La ciencia de ganar almas
Carlos Martín 

Capítulo 9

Los grupos pequeños

Los grupos pequeños poseen un enorme potencial. Carl George, un ex­perto en grupos pequeños, afirma que hablar de una tasa de crecimiento de un veinte por ciento para los grupos pequeños es algo razonable. Esto significa que un grupo de diez puede crecer y convertirse en un grupo de doce en cuestión de un año. También significa que cincuenta miembros pueden coinvertirse en cien en cuatro años, en trescientos diez en diez años, en setecientos setenta en quince años y en dos mil trescientos cincuenta y ocho en veinte año». Una tasa de crecimiento de este tipo sería algo inusitado en la historia de la Iglesia Adventista. Indiscutiblemente, los grupos pequeños pueden contribuir a un rápido crecimiento y convertirse en una gran bendición para su iglesia.
Un grupo es un conjunto de personas que comparten características que les hacen depender hasta cierto punto unas de otras. Interactúan de forma tal que reciben y prodigan su influencia individual, de manera que las necesidades in­dividuales y colectivas se satisfacen y se alcanzan los blancos del grupo. Está compuesto entre tres a doce personas que se reúnen en forma regular con el pro­pósito de fomentar relaciones, ministrarse unos a otros, crecer espiritualmente y hacer planes para que otros acepten a Jesús como su Salvador personal. Los grupos pequeños están formados por «ocho o diez creyentes que se reúnen para confortarse unos a otros, para crecer en amor y unidad, para animarse mu­tuamente en su entrega a Cristo». «Un grupo pequeño cristiano es una con­gregación de tres a doce miembros que se reúnen a intervalos regulares con el objetivo común de descubrir y crecer en las posibilidades de una vida abun­dante en Cristo».
Fundamento bíblico
El grupo pequeño original es la Trinidad. Uno en naturaleza, carácter y pro­pósito; trabajaron juntos sin dejar de ser personas individuales. De acuerdo con Génesis 1: 26 este grupo divino decidió hacer al hombre a su imagen y se­mejanza.
Cuando Dios creó a Eva, él justificó la existencia de un grupo pequeño: «No es bueno que el hombre esté solo» (Génesis 2:18). Creó a los seres humanos como entes sociales que son más felices y más productivos cuando se desen­vuelven en el amor de un grupo que cuando están solos.
La iglesia del desierto contaba con seiscientos tres mil quinientos cincuenta miembros varones (más las mujeres y los niños) (Éxodo 38:26). De acuerdo con la cifra anterior Moisés necesitaba: seiscientos jefes de millares, seis mil jefes de centenas, doce mil jefes de a cincuenta, sesenta mil jefes de decenas, haciendo un total de setenta y ocho mil seiscientos.
Jetro le explicó a Moisés la ventaja de los grupos pequeños (Éxodo 18:19-21): Podrás soportar las presiones causadas por las muchas responsabilidades (Éxodo 18:23). Tendrás más tiempo para representar al pueblo «delante de Dios» (Éxodo 18:19) y habrá paz y armonía en el campamento porque cada uno irá a su casa satisfecho (Éxodo 18:23).
Israel fue asimismo dividido en grupos pequeños por razones militares (Números 2:1-33); en tribus con el fin de distribuir la tierra (Josué 4:8-13), y en grupos pe­queños para distribuir responsabilidades (Nehemías 3).
El Señor Jesús escogió a doce hombres y formó un pequeño grupo para que fuera el núcleo de su ministerio terrenal (Mateo 10:2-4). Él alabó la iniciativa de un grupo (Marcos 2:3-5). Instruyó a la gente para que se sentara en grupos (Lucas 9:14). Jesús comenzó su obra evangelizadora en los hogares (Mateo 13:36-52); 17:25-27; Marcos 9:33-50; 10:1-12; Lucas 7:36-50).
Pudiéramos decir que el libro de los Hechos es un relato del método utili­zado por los cristianos primitivos para establecer iglesias en sus localidades. Sin embargo, esto no incluía la construcción de templos. Durante los primeros trescientos años la iglesia cristiana utilizó casas de familia como sus templos. Los primeros creyentes cristianos eran judíos. Ellos continuaron adorando a Dios en las sinagogas. Cuando se reunían con otros creyentes para compartir su fe, orar, adorar o celebrar la Cena del Señor, lo hacían en alguna casa. El término griego para «iglesia», ekklesia, significa «asamblea», «reunión», «con­gregación». No conlleva la idea de un templo. Desde el principio, las casas de familia parecen haber sido el lugar donde acaecían los más importantes sucesos de la vida eclesiástica. El Espíritu Santo manifestó su presencia y poder el día de Pentecostés: «De repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban» (Hechos 2:2). Cuando se describe la actividad persecutoria de Pablo antes de su conversión, se dice que buscaba a los cristianos, no en el templo o en las sinagogas, sino por las casas (Hechos 8:3).
El Nuevo Testamento menciona en más de una ocasión reuniones celebra­das en casas de familia: en la casa de Aquila y Priscila en Roma (Romanos 16:3-5) así como en Corinto (1 Corintios 16:19); en la casa de Ninfas (Colosenses 4:15); en la casa de Filemón (Filipenses 1, 2). El libro de los Hechos menciona que las casas eran uti­lizadas como lugares de oración (Hechos 12:12); para una reunión de confra­ternidad nocturna (Hechos 21:7); para una vigilia de toda una noche (Hechos 20:7, 11); para una reunión evangelizadora improvisada (Hechos 16:32); para reuniones evangelizadoras programadas de antemano (Hechos 10:22); y para reu­niones de instrucción (Hechos 5:42). Pablo también trabajaba apoyándose en grupos hogareños. En Tesalónica utilizó la casa de Jasón como su base de ope­raciones (Hechos 17:5-7), y en Corinto «se fue a la casa de uno llamado Justo, temeroso de Dios, la cual estaba junto a la sinagoga» (Hechos 18:7, 8).
Los pioneros adventistas observaron un patrón similar:
«Al comienzo nos reuníamos para el culto, y presentábamos la verdad a aquellos ^que venían a escuchar en casas privadas, en cocinas grandes, en galpones, en bos­ques, en edificios escolares; pero no pasó mucho tiempo antes de que nos fuera po­sible edificar humildes casas de culto» (Testimonios para los ministros, p. 26).
La literatura adventista de aquel entonces se refería a las reuniones evange­lizadoras celebradas en los hogares como «reuniones hogareñas». Elena G. de White señaló que la experiencia demuestra que «la presentación de Cristo en la familia, en el hogar, o en pequeñas reuniones en casas particulares, gana a menudo más almas para Jesús que los sermones predicados al aire libre, a la muchedumbre agitada o aun en salones o capillas» (Obreros evangélicos, p. 202). En algunos casos, estas congregaciones en las casas crecieron para convertirse en iglesias.
Términos para designar a los grupos pequeños
En ocasiones los grupos pequeños son llamados «células» en la literatura eclesiástica. Las células del cuerpo se multiplican de manera continua porque así lo ordena su código genético. La iglesia puede ser considerada como un or­ganismo vivo que crece a causa de lo que sucede en el ámbito celular.
Tradicionalmente el evangelismo de grupos pequeños fue conocido como «evangelismo en los hogares». Eran reuniones hogareñas a las que se invitaban varias familias.
Elena G. de White estaba familiarizada con las «reuniones de clases» o «reu­niones de estudio» de los wesleyanos debido a su trasfondo metodista. «Una "clase" estaba compuesta por doce miembros que se esforzaban por alcanzar la santidad cristiana, las mismas constituyeron el eje del metodismo [...] hasta mediados del 1800».
Ella continuamente estimuló a la Iglesia Adventista para que tomara en se­rio esta práctica. Asimismo utilizó el concepto «pequeños grupos». Una de sus declaraciones más conocidas es la que dice: «La formación de pequeños grupos como base de esfuerzo cristiano, es un plan que ha sido presentado ante mí por Aquel que no puede equivocarse» (El evangelismo, p. 89).
Aspectos de la vida del grupo pequeño
Podemos aplicar a los grupos pequeños lo aprendido en el capítulo que trataba de la misión de la iglesia. Un grupo pequeño, al igual que la iglesia en pleno o una congregación local, debe cumplir seis importantes funciones:

  1. Adoración: alabar y magnificar a Dios.
  2. Nutrición: ser alimentados por Dios mediante el estudio de la Palabra.
  3. Comunión: confraternidad, cuyo eje es la experiencia cristiana común.
  4. Evangelismo: llevar las buenas nuevas.
  5. Misión: apoyar los esfuerzos evangelizadores llevados a cabo fuera de su te­rritorio.
  6. Servicio: ayudar a la gente en necesidad, demostrando el amor de Dios.

Los grupos pequeños tienden a concentrarse en la adoración, la alimenta­ción espiritual y la comunión fraternal. La ausencia de actividades evangeliza- doras es una de las causas principales del fracaso de un grupo pequeño. Por otro lado, la presencia de no creyentes es vivificante. Muchos grupos pequeños siempre mantienen una silla vacía como un recordativo de que la principal ra­zón de su existencia es compartir con otros el evangelio de Jesús.
Elena G. de White y los grupos pequeños
«Poned el yo detrás de vosotros y dejad que Cristo vaya delante como vuestra vida y poder. Dejad que esta obra penetre sin demora y la verdad será como levadura en la tierra. Cuando tales fuerzas comiencen a trabajar en todas nuestras iglesias, habrá un poder renovador, reformador y vigorizante, una reforma de enérgico poder en las iglesias, porque los miembros estarán haciendo la verdadera obra que Dios les ha dado para realizar» (El ministerio de la bondad, p. 112).
«En el circulo de la familia, en los hogares de nuestros vecinos, al lado de los en­fermos, muy quedamente podemos leer las Escrituras y decir una palabra en favor de Jesús y la verdad» (ibíd., p. 102).
«La presentación de Cristo en la familia, en el hogar, o en pequeñas reuniones en casas particulares, gana a menudo más almas para Jesús que los sermones predica­dos al aire libre, a la muchedumbre agitada o aun en salones o capillas» (Obreros evan­gélicos, p. 202).
«En nuestras iglesias deben organizarse grupos para el servicio. En la obra del Se­ñor no ha de haber ociosos. Únanse diferentes personas en el trabajo como pescadores de hombres. Traten de recoger a las almas de la corrupción del mundo y conducirlas a la pureza salvadora del amor de Cristo.
»La formación de pequeños grupos como base de esfuerzo cristiano, es un plan que ha sido presentado ante mí por aquel que no puede equivocarse. Si hay un gran número de hermanos en la iglesia, organícense en grupos pequeños, para trabajar no solamente por los miembros de la iglesia, sino por los no creyentes también» (El evan­gelismo, pp. 88, 89).
Ventajas de los grupos pequeños

  1. Permiten que sus miembros desarrollen una relación personal con Dios mediante el estudio de la Biblia.
  2. Contribuyen al fortalecimiento de la fraternidad entre sus miembros.
  3. Permiten identificar a los necesitados.
  4. Facilitan el adiestramiento de los miembros de la iglesia para el servicio.
  5. Proveen un sentido de valía individual en medio de una sociedad imper­sonal.
  6. Permiten identificar dones para ser desarrollados y utilizados.
  7. Proveen cuidado pastoral de primera.
  8. Hacen que disminuya la apostasía y ayudan a retener los miembros.
  9. Contribuyen al desarrollo espiritual de los nuevos discípulos. y Estimulan a los miembros a participar en esfuerzos evangelizadores.
  10. Proveen una oportunidad para que los miembros se relacionen con no cre­yentes fuera del ámbito de la iglesia.
  11. Ayudan al desarrollo de la amistad y confraternidad.
  12. «¿Cuál es el propósito de nuestras reuniones? [...]. Lo hacemos para edifi­carnos mutuamente y para intercambiar nuestras ideas y sentimientos, fa­miliarizándonos así con nuestras aspiraciones y esperanzas; para recabar fuerzas y luz, y valor el uno del otro [...]. Como una familia unida, la sen­cillez, mansedumbre, confianza mutua y el amor deben estar presentes en los corazones de los hermanos y hermanas que se reúnen para refrescarse y reconfortarse al juntar su luz» (Review and Herald, 30 de mayo de 1871).
  13. El grupo pequeño puede proveer un mejor cuidado pastoral: algo que la mayor parte de las iglesias o los dirigentes no podrán siquiera imaginar. El don pastoral no es algo que se obtiene en el seminario, sino que es el Espí­ritu quien lo concede a muchos miembros de la iglesia. Los pastores de éxito ayudan a los miembros a involucrarse en el ministerio, incluyendo las la­bores pastorales. Los dirigentes de grupos pequeños tienen el potencial de ser pastores de éxito de dichos grupos.

Una iglesia que muestra calor fraternal y se interesa en sus miembros atraerá a mucha gente. En una sociedad grande e impersonal la gente siente la necesi­dad de ser parte de algo, miembro de alguna familia. Los cultos concurridos y formales nunca podrán saciar el sentido de pertenencia de la gente, aun cuando son necesarios. Al establecerse una serie de grupos pequeños el factor personal se reintroduce. La siguiente declaración describe apropiadamente el trasfondo que hace que los grupos pequeños funcionen con efectividad en un medio ur­bano:
«Hoy, sin embargo, en nuestro medio urbano, unido a nuestro estilo de vida urba­no, vivimos muy cerca los unos de los otros, pero emocional y sentimentalmente esta­mos a kilómetros de distancia [...]. Una familia que reside en un edificio de aparta­mentos apenas sabe quiénes son los que viven en la puerta de al lado y seguramente no conoce (ni les interesa conocer) a los que viven en el piso de arriba o el de abajo [...]. Pero nuestra naturaleza se resiste a este hecho. No fuimos creados para ser un número, fuimos creados para vivir en sociedad. De ahí que en una sociedad que se hace cada vez más impersonal, el grupo pequeño provea un ambiente en el cual puedo ac­tuar como un ser humano en una relación personal, no simplemente como un animal que apenas existe. Puedo conocer y ser conocido. Puedo amar y ser amado».

Referencias
Carl F. George, Prepare Your Church for the Future (Grand Rapids: Fleming H. Revell, 1992), p. 100.

Billie Davis, «Christians Grow in Groups», Enrichment Journal, 2006 [artículo de Internet]; consultado el 16 de junio, 2006; en: http://enrichmentjoumal.ag.org/199802/036_grow_in_groups.cfm

C. Peter Wagner, Your Church Can Grow: Seven Vital Signs of a Healthy Church (Ventura: Regal Books, 1981, p. 124.

Roberta Hastenes, Building Christian Community Through Small Groups (Pasadena: Fuller Theological Seminary, 1985), p. 27.

C. Kirk Hadaway, Stuart A. Wright, and Francis M. Dubose, Home Cell Groups and House Churches (Nashville: Broadman Press, 1987).

Metosalem Castillo, The Church in Thy House (Manila: OMF Literature, 1982), p. 56.

En la mayor congregación del planeta con casi un millón de miembros y setenta mil grupos pequeños, se utiliza este concepto. Paul Yonggi Cho y Harold Hosteltler, Successful Home Cell Groups (South Plainfield: Bridge, 1981.

Ver: "Community Bible School", en: Seventh-day Adventist Encyclopedia, 1976.

"John Wesley's Class Meetings & House Churches Today", The Parousia Network [artículo de Internet]; con­sultado el 15 de junio, 2006; en: http://www.parousianetwork.com/ John_Wesley.htm

Findley G. Edge, "Introduction", Growth Through Groups, William Clemmons y Harvey Hester eds. (Nashville:Broadman Press, 1974), p. 14.