Interpretaciones de Daniel 7

en Nueva Inglaterra

Concordando con los expositores del Viejo Mundo posteriores a la Reforma, una cantidad de prominentes escritores, que constituían una firme sucesión de intérpretes de Dan. 7, aparecieron en Nueva Inglaterra, Estados Unidos, a partir del puritano John Cotton, en 1639, hasta el premilenarista Joshua Spalding, en 1796. Entre ellos había presbiterianos, bautistas y otros disidentes. La mayoría eran clérigos, pero varios otros eran rectores de universidades -Harvard, Princeton, Yale y otras- desde Increase Mather hasta Timothy Dwight, en los primeros años del siglo XIX. También se contaban entre ellos gobernadores, un presidente de la corte suprema de Massachusetts, un director general de correos y un secretario de Estado, así como médicos, historiadores, legisladores, educadores, autores y redactores. La petición que presentó Roger Williams al parlamento británico en procura de protección contra la persecución religiosa, estaba basada en el esquema profético de Dan. 7. Entre los expositores coloniales la nota más importante sin duda fue dada en el tiempo de Increase Mather (m. 1723), quien escribió:

Le fue revelado al profeta Daniel que habría cuatro grandes monarquías sucesivas en la tierra. Primero, la babilónico; después la persa; a continuación la griega, y Finalmente la romana. Y que ésta sería dividida en diez reinos; y que entre ellos surgiría un cuerno (o rey) que sería diferente de los otros reyes, a saber, el anticristo. Todo esto se ha cumplido. Pero además se predijo que ese cuerno haría guerra contra los santos y prevalecería sobre ellos, y continuaría durante un tiempo, y tiempos y la mitad de un tiempo, y que después de eso sería destruido; y entonces se darán a CRISTO el dominio, y la gloria, y un reino (Dan. 7:14), para que TODOS los pueblos, las naciones y las lenguas le teman (Discourse Concerning Faith and Fervency in Prayer [Discurso acerca de la fe y el fervor en la oración], p. 19).

Estos hombres designaban al papado, o sea la sucesión de obispos de Roma y sus seguidores, como el cuerno pequeño que surge entre las divisiones de Roma, que nombran con frecuencia. Por ejemplo, William Burnet (m. 1729) presenta la lista de ellos como los visigodos, vándalos, francos, burgundios, hunos, alanos, suevos, hérulos, ostrogodos y lombardos. Presentaba a los hérulos, los ostrogodos y los lombardos como los tres cuernos arrancados. Y en lo que respecta a la fijación del elemento tiempo -los tres tiempos y medio o 1.260 años-, su ubicación iba, según Cotton, de 395 a 1655, y de acuerdo a Joseph Lathrop, de 606 a 1866. De modo que virtualmente concordaron con la interpretación europea del mismo período.

Heraldos del Viejo Mundo reconocen el cumplimiento de los 1.260 años.

La identificación del papado como el cuerno pequeño, hecha por muchos notables expositores europeos del despertar adventista de comienzos del siglo XIX, desde William Hales (1803) hasta E. B. Elliott (1844), fue aún más destacada y uniforme. Entre ellos había presbiterianos, congregacionalistas, bautistas y anglicanos, en Gran Bretaña, y luteranos y otros, en la Europa continental; hombres muy cultos y dirigentes capaces, obispos, decanos, vicarios, teólogos, pastores, catedráticos, redactores, abogados, arquitectos, comentadores, cronólogos, historiadores y un miembro del parlamento. En ese momento se consideró como confirmada la exposición historicista -o escuela histórica- de Dan. 7. Y la mayoría creía que los 1.260 días o años ya pertenecían a la historia, pues se los ubicaba desde los días de Justiniano hasta la Revolución Francesa. Ese grupo de intérpretes se inclinaba sobre todo a las fechas 533-1793. También hubo quienes procuraron determinar la relación de los 1.290 y 1.335 años (Dan. 12: 11-12) con los 1.260 años que ya habían terminado. Esto hizo que no fueran pocos los que añadieran el excedente de 30 años de los 1.290 (1.260+30= 1.290) y los 45 de los 1.335 años (1.290+45= 1.335), en su búsqueda de la terminación de los 1.335 años.

De esa manera, fueron muchos los que colocaron la terminación de este último período alrededor de 1866, 1867 ó 1868. Y de este modo surgió una posición "continuativa" acerca de los 1.260 años. Es decir, aunque la interpretación inicial quizá fue de 533 a 1793, llegó a afirmarse que podría existir una aplicación secundaria a partir de 606 (en tiempo del emperador Focas) hasta 1866. Esto causó incertidumbre.

Fue tan sólo al producirse este despertar acerca del advenimiento cuando comenzó a ser aceptada entre los protestantes la teoría futurista del anticristo iniciada por Ribera dentro de la corriente de la Contrarreforma católica. Según esta explicación, el anticristo sería un tirano que reinaría en Jerusalén, y no en Roma; que aparecería al fin de los siglos, no durante la Edad Media; que dominaría durante tres años y medio literales o 1.260 días literales, y no durante un período de más de 1.000 años. Esta teoría, primero acogida por Roffey Maitland de Inglaterra, después fue aceptada por James Todd y William Burgh, ambos de Dublín. A partir de ellos y del jesuita chileno Lacunza, lentamente se propagó el futurismo entre algunos premilenaristas europeos. De allí, se trasladó a Norteamérica y hoy se ha transformado en la explicación generalmente aceptada por los fundamentalistas. Pero el área de interés especial y de estudio en el campo de la profecía se había desplazado de Dan. 7 -con sus escenas del juicio final- a Dan. 8, el cual se examinará más adelante.