La ciencia de ganar almas
Carlos Martín

Capítulo 13

El testimonio personal

El testimonio personal es el relato de lo que ha experimentado un testi­go con relación al poder de Cristo; lo que el Señor ha realizado en su vida. La testificación personal manifestada en un testimonio espontáneo di­fiere de un estudio bíblico porque el testimonio tiene el objetivo principal de poner de manifiesto el poder transformador de Jesús, no la enseñanza de doc­trinas. Su testimonio personal es el relato de «la forma en que ha sido bende­cido desde que comenzó a servir al Señor y de las alegrías que se experimentan en la vida cristiana» (El evangelismo, p. 355).
Un testimonio personal no es lo mismo que una «confesión de fe». Este úl­timo concepto es una breve frase concerniente a la fe depositada en Jesús. Por otro lado, un testimonio personal no es una autobiografía, es un instrumento evangelizador que ha de expresarse en pocos minutos. Un testimonio personal, al igual que una confesión de fe, no es algo que está completo en sí mismo. Es la etapa inicial del proceso de testificación. Debe ser sustentado y complemen­tado por la presentación del evangelio y por estudios bíblicos. Evangelizar me­diante testimonios es algo que surge de nuestra comunión con Jesús. No requiere el don de evangelismo.
Un testigo cristiano tiene que estar siempre dispuesto a emplear su testimo­nio personal. Es por eso que en este capítulo usted será estimulado a redactar un testimonio y a memorizarlo. Un testigo cristiano aprovecha todas las opor­tunidades que el Señor le provee con el fin de hacerle saber a otros que es po­sible experimentar un cambio de vida. Expresa la forma en que le fue posible a él o ella lograrlo, y lo positivo que es ser cristiano. Debido a que un testimo­nio personal requiere de dos a cuatro minutos, podrá ser compartido en cual­quier momento de la vida diaria. Todo lo que se necesita es encontrar un punto común en la experiencia de la otra persona. «Sé como te sientes porque yo mismo...».
Compartir su propia experiencia es una forma excelente de estimular la confianza entre los posibles interesados y usted. Trate de compartir su expe­riencia de forma tal que los interesados puedan identificarse con usted y confiar en lo mismo que le fue de ayuda a usted. Los testimonios tienen el propósito de sembrar en el corazón de los oyentes el deseo de disfrutar el mis­mo gozo.
Los cuatro elementos esenciales de un testimonio son:

  1. Mi vida antes de que me entregara a Cristo.
  2. Cómo me convertí.
  3. Lo que Jesús representa hoy en mi vida.
  4. Un texto apropiado que se relacione con su testimonio y que representa una hermosa promesa.

El enemigo conoce el poder de un testimonio personal y hará todo lo que esté a su alcance para impedir que usted obedezca el mandato de Cristo de compartir su experiencia. Él tratará de llenamos de temor. Nos proporciona excusas. Está deseoso de que empleemos nuestro tiempo en actividades sin provecho con el fin de que no expresemos nuestro testimonio respecto a lo que Jesús significa para nosotros.
«Nuestra confesión de su fidelidad es el factor escogido por el cielo para revelar a Cristo al mundo [...]. Pero lo que será más eficaz es el testimonio de nuestra propia experiencia. Somos testigos de Dios mientras revelamos en nosotros mismos la obra de un poder divino [...]. Estos preciosos reconocimientos para alabanza de la gloria de su gracia, cuando son apoyados por una vida semejante a la de Cristo, tienen un poder irresistible que obra para la salvación de las almas» (El Deseado de todas tas gentes, cap. 36, p. 318).
¡Nadie podrá presentar argumento alguno contra un testimonio personal! Podrán oponerse a doctrinas, pero no en contra del poder transformador de Jesús en la vida de un creyente.
Cómo redactar su testimonio personal
Quizá le convenga leer el testimonio de Pablo registrado en Hechos 22 antes de poner por escrito el testimonio de usted. El mismo es un buen ejemplo de este tipo de testificación. El libro de Hechos registra tres relatos de la conversión de Pablo: Uno redactado por Lucas (Hechos 9:1-19) y dos expresados por el mismo Pablo (Hechos 22:6-16; 26:12-18). Cada uno de ellos posee tres elementos fundamentales:
Primero, mi vida antes de que me entregara a Cristo. Hechos 22:3-5 con­tiene la historia de Pablo «antes de recibir a Cristo». Esta parte del testimonio intenta proporcionarle a sus oyentes algo con lo cual identificarse. Si los oyen­tes observan similitudes entre su experiencia y la del testigo, estarán más dis­puestos a aceptar las soluciones que el creyente ha encontrado. Evite el error común de explayarse demasiado en esta primera parte del testimonio.
Segundo, «mi conversión». El ejemplo de Pablo lo encontramos en Hechos 22:6-11. Todos los cristianos deben estar en condiciones de testificar acerca de su entrega al Señor. En ocasiones, los testigos pueden describir cómo Dios contestó una oración, o describir una victoria específica que Jesús les ayudó a obtener.
Tercero, «lo que Jesús representa hoy en mi vida». Pablo afirmó en Hechos 22: 13-21 que había sido llamado a ser un testigo de Jesús. Los testigos cristia­nos pueden relatar cómo sus vidas cambiaron y contar algo del gozo que han experimentado al seguir a Jesús. Por lo general, mencionar el calor y la amistad que el creyente ha encontrado en la iglesia impacta positivamente a las perso­nas solitarias. «Decidles cómo hallasteis a Jesús y cuál ha sido vuestra felicidad desde el día en que empezasteis a servirle. Decidles qué bendición es para vo­sotros sentaros a los pies de Jesús para aprender las preciosas lecciones conte­nidas en su Palabra [...]. Habladles de las alegrías que se experimentan en la vida cristiana» (El evangelismo, p. 355).
Preparar un testimonio personal implica comenzar con el relato de lo que era la vida de usted antes de entregarse a Jesús. No es necesario entrar en deta­lles. Esté consciente del peligro que significa extenderse demasiado en esta prime­ra parte. Recuerde asimismo que la gente no está interesada en una autobio­grafía. Su propósito no debe ser exaltarse, sino exaltar a Cristo. Por lo tanto, co­loque un mayor énfasis en la segunda y la tercera parte de su testimonio. Si tiene un texto bíblico, quizá una promesa, que ha sido de vital importancia en su conversión, usted la puede incluir en su testimonio. ¡Hay poder en la Palabra de Dios!
Al ir elaborando los detalles de su conversión, encontrará que está constru­yendo una herramienta que le ha de ayudar a ser un testigo eficaz. Prepare un borrador de su testimonio. Más adelante en este capítulo presentamos un mo­delo que podrá utilizar. Edítelo con la ayuda de otros exitosos ganadores de almas, eliminando todo aquello que impida su efectividad. Memorícelo. Repítalo hasta el punto que pueda compartirlo con algún amigo. Dentro de poco le será fácil adaptar su testimonio con el fin de enfatizar aquellos puntos que usted com­parta con su interlocutor. Prepárese concienzudamente. Luego pídale al Señor que sea él quien hable durante su presentación. ¡Él lo hará!
Puntos que debe considerar al redactar su testimonio
Si Jesús es su Salvador ¡usted tendrá algo para compartir! Algunos creen que su testimonio es algo que no vale la pena mencionar. Después de todo, ellos no fueron alcohólicos, adictos a las drogas o algo parecido. ¡Crecieron en la iglesia! Si esa es su historia, ¡alabado sea Dios! ¡Es algo maravilloso! Aunque usted se haya criado en un hogar cristiano, habrá un momento por el cual decidió en­tregar su vida por completo al Señor. Su testimonio puede girar alrededor de la respuesta especial a una oración, o a una victoria que Jesús le ha concedido.

  1. No haga del pecado algo atractivo al relatar los placeres que disfrutó o lo malvado que fue, o la forma en que usted «evitó pagar por las consecuencias de sus acciones». Sin embargo, usted podrá enfatizar lo vacío, la culpa, lo miserable que usted se sintió como resultado de sus pecados.
  2. Evite expresiones que carezcan de sentido para los no cristianos. Ejemplos: «bendiciones recibidas», «después de que llegué al mensaje», «después de que acepté la verdad». En su lugar usted puede decir algo así como «después de que acepté a Jesús como mi Salvador personal».
  3. Evite la palabrería. Su testimonio debe ser breve y al punto. La comunica­ción efectiva por lo general es breve, al punto y clara. De hecho, su testi­monio oral no debiera tomar más de cuatro minutos. Uno puede compar­tirlo deprisa, algunas veces en lugares diferentes: en la calle, en un autobús, en un mercado, mientras hacemos una fila.
  4. No hable mal de otras iglesias. No mencione la iglesia en la que usted se crió, tampoco el hecho de que se unió a la Iglesia Adventista. Más adelante quizá tenga la oportunidad de presentar su testimonio en la iglesia donde podrá mencionar a su antigua congregación. En el contexto que estamos discutiendo, sería mucho mejor referirse a la iglesia como «la gran familia de Cristo».
  5. Pula su estilo. Comience con una frase que llame la atención. Sea positivo, exacto, utilice detalles específicos que despierten el interés. Utilice textos de la Biblia que se relacionen con su experiencia. Pase por alto las referencias bíblicas. Por ejemplo, no diga: «En Juan 5:11-13». Mejor: «Un discípulo de Jesús afirma...».
  6. Nunca presente una lista de los sacrificios que ha realizado desde que se convirtió, o las cosas que ha tenido que abandonar, o las dificultades que ha afrontado. En vez de ello recalque los beneficios positivos que implica ser cristiano.
  7. Sea específico. La gente tiende a olvidar los conceptos generales, pero re­cuerda los datos específicos. Por ejemplo, en lugar de decir: «¡Esto es algo maravilloso!», dígale específicamente a su interlocutor lo que usted consi­dera maravilloso.
  8. Enfatice la amistad que usted ha encontrado en la gran familia de Cristo. Debido a que mucha gente vive en la soledad, la sencilla mención de afecto y amistad será algo positivo. Enfatice el gozo de pertenecer a dicha familia.
  9. Sea amable y cuidadoso en su trato. Recuerde que hablarle de Cristo a una persona que no ha declarado su entrega, delante de los demás, puede hacer que se sienta avergonzada. Sea cuidadoso y use el sentido común en estos casos. Sobre todo, manifieste una plena naturalidad y sea sincero.
  10. Identifíquese con sus interlocutores. Utilice elementos de su experiencia personal que les permitan a sus oyentes identificarse con usted. Es una ley de la vida que cuando la gente observa similitudes entre sus experiencias y las de alguien estará más dispuesta a aceptar las soluciones a los problemas que la otra persona ha encomiado. No dude en mencionar alguna expe­riencia traumática en su vida. La pérdida de un ser querido, un accidente, la pérdida de un empleo, etcétera. Algunos de estos acontecimientos pueden acercarlo a los interesados con quien está en contacto. «Algunos de los que se dedican a la obra de salvar almas, no obtienen los mejores resultados porque no efectúan de una manera cabal la obra que empezaron con mu­cho entusiasmo [...]. No se identifican con aquellos a quienes quieren ayu­dar a alcanzar la norma bíblica del cristianismo» (Obreros evangélicos, p. 395).
  11. Otros factores positivos que pueden entretejerse en su testimonio son el amor y la armonía que Cristo puede aportar al hogar y a la vida familiar. La liberación de los sentimientos de culpa que van asociados con el perdón. La fortaleza con que un cristiano puede enfrentar una enfermedad terminal y aun la muerte. Todo esto porque no está solo.
  12. Ore para que su rostro irradie confianza cristiana, permitiendo que su sonrisa hable en el idioma del cielo (Hechos 6:15).
  13. No se enfrasque en discusiones doctrinales como el sábado o la mayordomía. Un testimonio personal debe trasmitir el gozo que se encuentra en aceptar la salvación que Jesús ofrece.
  14. Expréselo con claridad. Trate de redactar su testimonio personal de la mis­ma forma en que usted se lo contaría a un no creyente. Relate la historia de su conversión en una forma clara de manera que cualquiera que la es­cuche sepa cómo puede recibir a Cristo en su vida.

Testimonio personal: Un borrador

  1. Mi vida antes de aceptar a Cristo: Comparta con sus oyentes aquellas cosas que pueden contribuir a que ellos se identifiquen con usted.
  2. Cómo me hice cristiano: Diga cómo fue que sucedió. Aunque usted se haya criado en un hogar cristiano, hubo un momento en el que decidió entregar su vida por completo al Señor.
  3. Mi vida desde que me entregué a Cristo: Diga cómo su vida ha cambiado. Cuente algo del gozo que usted experimenta ahora.
  4. Para concluir, utilice un texto apropiado que resuma su vida y que pueda representar una hermosa promesa para su interlocutor.

Conclusión
Recuerde que no todos serán receptivos a su presentación, sin importar lo bien preparada o lo atractiva que sea la misma. Dios le ha concedido a cada ser humano la capacidad de decidir y debemos respetarlo. Recuerde que ni el mis­mo Jesús pudo ganar a todas las almas a quienes les predicó.
Tenga en mente que siempre que haya una respuesta favorable a un primer contacto en el que usted ha presentado su testimonio, leído un texto bíblico y orado, se deberá ofrecer algún sencillo material de lectura. Una vez que el po­sible interesado haya aceptado el material de lectura, usted tendrá un motivo para continuar sus visitas semanales.
Recuerde que la obra de la ganancia de almas es la obra de Dios. Una vez que reconozca esto cualquier sentimiento de derrota o de éxito no deberá ser abrigado. «Los que trabajan para Cristo nunca han de pensar, y mucho menos hablar, acerca de fracasos en su obra» (Obreros evangélicos, p. 19).