Daniel 9 y el Rol del Mesías


Pr. Angel Manuel Rodríguez
Doctor en Teología

 

Dos personajes importantes realizan en Daniel 9 una obra similar de intercesión y mediación: Daniel y el Mesías venidero. El capítulo, como un todo, trata el problema del pecado, la necesidad de eliminarlo, y el importante papel de un Mediador entre Dios y la humanidad para reconciliarlos. La obra de los mediadores humanos es un pálido reflejo del papel del Mesías y, por lo tanto, su mediación tiene serias limitaciones. Sin embargo, un estudio de la oración de Daniel ilustra la naturaleza de la mediación profética, que halla su más profundo cumplimiento en Cristo.

El papel de Daniel como intercesor
La oración de Daniel expresa sus sentimientos más profundos por su pueblo, por la seriedad de sus pecados, y por su Dios. Notamos la angustia de su alma mientras ora; pero al mismo tiempo observamos esperanza, basada en su conocimiento del Dios de .Israel como una Deidad amorosa y perdonadora. Así que Daniel se acerca a Dios con plena confianza. Al hacerlo nos muestra algunas características fundamentales de un mediador profético, una función que apunta hacia el Mesías venidero.

1. Súplicas por otros. Un mediador/intercesor busca el beneficio de los demás. Daniel ora en favor del pueblo y sus líderes en Jerusalén, Judá y todo otro lugar (Dan. 9:7). Sus condiciones espirituales y sociales hacen necesaria -e incluso indispensable - la intervención de Dios en sus vidas e historia. El profeta se halla solo ante el Señor como representante del pueblo, expresando su extrema necesidad. Jesús también intercede por los demás, no por sí mismo: "Por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos" (Heb. 7:25).

2. Se identifica con los pecadores. Daniel no sólo confesó el pecado de los reyes, los príncipes y los padres, sino que se incluyó él mismo entre los pecadores. "Oh Jehová... contra ti pecamos" (Dan. 9:8); "contra él nos hemos rebelado" (vers. 9); "no obedecimos a la voz de Jehová nuestro Dios" (vers. 10). Pero su identificación con los pecadores está basada en el hecho de que él es un pecador que necesita perdón. En el caso de Cristo encontramos una diferencia radical entre su mediación y la de los profetas. Cristo no cometió pecado (Heb. 4:15) y, por lo tanto, no tuvo necesidad de confesar pecados personales u ofrecer sacrificios de perdón individual (Heb. 7:26, 27). Sin embargo, él se identificó de manera sin igual con los pecadores: "Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él (2 Cor. 5:21).

3. Reconoce la justicia y el amor de Dios. El mediador no sólo representa al pueblo ante Dios, sino también a Dios ante el pueblo. Daniel describe al Señor en su oración intercesora como justo y misericordioso (Dan. 9:7, 18). Él reconoce el pecado del pueblo y al mismo tiempo proclama que Dios es justo en su juicio contra ellos. Fue en la cruz de Cristo donde Dios se reveló a sí .mismo como justo al condenar el pecado y perdonar a los pecadores: "A quien Dios puso como propiciación... con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús" (Rom. 3:25, 26). La justicia y la misericordia de Dios quedaron expresadas en perfecta armonía a través de la persona y el sacrificio del Mediador mismo.

4. Confianza en la misericordia de Dios. Estrechamente relacionado con lo que acabamos de decir, está el hecho de que Daniel confió completamente en la misericordia de Dios. Él oró: "No elevamos nuestros ruegos ante ti confiados en nuestras justicias, sino en tus muchas misericordias" (Dan. 9:18). Ningún logro humano puede darnos el derecho de aproximarnos a Dios por nuestra cuenta, demandándole que nos conceda lo que necesitamos. No merecemos perdón, pero él nos lo otorga gracias a sus "muchas, misericordias". De hecho, el profeta se dirige a Dios porque sabe que es un Dios amante: "De Jehová nuestro Dios es el tener misericordia y el perdonar, aunque contra él nos hemos rebelado" (vers. 9). El valor y efectividad de la intercesión y mediación se halla precisamente en el hecho de que Dios está siempre dispuesto a perdonar y busca un canal a través del cual su amor perdonador pueda alcanzarnos. Jesús dijo: "Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?" (Luc. 11:13). Solamente por medio de él (Juan 16:24) podemos acercarnos al Dios amoroso y justo que Cristo nos reveló

El papel del Mesías

La segunda parte de Daniel 9 trata de la venida del Mesías y su obra en favor del pueblo de Dios. Esta es una de las profecías mesiánicas más importantes de la Biblia, no sólo porque describe de manera incomparable el resultado de su obra, sino especialmente por la información detallada que proporciona referente al momento histórico durante el cual aparecería. V eremos primero su obra y sus resultados.

1. Terminar la prevaricación (Dan. 9:24). El verbo "terminar" puede trad ucirse también como "finalizar" o "eliminar". La palabra hebrea traducida como "transgresión" es pesha', posiblemente una de las palabras más importantes para referirse al pecado en el Antiguo Testamento. Esta voz designa un acto criminal que resulta en relaciones quebrantadas, ya sea con la sociedad humana o con Dios. El verbo significa "romper con". Este tipo de pecado afectaba de una manera especial la soberanía de Dios, requiriendo su Juicio o una expresión de su gracia perdonadora.2 "Todo el que comete pesha' no sólo se rebela o protesta contra Yavé sino que rompe con él, y se lleva, roba, o apropia ilícitamente lo que es de Dios. Aunque eso siempre implica una conducta consciente, el término mismo no describe la actitud sino el acto criminal, que consiste en llevarse una posesión o romper una relación".3 Cuando algo quebranta una relación se hace necesario reconciliar a las partes involucradas a Fin de restablecer la armonía social o espiritual. Cristo terminó con el pecado -definido como la ruptura de nuestra relación con Dios- al reconciliarnos con él: "Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo" (2 Cor. 5:19).

2. Poner fin al pecado (Dan. 9:24). El verbo traducido "poner fin" significa literalmente "sellar", pero podría expresar la idea de cerrar con sello, almacenar". Algunos otros pasajes lo usan en conjunción con la palabra "pecado" para indicar que el Señor almacena el pecado hasta el día de la venganza cuando castigará a los pecadores según lo merecen (Deut. 32:34, 35; Ose. 13:12).El acto de sellar los pecados en Daniel no señala un castigo en el futuro distante, más bien "significa que el pecado está perdonado".4 La palabra usada para "pecado" es jatta'th, un término amplio que define al pecado como un "error" o "equivocación". La forma verbal significa "errar el blanco". La raza humana no ha sido capaz de vivir a la altura de las normas divinas pero la visión anuncia que el Mesías se encargará de nuestras fallas. Él tomó nuestro pecado sobre sí, terminando con él: "Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero... y por cuya herida fuisteis sanados" (1 Ped. 2:24). Nuestros pecados fueron, por así decirlo, "sellados", almacenados en la cruz donde se pagó el castigo que merecían sus autores.

3. Expiar la iniquidad (Dan. 9:24). El verbo "expiar" aparece con frecuencia en el libro de Levítico para referirse al proceso por medio del cual el pecado era quitado del pecador y transferido a la víctima del sacrificio, y finalmente al santuario. El pecador arrepentido se retiraba del santuario limpio de su pecado y en armonía restaurada con Dios. Daniel 9 emplea ahora un nuevo término para pecado: "iniquidad" (Heb. 'awon), expresando la idea de pecado como una acción torcida o una perversión de lo que es correcto. Cristo se encargó del pecado en todas sus formas y los expió para nuestro beneficio: "Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino por los de todo el inundo" (1 Juan 2:2). "Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él" (1 Juan 3:5).

4. Traer la justicia perdurable (Dan. 9:24). La justicia traída por el Mesías fue permanente y definitiva. La palabra hebrea traducida aquí como "justicia" es tsedeq, que significa "rectitud", lo que es correcto" (Lev. 19:36); la cosa correcta, lo que es honesto" (Prov. 8:8; 12:17); "equidad", "lealtad con el prójimo" (Lev.19:15); "salvación" (e.g., Sal. 119:123). Designa un estado de orden social y religioso divinamente establecido que podía ser interrumpido por el pecado, haciendo necesario que Dios lo restaurara por medio de juicio, purificación y lo perdón. El Mesías traería la justicia perdurable en el sentido de que a través de él Dios le devolvería el orden social, religioso y cósmico a un mundo lleno de pecado y desorden. Él lograría esta meta particular a través de un juicio salvador y punitivo (Isa. 11:4, 5), y por medio de la purificación y el perdón (Isa. 53:11, 12).

Jesús fue un instrumento de Dios para restaurar el orden en nuestro mundo de pecado haciendo posible para nosotros restablecer una relación apropiada con Dios a través de su propio sacrificio: "Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado... la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él" (Rom. 3:21, 22). Este restablecimiento personal y cósmico del orden alcanzará su consumación cuando Dios establezca su reino eterno en nuestro planeta. Daniel 9:24 introduce esta justicia -que trae salvación y purificación - y Daniel 8:14 la describe alcanzando su consumación durante el Día de la Expiación escatológico.

5. Sellar la visión y la profecía (Dan. 9:24). El acto de sellar la visión y la profecía implica un elemento de determinismo en ella, asegurándonos de esa forma que se cumplirá. Sellar significa autenticar algo o afirmar su carácter genuino. Cuando se la aplica a la profecía, la metáfora significa que la profecía es autenticada cuando lo que se anunciaba halla su cumplimiento en la historia. Entonces la profecía y el profeta mismo quedan vindicados e identificados claramente como instrumentos de Dios. La profecía tratada aquí es la profecía mesiánica de las 70 semanas cuyo cumplimiento no deja dudas de que Dios habló a través de Daniel, y que el resto de sus profecías también se cumplirán. El Nuevo Testamento considera que la venida de Cristo como Mesías fue el cumplimiento de las predicciones proféticas (e.g., Mat. 2:5, 6). Pero las profecías de tiempo también jugaron un papel importante en señalar a Cristo como el Mesías. Por ejemplo, Pablo escribió: "Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley" (Gál. 4A). El énfasis aquí no es tanto en su nacimiento sino en su obra, por medio de la cual llegamos a ser hijos de Dios, un cumplimiento de las profecías mesiánicas.

6. Ungir al santo de los santos (Dan. 9:24). La frase "santo de los santos" "siempre se refiere a lugares u objetos (el tabernáculo o templo, especialmente su parte más interior, además de sus altares, vasos, incienso, sacrificios, etc.)".5 Aquí, la referencia no es al lugar santísimo del santuario, sin embargo, porque en tales casos el artículo acompaña a la frase en hebreo, mientras que en Daniel el artículo está ausente. El término nunca designa a una persona, como por ejemplo el sumo sacerdote. Por lo tanto, la mejor interpretación lingüística es decir que se refiere al santuario/templo y sus objetos sagrados. Éxodo 30:26-29 registra el ungimiento del santuario terrenal en el cual Dios ordenó a Moisés ungir la tienda de la reunión, los muebles, los altares y los utensilios. A través de ese ritual llegaban a ser "santísimos". Daniel también combina el verbo "ungir" y la frase "santo de los santos", indicando que se está refiriendo al ungimiento del santuario celestial, en el cual el Mesías iniciaría su ministerio sacerdotal hacia el final de las 70 semanas. El libro de Hebreos aclara que después de su muerte Cristo ascendió al cielo, entró en el santuario celestial y comenzó su obra de mediación, inaugurando así una vía de acceso a Dios (Dan. 9:12; 10: 19, 20). Allí él fue entronizado como rey y sacerdote.

7. Se quitará la vida al Mesías (Dan. 9:26). Esta es una de las predicciones bíblicas más claras respecto a la muerte del Mesías que sugiere, además, por medio del uso del verbo karat ("eliminar, exterminar"), la naturaleza violenta de esa muerte. En las secciones legales del Pentateuco el verbo designa comúnmente a una persona condenada a muerte.6 Daniel 9:26 podría haber estado en la mente de Cristo cuando, en ocasión del arresto, dijo a sus discípulos: "Mas todo esto sucede, para que se cumplan las Escrituras de los profetas" (Mat. 26:56). O cuando anunció a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén para morir violentamente, pero que en el tercer día resucitaría (Luc. 18:31-33). Pablo probablemente usó esta profecía, entre otras, para demostrar con las Escrituras que Cristo tenía que sufrir y resucitar de los muertos (Hech. 17:3).

8. Hará cesar el sacrificio y la ofrenda (Dan. 9:27). El verbo hebreo traducido corno "cesar" es ("descansar, cesar, parar"), y la forma verbal específica usada por Daniel significa poner fin a, concluir, remover". Esto es un claro anuncio del fin del sistema de sacrificios del Antiguo Testamento. En el plan de Dios ese sistema tenía un papel particular que cumplir, pero con la llegada del Mesías esa función ya no sería necesaria. El sacrificio del siervo del Señor anunciado en Isaías 53 sería el único que podría eliminar el pecado. El Nuevo Testamento consideraba al sistema de sacrificios como una sombra o tipo del sacrificio de Jesús ( Heb. 10:l). Su sacrificio trajo redención, purificación y perdón del pecado, haciendo absolutamente innecesario para nosotros ofrecer cualquier otro sacrificio por nuestros pecados (vers. 14-18). Jesús mismo anunció el fin del sistema de sacrificios cuando le dijo a la mujer samaritana que llegaría el tiempo cuando Dios no sería adorado "ni en este monte ni en Jerusalén" (Juan 4:21).

9. Confirmará el pacto (Dan. 9:27). El verbo gabar ("confírmar") significa "ser superior, fuerte" y prácticamente siempre expresa la idea de superiori dad. "Confirmar el pacto" implica que este pacto es mejor y superior. Es mejor porque no está limitado a algún grupo étnico particular, sino que ha sido hecho con "muchos", es decir, para beneficio de toda la humanidad. Y es firme porque es permanente. En el Nuevo Testamento Jesús hizo un pacto firme que incluyó no sólo a los judíos sino también a los gentiles y, por lo tanto, era de extensión universal (Mat. 26:28). El evangelio debía alcanzar tanto a judíos como a gentiles, porque ambos necesitaban la salvación. El pacto de Dios es ¡irme o fuerte en que no se terminará, porque el Mediador es Cristo, el Hijo de Dios (Heb. 9:15). Su ministerio es superior al levítico por "cuanto es mediador de un mejor pacto" (Heb. 8:6).

Cronología de las 70 semanas
La profecía mesiánica que acabamos de discutir encontraría su cumplimiento dentro de un período de 70 semanas. La información cronológica provista por el texto mismo muestra que las 70 semanas comprenden un período de 490 años (70 x 7 = 490 días/años). El pasaje cita un evento específico que marcaría el inicio del período profético que llevaría a la venida del Mesías.

El decreto. La profecía busca identificar tanto como sea posible el evento histórico que iniciaría el período de 490 años. Es un decreto real que autoriza dos sucesos conectados con la ciudad de Jerusalén: "La orden para res taurar y edificar a Jerusalén" (Dan. 9:25). El segundo verbo, "edificar", enfatiza la idea de una reconstrucción física de la ciudad a fin de hacerla habitable. El verbo "restaurar" (Heb. shub) se refiere a algo diferente, haciendo más fácil identificar el decreto específico mencionado en el texto. El Antiguo Testamento nunca usa este verbo para la reconstrucción física de un edificio o ciudad.7 Cuando se lo emplea en conexión con una ciudad significa regresarla a sus dueños originales para ser gobernada de acuerdo con sus leyes (1 Rey. 20:34).

Un buen paralelo para el uso del verbo shub ("restaurar") en Daniel ocurre en 2 Reyes 14:22. El pasaje describe al rey Azarías diciendo que "reedificó [banah] él a Elat, y la restituyó [shub] a Judá". El verbo "restaurar" significa que la ciudad iba a funcionar como una ciudad gobernada por el pueblo de Judá de acuerdo con sus propias leyes y como parte de sus territorios. El decreto mencionado en Daniel no sólo requería la reconstrucción de la ciudad sino también el retorno de los judíos para que ellos gobernaran según sus propias leyes. Sólo un decreto cumple con ambos requerimientos: el de Artajerjes I en el año 457 a. C.

Autorizado por el rey, Esdras comenzó la reconstrucción de la ciudad tan pronto como él y los exiliados llegaron a Jerusalén (Esd. 4:7-23). El proyecto pronto se detuvo, no porque careciera del permiso del rey sino por el temor a una insurrección una vez que la ciudad estuviera reedificada. En el tiempo de Nehemías se reactivó el decreto, y él fue a Jerusalén a reedificarla (Neh. 1:1-11). El decreto de Artajerjes también autorizó a los judíos a gobernarse ellos mismos sobre la base de su propio sistema legal y a reforzarlo nombrando "jueces y gobernadores que gobiernen a todo el pueblo que está al otro lado del río, a todos los que conocen las leyes de tu Dios; y al que no las conoce, le enseñarás" (Esd. 7:25). Quienes violaban la ley se enfrentaban a la pena de muerte, el destierro, etc. La ciudad fue restaurada por los judíos, según se indicaba en Daniel 9:25.

Siete semanas y sesenta y dos semanas. La visión dividía las 70 semanas en varias secciones, siendo la primera un período de siete semanas que no tiene ningún evento específico asociado en forma explícita con él. El contexto parece sugerir que las siete semanas se refieren al período durante el cual ocurriría la reconstrucción de la ciudad. Si le sumamos 62 semanas, nos llevará hasta el Ungido, el ministerio de Cristo, el Mesías. Contando a partir del año 457 a. C., las 69 semanas, O 483 años, se extienden hasta el año 27 d. C.,8 Cuando Jesús fue bautizado por Juan el Bautista, fue ungido por el Espíritu Santo e inició su ministerio público (Luc. 3:21, 22).

Septuagésima semana. Durante la semana en que muere el Mesías (Dan. 9:26), se establece un pacto con "muchos", y el sistema de sacrificios llega a su fin (vers. 27). Su muerte ocurre a la mitad de la semana porque es en ese momento cuando, desde la perspectiva de Dios, se hace el pacto y cesa el sistema de sacrificios. Los tres años y medio nos llevarán del año 27 al 31 d. C., cuando Cristo fue crucificado y puso a disposición nuestra todos los beneficios mencionados en Daniel 9:24. El resto de la semana profética se extiende hasta el año 34 d. C., cuando termina la profecía de las 70 semanas. El año 34 d. C. "marca un evento que ha tenido un impacto considerable sobre la civilización y que también ha sido clave para la salvación de la humanidad. Fue el año en que el mensaje del Dios de Israel resonó más allá de los límites de Palestina y alcanzó a los gentiles, los 'muchos' recién mencionados (Hech. 8). Es también el año de la conversión de Pablo y de la comisión que Cristo le dio (Hech. 9). Y también es el año en que Dios derramó el Espíritu Santo sobre los gentiles y Pedro recibió una extraña visión exhortándole a predicar a los gentiles".9

Caída de Jerusalén. Aunque Daniel 9:25-27 menciona la destrucción de Jerusalén, nunca la asocia con un momento histórico particular dentro de la cronología de las 70 semanas. Más bien el pasaje se enfoca en las actividades o experiencias del Mesías. La visión introduce la caída de la ciudad después de la muerte del Mesías, pero no señala si ocurriría durante la última parte de la última semana. La desolación de la ciudad al parecer es decretada durante las 70 semanas (Luc. 13:35), pero halla su cumplimiento en el año 70 d. C., cuando el ejército romano arrasó con el templo y la ciudad.

Conexión entre Daniel 8 y 9
Daniel 9 da por sentada la visión registrada en el capítulo 8 y es en realidad una respuesta a las preocupaciones de Daniel surgidas en esa visión. Posiblemente el aspecto más importante de la conexión entre los dos capítulos es que Daniel 9 provee una pieza de información indispensable para el entendimiento apropiado de la visión registrada en el capítulo 8, específicamente la interpretación de los 2300 años. Daniel 8 nos informa que debemos contar los 2300 años desde el tiempo del imperio medo-persa, pero el capítulo 9 nos da el punto específico de inicio, es decir, 457 d. C. Varias conexiones lingüísticas y conceptuales entre los dos capítulos apoyan esa conclusión.

Al Final de Daniel 8 el profeta se halla confundido acerca de la visión de los 2300 años. En el capítulo 9 el mismo ángel Gabriel, quien habló con Daniel en el capítulo 8, regresa para clarificar la visión. Aquí el término visión es importante. Daniel 8 usa dos palabras para visión. La primera, jazon se refiere a la totalidad de la visión, mientras que mar'eh indica sólo el aspecto de la visión que trata de la conversación de los dos ángeles y los 2300 años (Dan. 8:26: "La visión [mar'eh] de las tardes y mañanas que se ha referido es verdadera; y tú guarda la visión [jazon] porque es para muchos días"). Daniel escribe: "Estaba espantado a causa de la visión [mar'eh], y no la entendía (vers. 27). Cuando el ángel Gabriel regresa junto a Daniel en el capítulo 9, le dice: "Entiende, pues, la orden, y entiende [bin] la visión [mar'eh] " (Dan. 9:23). Siendo que Daniel no pudo captar el significado de la visión de las tardes y mañanas, vino el ángel para proveerle información que lo ayudara a darse cuenta que la profecía no tenía que ver con la experiencia de los judíos en el imperio medo-persa. Señalaba hacia la venida del verdadero Mesías y hacia un futuro distante, al tiempo en que se consumaría la obra de juicio del Mesías (Daniel 7) y la purificación en el santuario celestial (Daniel 8:14). Desde la perspectiva de Daniel, era un futuro distante, extendiéndose desde el año 457 a. C. hasta 1844 d. C. Por lo tanto, las 70 semanas (490 años) comprenden parte de los 2300 años, pero fueron "cortadas" [RV, "determinadas"] de ese largo período profético (Dan. 9:24). El verbo jathak, traducido "determinadas", aparece en la liter atura cananea donde significa, entre otras posibilidades, "hijo".10 El hijo es en cierto sentido un "fragmento" de los padres, así que él o ella era, por decirlo así, "cortado" de ellos. Uno puede sugerir que el período de las 70 semanas es el "hijo" de los 2300 años. La visión los separa a fin de arrojar algo de luz sobre el período más largo.

La profecía de las 70 semanas complementa la visión de los 2300 años proveyendo una fecha específica para su inicio y presentando al Mesías como quien se encargará de una manera definitiva del problema del pecado. Daniel 8 nos muestra al Mesías como un sacerdote que intercede por nosotros en el santuario celestial, mientras que en Daniel 9 lo vemos iniciando ese ministerio al ungir el santuario celestial. Uno pone el énfasis en el inicio de la obra del Mesías; el otro señala la consumación de esa obra de juicio, purificación y salvación. Lo que en Daniel 7 y 8 quedó sin especificar: el tiempo del comienzo del último juicio en el cielo y la fecha del comienzo del día de la expiación, respectivamente, es revelado finalmente en Daniel 9. El Señor quiere que conozcamos esas profecías a Fin de que nos demos cuenta de que el tiempo para la restauración de todas las cosas está cerca y que necesitamos concentrarnos en lo que de verdad es importante: nuestra relación con el Señor y la impartición de este mensaje a otros