Continuación de las Interpretaciones del Siglo XVIII

En los tiempos posteriores a la Reforma, el Dr. Sayer Rudd, bautista británico (m. 1757), declaraba explícitamente lo que entendía por el "continuo sacrificio":

El culto puro de Dios bajo el Evangelio; y por haber sido quitado, la supresión o corrupción de ese culto por la tiranía anticristiano que tiene lugar al surgir la apostasía papal (An Essay Towards a New Explication of the Doctrines of the Resurrection, Millennium, and Judgment (Ensayo de una nueva explicación de las doctrinas de la resurrección, el milenio y el juicio ), p. 14).

En el movimiento metodista, Jean G. de la Fléchére, íntimo colaborador de Wesley, afirmaba que, al quitar el "continuo", el obispo de Roma había abolido o desfigurado mucho el verdadero culto de Dios y Jesús, y había echado por tierra la verdad". Y muchos de esos expositores esperaban que esa perversión profetizada fuera rectificada cuando el santuario se purificara al fin de los 2.300 días o años. En una obra anónima de 1787, "R. M." relaciona el "continuo" con el servicio del santuario, en estas palabras:

La supresión del continuo sacrificio y el establecimiento de la abominación es la supresión del verdadero culto cristiano, tal como fue instituido por Cristo y sus apóstoles, y el establecimiento de las doctrinas y los mandamientos de hombres . . . El continuo sacrificio es un término mosaico que equivale al verdadero culto de Dios, apropiado para el tiempo en que vivió Daniel (Observations on Certain Prophecies in the Book of Daniel [Observaciones acerca de ciertas profecías del libro de Daniel], pp 8-9).

El irlandés Hans, Wood, uno de los primeros en declarar que las 70 semanas son la primera parte de los 2.300 días, en 1787 definió la supresión del "continuo" como las innovaciones introducidas en lugar del "culto divino" por el cuerno pequeño papal, lo que ha resultado en la "profanación del templo", o iglesia. Esto él lo ubicaba como el comienzo de los 1.290 días. Y durante la Revolución Francesa, George Bell, escribiendo acerca de la "Caída del anticristo" ("Downfal of Antichrist") y la Santa Ciudad hollada por el papado, decía que "los gentiles, o papistas, . . . suprimen el continuo sacrificio y establecen la abominación que hace que la iglesia visible de Cristo sea desolada durante el lapso de 1.260 años". Consideraba los 1.290 años como un período 30 años más largo.

Interpretaciones en el despertar del siglo XIX.

EN el despertar adventista del Viejo Mundo, en el siglo XIX, William Cuninghame, de Escocia, al escribir en 1808 observaba que el mahometismo no había suprimido el "continuo" ni había derribado el lugar del santuario de Cristo, y declaraba: "La iglesia de Cristo es el templo o santuario y el culto de esta iglesia, el continuo sacrificio". Añadía, comentando 2 Tes. 2:

De este templo es quitado el continuo sacrificio cuando no permanece más esta forma de palabras correctas y cuando el culto de Dios, únicamente mediante Cristo, es corrompido y oscurecido mediante una veneración supersticiosa de la Virgen María y de los santos, o mediante cualquier forma de culto a las cosas creadas. Entonces cesa el continuo sacrificio ordenado por Dios (The Christian Observer, abril de 1808,p.211).

Sostenía que el "continuo sacrificio" de la "iglesia oriental" fue suprimido casi un siglo antes de la aparición de Mahoma -es decir, en el siglo VI-, y que la abominación de la desolación fue introducida mediante actos de los emperadores romanos cuando establecieron la autoridad espiritual del cuerno pequeño papal y la veneración idolátrica de la Virgen María y de los santos.

Pero George Stanley Faber, erudito canónigo anglicano de la catedral de Salisbury, sostenía que el mahometismo también había suprimido el "continuo sacrificio de alabanza y agradecimiento", y así había "contaminado el santuario espiritual", al engrandecerse contra Cristo. Y el capitán Charles D. Maitiand, de la artillería real, escribía en 1814:

El continuo sacrificio del culto espiritual fue quitado de la iglesia gentil, y la abominación desoladora establecida allí dentro, en el año 533 de nuestro Señor. A partir de este período los santos fueron entregados en las manos del poder papal, y se le dio autoridad a este poder para que se enseñoreara sobre ellos y los tiranizara durante 1.260 años (A Brief and Connected View of prophecy [Un panorama breve y conexo de la profecía], p. 27).

Archibald Mason, bien conocido ministro presbiteriano de Escocia, quien en 1820 estableció los años 457 a. C. y 1843 d. C. como las fechas del comienzo y la terminación de los 2300 años, declaraba que el continuo sacrificio significa "el culto instituido por Dios en la iglesia", y que "la desolación y la holladura del santuario y de la hueste significa el error, la superstición y la idolatría que se instituyeron en lugar de aquel culto" (Two Essays on Daniel's . . . Two Thousand Three Hundred Days [Dos ensayos sobre los 2300 días de Daniel], p. 6). Añade que esto terminará con la expiración de los 2300 años, cuando "el verdadero culto de Dios será restaurado".

Además, John Bayford, uno de los patrocinadores de Joseph Wolff, escribía: "El continuo sacrificio que él [el poder que huella] ha suprimido es sin duda el Cordero de Dios, cuya sangre los mahometanos huellan bajo sus pies". El erudito Frederick Nolan, destacado lingüista, vinculaba el "continuo sacrificio" con la "peculiar solemnidad" de las ceremonias del "Gran día de la expiación" realizadas por el "sumo sacerdote en el lugar santísimo del templo". Edward Bickersteth, párroco evangélico y secretario de la Sociedad Misionera de la Iglesia (Church Missionary Society), refiriéndose a las 70 semanas como cortadas o separadas para los judíos de los 2300 años, decía que llevaban "desde la restauración del continuo sacrificio hasta la consumación del perfecto sacrificio de Cristo" y el ungimiento del "Santísimo".

Aplicación opuesta de Manning.

Durante el despertar adventista del siglo XIX, otro cardenal católico, Henry Edward Manning, cuando se le hizo la pregunta: "¿Qué es la supresión del continuo sacrificio de Dan. 8: 11-14?", contestó que es la supresión del "sacrificio de la santa eucaristía,... el sacrificio de Jesús mismo en el Calvario, renovado perpetuamente y continuado para siempre en el sacrificio [católico] en el altar". Después acusaba al protestantismo de haber suprimido el sacrificio de la misa en el Occidente, y afirmaba que los que hacían eso eran precursores del futuro anticristo judaico, el cual -poco antes del fin del mundo- haría que "cesara" por completo el sacrificio diario de la misa durante un corto tiempo. Increpaba a los diversos países protestantes por la "supresión" del "continuo sacrificio", es decir el "rechazo de la misa", y tildaba esa supresión como la "marca y característica de la Reforma protestante" (The Temporal Power of the Vicar of Jesús Christ [El poder temporal del vicario de Jesucristo], pp. 158-161).

De modo que, aunque los puntos de vista fueran opuestos, la cuestión del "continuo" siempre giraba en torno del sacrificio de Cristo y el sacerdocio, y del culto debido o verdadero de Dios.

Entre los expositores norteamericanos del siglo XIX anteriores a los milleritas, o que no participaron de ese movimiento, no había ninguna diferencia especial respecto a la interpretación histórica protestante. Robert Reid, ministro presbiteriano reformado, en 1828 continuaba acusando a la apostasía papal de haber "contaminado horriblemente" el "santuario de Dios", y afirmaba que el anticristo así había suprimido el "continuo" (The Seven Last Plagues [Las sietes postreras plagas], pp. 4-9, 67-72).