La Bestia que sube del mar

Dr. Alberto Treiyer
Teólogo

El reino de Cristo y el reino de Satanás se diferencian en varios respectos. Uno de ellos tiene que ver con la proyección que revelan. Mientras que el de Satanás busca “subir” y debe por ello bajar, esto es, “caer”, el reino de Cristo baja primero (se humilla), y luego es elevado, exaltado. La mirada de la gente se dirige hacia el Creador en el reino de Dios, mientras que en el reino del dragón se dirije hacia las criaturas, deformadas por el pecado al punto de ser representadas por una bestia que ni existe en la naturaleza. Es una amalgama de leopardo, oso y león (Apoc 13:2).

1. El reino de la autoexaltación
Las bestias apocalípticas provienen de abajo y buscan la exaltación propia. “Suben del mar” (Dan 7:3; 13:1), “de la tierra” (Apoc 13:11), “del abismo” (Apoc 11:7). Independientemente del simbolismo expresado, en todos los casos se trata de reinos “que se levantan sobre la tierra” (Dan 7:17). Incluso los tres espíritus inmundos que se dirigen al final a los gobernantes de toda la tierra para engañarlos, se los compara con ranas que saltan hacia arriba para luego caer, sin poder despegar (Apoc 16:13-14).

a) Se dice del anticristo medieval que “se engrandeció hasta el ejército del cielo” y “contra el Príncipe” del cielo, procurando echar “por tierra” su obra en el santuario celestial (Dan 8:10-12).

b) El “cuerno pequeño” que representa a la Roma papal sube de entre los otros cuernos (o reinos europeos) y hace caer a tres de ellos, revelando un carácter blasfemo y arrogante (Dan 7:8,20; Apoc 13:1úp,5-6; 17:3).

c) “Se ensoberbecerá y se exaltará sobre todo dios”, “se exaltará sobre todo” (Dan 11:36,39).

d) Exige ser adorada (Apoc 13:4,8,12,15).

e) “Se opondrá y exaltará contra todo lo que se llama Dios”. ¿Cómo? “Se sienta en el templo de Dios, haciéndose pasar por Dios” (2 Tes 2:4).

2. Recibe su autoridad del dragón
Roma fue el epicentro de la obra destructiva de Satanás en los primeros siglos de la era cristiana. Aunque él no gobierna en forma directa, lo hace a través de quienes puede seducir. Jesús lo identificó como “principe de este mundo”, ya que logra proyectar sus propios atributos crueles en los que gobiernan sobre la tierra. Fue a través de la Roma pagana, en efecto, que el diablo procuró dar muerte al Hijo de Dios (Apoc 12:4).

Así, la figura del dragón pasa a tener un doble significado. Por un lado a Satanás (Apoc 12:9), y por el otro al imperio sobre el cual ejerce su poder destructor. Unos séis siglos después, el dragón (imperio romano), iba a darle su dominio. “El dragón le dio su poder, su trono y gran autoridad” (Apoc 13:2). Si al hecho de que se sentaría en Roma (véase también Apoc 17:9)—el cuartel general del príncipe de este mundo—se le agrega el hecho de que se sentaría también sobre el templo de Dios (la iglesia cristiana: 2 Tes 2:4), no queda duda alguna sobre su identificación: el papado romano.

Lo que más resalta en la descripción de la bestia que sube del mar, es la combinación de autoridad político-religiosa que se autoabribuye o que recibe del dragón, y su carácter intolerante que asume desde entonces.

“Al mismo tiempo que el papa se apresta a asumir el puesto que antaño ocupaba el emperador, a causa de su prestigio y su influencia en todo el Occidente, la Iglesia se arroga la dirección espiritual y cultural de los estados nacionales nacidos en el marco del imperio... La autoridad pasa de la esfera temporal a la espiritual, y se hace teocrática”, J. Pirenne, His. Univ. (Barcelona, 1961), I, 460.

“Una vez triunfante, la iglesia cesó de predicar la tolerancia... Debido a que la iglesia y el estado estaban ahora unidos, la rebelión fue contra ambos”, W. Duran, The Age of Faith (NY, 1950), 46.

“En esta hora que marca para ella [Roma] el fin de los tiempos antiguos, [la ciudad] estaba tomando el aspecto que iba a mantener durante toda la Edad Media y, sobre las ruinas de los palacios de los césares, se estaba levantando la autoridad de los papas”, Diehl, Justinien et la Civilisation Byzantine (Paris, 1901), 608.

El papa se arroga, de allí en más, la potestas auctoritas, y concede a los estados o reinos políticos ejercer únicamente el potestas para ejecutar lo que se les ordena por la auctoritas exclusiva del papado.

3. Tiempo y extensión de autoridad
“Y le fue dada autoridad de obrar durante 42 meses” (Apoc 13:5). “También se le dio autoridad sobre toda tribu y pueblo, lengua y nación” (v. 7).

¿Autoridad para qué? Para perseguir a los que no aceptarían su autoridad religiosa que pretende asumir en lugar de Dios (v. 7). Pero, ¿a qué clase de autoridad se refiere, religiosa o estatal? No podría perseguir por sí mismo a los que rechazasen su autoridad religiosa, sino por el recurso a la autoridad estatal. “Si alguno ha de morir a espada, a espada morirá” (Apoc 13:10). Esta es, en efecto, una referencia directa a la autoridad estatal que usa la espada para mantener el orden (Rom 13:1-4).

Al emperador romano de oriente, Justiniano, se lo reconoce como “quien más eficientemente preparará de derecho como de hecho, el poder temporal del pontífice romano”, Dictionnaire de Theologie Catholique (1934), XII, coll. 2.672. Desde la perspectiva estatal, se comprometió mediante un decreto en 533, a “incrementar el honor y la autoridad” de la sede papal, sujetando a todo el mundo religioso bajo “Su Santidad”, uno de los títulos blasfemos que caracterizaría al papado en todo su período de dominación (véase Apoc 15:4). Esto lo pudo ejercer en 538 cuando con su ejército logró liberar al papado de la autoridad o dominación arriana que había conquistado Roma.

1260 años después (42 meses de años), la Asamblea Nacional Francesa descristianiza a Francia y mediante un decreto le quita toda autoridad al pontificado romano, algo que cumplirá literalmente cuando el ejército de Napoleón conquista Roma en 1798, y le retira su respaldo estatal, llevándolo prisionero para morir bajo el ejercicio de esa autoridad estatal. El general Bertier que condujo el ejército francés se expresó de la siguiente manera: “toda otra autoridad temporal que emane del antiguo gobierno del papa es suprimida y no debe ejercer más ninguna función”, cf. R. Duppa, A Brief Account of the Subversion of the Papal Government, 1798 (London, 1799), 53.

“El papado estaba extinto: ningún vestigio de su existencia permanecía; y entre todos los poderes católico-romanos ningún dedo fue puesto en movimiento en su defensa. La Ciudad Eterna no tenía más príncip o pontífice; su obispo era un cautivo moribundo en tierras extrañas; y el decreto se había ya anunciado de que ningún sucesor se permitiría en su lugar”, G. Trevor, Rome: From the Fall of the Western Empire (London, The Religious Tract Society, 1868), 440). “La mitad de Europa pensaba [que]... el papado estaba muerto”, J. Rickaby, “The Modern Papacy”, en Lectures on the History of Religions (Catholic Truth Society, London, 1910), III, lecture 24, 1.

4. Paciencia y fidelidad requerida de los santos
Hay veces en que de nada sirve ir a exponerse al rugido del cañón, y la lucha debe llevársela a cabo no mediante hechos intempestivos y de arrojo, sino mediante paciente perseverancia. Cuando la oposición se multiplica y el poder y la autoridad humanas se levantan para aplastar a los que quieren ser fieles al mensaje divino, a la autoridad que proviene de arriba, es cuando más se requiere paciencia de los que sufren la opresión y la injusticia. Esa paciencia no significa quietud o sumisión a la autoridad humana por encima de la divina. Es una paciencia perseverante, que sigue actuando con una fidelidad inquebrantable que ningún poder del mundo podrá remover. Esa fidelidad y paciencia no se obtienen ni se adquieren sino ante la tribulación, las pruebas y angustias por la que los hijos de Dios son probados (Rom 5:3).

Son tres las tribulaciones básicas que el pueblo de Dios sufre bajo el poder romano. La primera se dio bajo la autoridad pagana de Roma (Apoc 1:9). La segunda bajo la autoridad papal del medioevo (Apoc 6:9-10; 13:5,7,10). La tercera y última se ve venir ya desde el horizonte bajo la autoridad resucitada del papado confederado con todas las iglesias cristianas y religiones del mundo. A través de esa confederación espera recibir el reconocimiento católico, esto es, “universal”, por el que siempre luchó (Apoc 13:3úp; 14:12). Ese reconocimiento se lo dará “el mundo entero” (Apoc 13:3), aunque no todos estén convertidos a la fe católica, al aceptar la imposición de un día religioso que honra al papado por encima de Dios (Apoc 13:14-18)

Conclusión
Pruebas y oposición se han dado siempre. Aunque vivimos en un período de libertad que, en la historia humana es como un notable oasis, no significa que las luchas hayan cesado del todo. La mejor manera que tenemos para prepararnos para la batalla final es manteniéndonos firmes en la fe que Dios nos ha dado en medio de las incomprensiones y pruebas de cada día. Anclados en la Palabra de Dios y creyendo en sus promesas, poniéndola a prueba en las pequeñas luchas de cada día, adquiriremos la fortaleza necesaria para cuando llegue el aluvión final. Entonces podremos levantarnos para recibir nuestra herencia, y disfrutar del reposo divino eternamente y para siempre.