. Explícitamente declaró: "Pues así nuestros clérigos se figuran al señor papa". Lutero y Melanchton no veían con tanta claridad si el cuerno pequeño era la Roma papal o el mahometismo. Pero Virgilio Solis de Nuremberg (m. por 1567) claramente designó al papado como la bestia triplemente (coronada, en su magnífico comentario ilustrado. Después viene toda una sucesión de expositores en Alemania y Suiza, que interpretan lo mismo. Estos llenan la segunda mitad de siglo XVI. Lo mismo sucedió en Gran Bretaña, a partir de Tyndale, en 1529. En ese momento la identificación del papado con el cuerno pequeño era virtualmente unánime entre los protestantes. El primer sermón de Knox, en 1547, fue una notable exposición de Dan. 7, de acuerdo con la Reforma. En ella nombraba a los cuatro imperios. Presentamos esta declaración:

En cuya destrucción surgió la última bestia, que él [Knox] afirmaba que era la Iglesia Romana; pues con ningún otro poder que jamás haya existido concuerdan todas las características que Dios ha mostrado al profeta (John Knox, The Historie of the Reformatioun of Religioun Within the Realm of Scotland [La historia de la reforma de la religión dentro del reino de Escocia], p. 76).

En ese tiempo era común hacer una lista de los diez cuernos con las naciones de Europa. Joye (m. 1553) da la lista típica de los imperios, de los cuales el Imperio Romano es el cuarto, que a su vez se fragmentó, y se convirtió en "Alemania, Inglaterra, España, Francia", etc. Hay tentativas cada vez más exactas para ubicar el período de los 1.260 años. Benedic Aretius, de Berna, primero lo colocó entre 312 y 1572, y Brocardo, de Italia, de 313 a 1573. Después otros lo ubicaron de 412 a 1672, o de 441 a 1701. El obispo John Jewel, de Inglaterra, sugería que quizá arrancaba de Justiniano, en el siglo VI.

Conflictos de la Contrarreforma y del tiempo posterior a la reforma.

formuló interpretaciones antagónicas, ideadas por los jesuitas Francisco Ribera (m. 159l) y Luis de Alcázar (m. 1613), los cuales procuraron restringir el anticristo a un solo individuo en vez de un sistema, individuo que dominaría durante 1.260 días literales en vez de 1.260 años. Para Ribera el anticristo era un futuro judío incrédulo, no un cristiano, que reinaría en Jerusalén y no en Roma. Ribera originó el primer contraataque católico que se convirtió en la posición católica típica. Pero entre tanto que Ribera proyectaba el anticristo en el futuro, Alcázar lo alejaba hacia el pasado, convirtiéndolo en un antiguo emperador romano pagano. Ribera fue vigorosamente apoyado en su esfuerzo por el cardenal Roberto Belarmino (m. 1621), quien atacó el principio del "día por año", y redujo el cuerno pequeño de Daniel sólo al rey sirio Antíoco Epífanes, teoría sustentada más de mil años antes por el crítico pagano Porfirio. En los tiempos posteriores a la Reforma, entre 1603 y 1797, aparecieron numerosos expositores en Gran Bretaña, Alemania, Francia y Suiza. La interpretación de Dan. 7, de acuerdo con la escuela histórica -los cuatro imperios, las diez divisiones de Roma, el papado simbolizado por el cuerno pequeño, y la ubicación cada vez más exacta de los 1.260 años- fue predominante. Y esos exégetas incluían a algunos de los varones más ilustres de su tiempo: obispos, reyes, catedráticos universitarios, científicos y teólogos. Para la mayoría de ellos, sin ninguna duda, el papado era el cuerno pequeño.

Es digna de tenerse en cuenta la notable anticipación de Drue Cressener, hecha en 1689. Según él, los 1.260 años terminarían aproximadamente un siglo después, o "poco antes de 1800". Fue el primero que claramente hizo arrancar los 1.260 años desde Justiniano, y esto precisamente en 1689, cien años antes de que estallara la Revolución Francesa en 1789. Esta fue su anticipación: a primera aparición de la bestia fue cuando Justiniano recuperó el Imperio de Occidente, desde cuyo tiempo hasta cerca del año 1800 habrá unos 1.260 años (The Judgments of God Upon the Roman Catholic Church [Los juicios de Dios sobre la iglesia Católica], p. 209).Aun más exacta es una expresión suplementaria que aparece unas pocas páginas después:
Pues si el primer tiempo de la bestia fue cuando Justiniano recuperó la ciudad de Roma, entonces no debe terminar hasta un poco antes del año 1800.

Se reconoce la terminación del período.

La suplantación temporal del gobierno papal, ocurrida en febrero de 1798, cuando el papa Pío VI fue desterrado de Roma (la entrada del mariscal francés Berthier en Roma fue el día 10, el destronamiento de Pío el día 15, y el anciano papa fue sacado de la ciudad el día 20), fue proclamada por los intérpretes de las profecías, en ambos lados del Atlántico, como la terminación obvia de los 1.260 años. Varios escritores reconocieron esto y lo proclamaron como otro progreso trascendental en la interpretación.