Los Muebles del Santuario.
La Mesa de los Panes de la Proposición.

La mesa de los panes de la proposición estaba colocada al norte en el primer departamento del santuario. La mesa tenía dos codos de largo, un codo y medio de ancho, y un codo y medio de altura. Estaba cubierta con oro puro, y al igual que el altar del incienso estaba ornamentada con una corona de oro alrededor de su superficie [1].
Los Sábados los Levitas hacían 12 panes, o tortas, de masa sin fermento [2]. Estos panes eran colocados aún calientes sobre la mesa cada Sábado [3], colocados en dos hileras, o pilas, seis en cada hilera, con incienso puro en cada pila [4].
Durante toda la semana el pan quedaba sobre la mesa. El es llamado por algunos traductores "el pan de la presencia".
Al final de la semana era sacado y era comido por los sacerdotes [5]. Esto explica porqué el sacerdote Ahimelec no tenía pan común aquel Sábado, para darle a David, ya que los sacerdotes estaban acostumbrados a comer el "pan sagrado" en ese Día [6].
No estaba permitido cocer pan común los Sábados; el mandamiento era bien claro en este punto, ordenando que todo el pan que se fuera a usar durante el Sábado, tendría que ser cocido hasta el viernes. "Esto es lo que dijo el Señor: mañana es reposo, el santo Sábado del Señor: lo que quisieres cocer en el horno, cocedlo, y lo que quisieres cocinar en agua (hervirlo), cocinadlo en agua; y todo lo que sobre, separadlo, guardándolo para mañana" [7]. Pero el Señor ordenó que los Levitas preparasen el pan de la proposición cada Sábado [8].
Todo el servicio ligado con la mesa de la proposición era hecho durante el Sábado. El pan era preparado en el Sábado, y cuando aún estaba caliente, era colocado sobre la mesa. Al Sábado siguiente era retirado, y era comido por los sacerdotes en ese Día.
Los sacerdotes servían "como ejemplo y sombra de las cosas celestiales"; es Así como existe una lección celestial para nosotros en el antitipo de los panes de la proposición. Era una ofrenda continua, siempre delante del Señor. Enseñaba que el hombre era totalmente dependiente de Dios, tanto para el alimento temporal como para el espiritual, y que ambos nos llegan a través de Uno que "siempre vive para hacer intercesión" por nosotros delante del Padre [9].
Así, como todos los otros servicios típicos del santuario, encuentra su cumplimiento total en Cristo. El es el verdadero pan. El dijo, "Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre: y el pan que Yo daré es mi carne". Y después El añadió, "Si no comieres la carne del Hijo del hombre, y bebiereis su sangre, no tendréis vida en vosotros" [10]. Los propios discípulos no comprendieron las palabras de Cristo, y comenzaron a murmurar. Jesús
leyó sus pensamientos, y les dijo, "Es el Espíritu el que vivifica; la carne para nada aprovecha; las palabras que Yo os he dicho, son espíritu y son vida" [11]. Su palabra es el verdadero pan, del cual tenemos que comer.
Así como el pan que estaba ante la presencia de Dios, era retirado del santuario y era comido, Así Jesús dijo, "La palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió" [12].
 La Biblia viene directamente de Dios. Dios se la dio a Cristo, Cristo la envió por intermedio de Su ángel a los profetas, y estos se la dieron al pueblo [13].
A menudo leemos la Biblia como una mera forma de devoción, o para obtener algo para darle a los otros; pero si habremos de recibir su vivo poder en nuestras almas, debemos obtenerla "caliente", o de una forma ardiente, directamente del cielo.
No existe un tiempo más apropiado para dejar que Dios nos hable a nuestras propias almas a través de Su palabra que en los Sábados, cuando dejamos de lado nuestros problemas y negocios, y tomamos tiempo para estudiar la Sagrada Palabra y dejar con que ella entre en los lugares más profundos de nuestros corazones, hasta que podamos oír la voz de Dios hablando
a cada uno de nosotros, y no a otros.
Los sacerdotes no solamente tenían que colocar los panes calientes sobre la mesa los Sábados, sino que posteriormente (el próximo Sábado) ese mismo pan tenía que ser comido y pasar a formar parte de su propio ser.
Dios ordenó que Su pueblo debía ganar cada Sábado una nueva experiencia con los asuntos celestiales, las cuales los prepararían de una mejor forma para enfrentar las tentaciones de la semana.
El alma que nunca obtiene una experiencia más profunda en un Sábado que en ningún otro Día, falla en guardar el Sábado como a Dios le gustaría que lo guardara [14]. Debemos tener varios minutos de quieto estudio de la palabra los Sábados, cuando escuchamos al Señor hablándonos individualmente; pero cuando las palabras no son incorporadas en nuestras vidas, no podrán darnos ninguna fortaleza. A medida que los sacerdotes comían el pan preparado el Sábado anterior, ellos lo asimilaban, y Así recibían fortaleza para sus trabajos diarios.
Pedro evidentemente entendió esta verdad cuando amonestó la iglesia para que deseasen la sincera leche de la palabra con la cual crecerían, y él les dijo que si hiciesen eso serían "un sacerdocio santo" [15]. Aquí está el secreto de la verdadera vida de un cristiano. La vida eterna no llega al alma a través de formas o ceremonias. Todo está en su debido lugar; la vida eterna es el resultado de alimentarse del verdadero pan que viene de la presencia de Dios, de la Santa Palabra de Dios, la bendita Biblia.

Tipo/
Exodo 25:30
El pan de la proposición estaba siempre delante del Señor.
Levítico 24:5
Había 12 panes de la proposición, el número de las tribus de Israel.

Antitipo
Juan 6:48
Cristo dijo, "Yo soy el pan de la vida".
1 Corintios 10:17
Hablando de la iglesia, Pablo dijo, "Nosotros siendo muchos, somos un pan y un solo cuerpo".

Referencias:
6.1.- Exo. 25:23-30; 40:22
6.2.- 1 Cron. 9:32; Lev. 24:5
6.3.- Lev. 24:8; 1 Sam.21:3-6; Mat. 12:3-4
6.4.- Lev. 24:6-7
6.5.- Lev. 24:9
6.6.- 1 Sam. 21:4
6.7.- Exo. 16:22-23
6.8.- 1 Cron. 9:32
6.9.- Heb. 7:25
6.10.- Juan 6:51-53
6.11.- Juan 6:63
6.12.- Juan 14:24
6.13.- Apoc. 1:1
6.14.- Eze. 20:12
6.15.- 1 Pedro 2:2-5