La ciencia de ganar almas
Carlos Martín

Capítulo 6

Evangelismo personal

El evangelismo basado en las relaciones personales sirve para llevarle a al­guien las buenas nuevas en el contexto de un vínculo personal. En oca­siones se le llama a este método «evangelismo tipo oikos». El término griego oikos significa «en, o de la casa» o «casero». En el mundo grecorromano oikos se refería no tan solo a la familia inmediata, sino a los sirvientes, amigos; y en un sentido más amplio podía referirse a toda la nación. La mayor parte de los creyentes ha conocido el mensaje en el contexto de una relación social con amigos o familiares.
La experiencia de los primeros discípulos (Juan 1:35-49) nos proporciona un buen ejemplo de lo que es el evangelismo relacional o de relaciones. Dos de los primeros que respondieron el llamamiento de Cristo fueron Andrés y Juan. Ellos expresaron su deseo de hablar con Jesús y pasar todo el día con él (Juan 1:37-39). ¿Quién los había llevado a Jesús? Fue su mentor, Juan el Bautista (Juan 1:35, 36). Más tarde, Andrés trajo a su hermano Pedro ante Jesús (Juan 1:40-42). Estos hermanos eran de Betsaida, Galilea. Felipe, la próxima persona que viene a Jesús, es también de Betsaida (Juan 1:43, 44), probablemente era vecino de Andrés y de Pedro. El último de los discípulos es Natanael. ¿Quién lo llevó al Maestro? Su amigo Felipe (Juan 1:43-49).
El evangelismo social, entre las amistades, oikos, de círculos sociales es poco costoso y muy efectivo. Es un hecho que mientras más cercana la relación que sostenga un miembro con no creyentes, menos trabajosa y más efectiva será la labor de atraerlos a la iglesia.
Este tipo de evangelismo implica que usted debe hacer una cuantiosa inver­sión de tiempo. El evangelismo de relaciones lo mantendrá ocupado las vein­ticuatro horas del día, a diferencia del tradicional en el que se fija un tiempo límite, un lugar definido y se establece una serie de temas. Debido a que usted ha cultivado una amistad, su nuevo amigo puede hacerle pedidos o solicitudes en momentos poco apropiados.
La mayoría de los amigos de una persona recién bautizada no son miem­bros de la Iglesia. Después de un tiempo, sin embargo, sucederá lo opuesto. Antes de que esto suceda, los recién bautizados deben ser estimulados a testificar en su círculo de familiares, compañeros de trabajo, vecinos, amistades y de aquellos con quienes adoraba previamente.
La amistad es algo maravilloso y el evangelismo también. Pueden ir de la mano o no, pero no deben ser confundidos. La amistad nunca ha de ocupar el lugar del evangelismo y no es un prerrequisito del mismo. En su primera con­versación con Nicodemo (Juan 3), y con la mujer samaritana (Juan 4), Jesús les explicó la forma de obtener la vida eterna. No debemos confundir el deseo de establecer amistades, ni siquiera la preocupación espiritual por los demás, con la obediencia a la gran comisión. Este mandato instruye claramente a los creyentes para que sean testigos verbales del evangelio de Jesucristo.
La evangelización por medio de la amistad
Evangelismo de amistad o amistoso es el acto de utilizar las relaciones persona­les como si fueran un puente para llevarle el evangelio a un amigo. «El evange­lismo mediante la amistad significa que dondequiera que usted se encuentre, sin importar lo que esté haciendo, tratará de establecer, de manera consciente, relaciones que abran oportunidades para llevar a la gente al conocimiento del evangelio».
Las investigaciones demuestran que alrededor del sesenta por ciento de los adultos norteamericanos bautizados en la Iglesia Adventista experimentaron un primer contacto con el mensaje a través de algún familiar adventista. Donald A. McGravan menciona que la mayor parte de los miembros de iglesia (entre el sesenta y el noventa por ciento) declaran que aceptaron a Cristo gracias a la influencia de vecinos, amigos y parientes.
Sin embargo, la amistad es más que una herramienta evangelizadora. La amistad con otros miembros es el primer paso para que un nuevo creyente se integre a la iglesia. Si los nuevos miembros no cuentan con un mínimo de siete amigos en la iglesia en los primeros seis meses, pronto se estarán escabullendo por la puerta trasera. Una entidad norteamericana llamada Church Growth, Inc. [Corporación de Crecimiento Eclesiástico) ha encontrado que el evangelismo mediante la amistad produce miembros de iglesia más fieles. Aproximadamente el noventa por ciento de los conversos mediante este método permanecen fie­les, en contraste con los conversos ganados mediante un evangelismo imper­sonal que en un noventa por ciento se apartan de la iglesia.
El potencial de los nuevos miembros
Los nuevos miembros presentan su mayor productividad durante los tres primeros años de su llegada a la iglesia. Es en esta etapa que el adventismo se considera más contagioso. Cualquier diccionario diría que «contagioso» signi­fica que algo es comunicable mediante el contacto; que se estimula una con­ducta o emociones parecidas en los demás; que es infeccioso.
Existen dos razones para esta tendencia entre los miembros recién bautiza­dos:

  1. El entusiasta deseo de compartir con los demás, motivado por la experiencia del «primer amor».
  2. El círculo de contactos no adventistas está en su punto más elevado en este momento. Un nuevo miembro es parte de un círculo de parientes no ad­ventistas, vecinos y amigos. Muchos de ellos le harán preguntas al nuevo converso, especialmente si hay evidencias en su vida de una conversión genuina. Según pasa el tiempo, la tendencia es que su círculo de amigos estará formado por un mayor número de adventistas.

Debido a que los nuevos miembros son por lo general los mejores testigos, cada converso debe recibir una tarea misionera una vez que acepte al Señor. «Cuando las almas se convierten, ponedlas al trabajo enseguida» (El evangelis­mo, p. 261). En este punto de su experiencia los nuevos conversos tienen la tendencia a ser legalistas y a apabullar a la gente con argumentos doctrinales, en vez de alcanzar a sus corazones con el amor de Jesús. Mediante la instrucción y dirección apropiada los nuevos conversos pueden mejorar su productividad. Prácticamente todos estamos vinculados a «círculos concéntricos de preocupa­ción».
Casi todo miembro de iglesia responderá afirmativamente a las siguientes preguntas:

  1. ¿Cuántos de ustedes tienen algún familiar cercano que no es adventista? ¿Les gustaría verlo en el cielo?
  2. ¿Cuántos tienen parientes que no son miembros de la iglesia? ¿Les gustaría verlos en el cielo?
  3. ¿Cuántos tienen buenos amigos que no pertenecen a la iglesia y que les gustaría ver en el cielo?
  4. ¿Cuántos tienen vecinos que no son adventistas? ¡Espero que ustedes de­sean ver a la mayor parte de ellos en el cielo!
  5. ¿Cuántos tienen conocidos que no son creyentes?
  6. ¿Cuántos están conscientes de que existe una «persona X» a la espera de que alguien le explique cómo llegar al cielo?

Círculos de amistades
Un círculo personal es «un grupo de personas que se relacionan de manera informal y de forma voluntaria mediante asociaciones, contactos profesionales, vínculos familiares o étnicos, o cualquier otro tipo de conexión».
Hay muchos ejemplos bíblicos que muestran cómo surgen y crecen las igle­sias mediante la suma de nuevos conversos, o gracias a una red de vínculos per­sonales, una vez que el evangelio ha sido recibido por uno de sus miembros. Lidia, la mujer negociante de Filipos, fue bautizada junto a su familia (Hechos 16:14, 15). El carcelero de Filipos aceptó al Señor con todos los de su casa y fueron bautizados la misma noche de su conversión (Hechos 16:30-34). Cornelio anticipando la visita de Pedro «había reunido a sus parientes y amigos íntimos» (Hechos 10:24, BA).
En los ambientes rurales la gente establece numerosas relaciones con quie­nes la rodean. La misma gente se interrelaciona de diversas maneras: con su familia, con los amigos, con compañeros de trabajo, con otros feligreses, con los representantes del gobierno local. En un medio urbano predomina un patrón más sencillo de vínculos personales. La gente se interrelaciona también de igua­les modos: como familia, con los amigos, con colegas profesionales, mediante la religión, en los medios educativos, con los vecinos, en las actividades recreati­vas. Los diferentes círculos personales puede que no se superpongan. Los mis­mos son ante todo ambientes cerrados. En cada uno de ellos el individuo de­sempeña un papel definido.
«Los círculos sociales homogéneos están formados por personas que por lo general comparten diferentes tipos de intereses comunes y vínculos que son mu­tuamente beneficiosos. Estos círculos se consideran homogéneos debido a que sus miembros tienen algo importante en común: antepasados comunes, vínculos matrimoniales, ocupaciones similares, impedimentos físicos, etcétera.
Las diversas relaciones del residente promedio en una ciudad por lo general caen dentro de cinco categorías: familiares, compañeros de trabajo y escolares, vecinos, compañeros de deportes, correligionarios. La misma persona puede ser miembro de varios círculos sociales al mismo tiempo. «Una ciudad es una red de redes».
«En una ciudad las redes o círculos sociales pueden servir como puentes sobre los cuates el evangelio se mueve de una familia a otra, de un grupo étnico a otro, de un vecindario a otro [...]. La expansión del cristianismo en el siglo XX ha seguido frecuentemente la ruta trazada por las redes o círculos sociales, ya sea que los cris­tianos estén conscientes de ello o no».
Las iglesias que adiestran a sus miembros para que alcancen a los no cris­tianos utilizando los círculos sociales descubrirán que parientes, amigos, veci­nos y colegas son más receptivos al evangelio de lo que se piensa. Los círculos sociales son un medio importante para el crecimiento de la iglesia.
Vínculos familiares
Si deseamos ganar a los miembros de nuestra familia para Cristo, nuestra experiencia debe ser genuina. En la mayoría de los casos, nuestros amados no esperan que seamos perfectos, pero sí que haya un cambio positivo en nuestras vidas y que mostremos en ellas los atributos cristianos. Si tropezamos, se sor­prenderán más si presentamos alguna excusa que si intentamos efectuar un en­cubrimiento.
Es fácil hablar de la fe propia con los miembros de la familia, sin embargo, algunos no querrán hablar de religión. Se sienten amenazados por la idea de que usted pudiera invitarlos a que se unan a su iglesia. Debido a la actitud ne­gativa de algunos familiares respecto a la iglesia, los miembros se abstendrán en ocasiones de hablar acerca de temas espirituales.
Las técnicas siguientes pueden parecer difíciles, pero están entre los métodos evangelizadores más efectivos: Mencione el gozo que le ocasiona su visita. Re­cuerde algunos puntos importantes que han sido discutidos, y menciónele a Dios de manera sencilla y algunos de los problemas que inquietan a sus fami­liares. Pida la protección divina, paz para los hogares de ellos y el suyo, termine diciendo: «Gracias, Señor, por el momento agradable que hemos pasado, y concédenos el privilegio de juntarnos nuevamente. Un día permítenos estar en tu reino eterno. En el nombre de Jesús. Amén».
Un cristiano que se preocupe en forma genuina por el bienestar espiritual de los miembros de su familia debería con frecuencia expresar esta preocupación, apelando a sus seres amados para que se entreguen a Cristo.
Lo que una esposa creyente puede hacer por su marido inconverso:

  1. Ser más amable y cariñosa que nunca.
  2. Preparar con mayor frecuencia las comidas favoritas de él.
  3. Ser flexible en cuanto a las cosas convenientes, no respecto a los principios.
  4. Expresarle de forma sincera, amables cumplidos.
  5. Respetarlo como cabeza del hogar.
  6. Evitar discusiones acerca de temas controversiales.
  7. Hablar bien de su esposo en presencia de extraños.
  8. Respetar la individualidad de su esposo.
  9. Acompañarlo a toda actividad que no viole principios morales.

Familiares, amigos y vecinos
Estas son personas que usted sabe que han sido impresionadas por la forma de vida de usted, por su amor y por su paciencia. Por lo general estas personas escucharán con interés mientras usted comparte su testimonio con ellos.
No se olvide mencionar una promesa bíblica y luego orar. No trate de im­poner sus criterios al tratar con sus familiares. Quizá usted no pueda orar por todos sus familiares y amigos a la vez, pero usted puede tratar de escribir sus nombres en un cuaderno y orar por ellos por turnos.
A su alrededor hay vecinos que lo están observando. Ellos lo conocen y lo aprecian, usted debe tratar de convertirse en su amigo. No basta con decirles: «Buenos días, ¿cómo está usted?» y conversar respecto al estado del tiempo. Invítelos a comer en su casa.
Es recomendable establecer una amistad sólida con los nuevos vecinos antes de tocar temas de carácter espiritual. Muchas veces lo hacemos demasiado pronto y en forma violenta. Los vecinos nos tildarán de fanáticos religiosos y pondrán en alerta sus mecanismos de defensa.
«Visiten a sus vecinos en una manera amigable y establezcan relaciones con ellos» (El ministerio de la bondad, p. 83). Muchas veces una hogaza de pan casero hablará en forma más elocuente a los corazones de sus vecinos que un sermón. Los recién llegados a un vecindario por lo general responderán más favorable­mente a una calurosa visita de bienvenida. Invítelos a participar de una sencilla comida.
«Vayan a sus vecinos visitándolos uno por uno, y acérquense a ellos hasta que sus corazones sean calentados por su interés y amor abnegado. Identifíquense con ellos, oren con ellos, aprovechen las oportunidades de hacerles bien, y cuando puedan, reúnan a unos pocos y abran la Palabra de Dios ante sus mentes entenebrecidas» (Servicio cristiano, cap. 10, p. 124).
Después de cultivar esas relaciones durante meses o años, quizá quiera in­vitarlos a una dase semanal para el estudio de la Biblia en su hogar.
Al familiarizarse con sus vecinos no intente de inmediato hablar de su fa­milia, su felicidad y sus esperanzas futuras. Hable primeramente de los intere­ses de ellos. Automáticamente se identificarán con la actitud y las creencias re­ligiosas suyas. Permita que hagan preguntas. No les predique o trate de darles un estudio bíblico, sencillamente conteste sus preguntas.
Si vivimos de acuerdo con nuestras convicciones, aquellos que se preocupan por el deterioro moral de la sociedad se sentirán atraídos por nuestro estilo de vida.
La mayoría de nosotros está en contacto con mucha gente. En el mercado, en la gasolinera, en el banco, en la tienda, en la oficina de correos, en las ofi­cinas públicas, en las salas de espera, restaurantes, hoteles, autobuses, aviones, parques y otros lugares.
Cada vez que usted salga de su casa debe hacerlo llevando en mente el pro­pósito específico de no desperdiciar cualquier oportunidad para pronunciar unas breves palabras a favor de Jesús. Usted puede aprender a dar inicio a una conversación con todo aquel con quien usted se encuentre.
«La mayor parte de la gente no estará a la defensiva sino que asumirán una actitud sosegada. Usted no lleva en la frente un letrero que lo identifique con la Iglesia Adventista, por lo que el prejuicio no será un factor a considerar. Es muy fácil sonreír y decir: «Buenos días», añadiendo unas breves palabras al mencionar su nombre. Su interlocutor le contestará mencionando el nombre de él o ella.
Si usted lleva un periódico consigo puede preguntar «¿Ya leyó usted el pe­riódico?». Se podrá desarrollar una conversación mencionando las señales del fin y el regreso de Jesús como la solución a todos los males del mundo. Usted podrá aprovechar la oportunidad para presentar su testimonio respecto a la forma en que el conocimiento de Jesús lo ha ayudado.
Alguien está a la espera de usted
Si nos disponemos a actuar en obediencia al mandato de Cristo descubri­remos que hay algunas personas entre la población general que están a la es­pera de que alguien les hable respecto a sus almas. ¡Encontraremos a estas al­mas sinceras y anhelantes si las buscamos!
Hay quienes no están satisfechos con su experiencia religiosa actual. Algu­nos están en busca de la verdad y quizá estén orando para que alguien los ins­truya.
«Muchas más personas de lo que pensamos están anhelando hallar el camino a Cristo» (Obreros evangélicos, p. 166).
«Muchos están aguardando a que se les hable personalmente» (El Deseado de to­das las gentes,cap. 14, p. 119).
«Hay muchas personas que necesitan saber qué hacer para salvarse. Necesitan una explicación clara y sencilla de los pasos y requisitos de la conversión» (El evan­gelismo, p. 141).
Existe mucha gente solitaria en cada vecindario que respondería favorable­mente a la amistad cristiana. Esta es una de las razones para el crecimiento de los Testigos de Jehová. Hay muchos que han pensado hacerse cristianos, pero nunca han recibido una invitación personal para recibir al Señor. Hay miem­bros de muchas denominaciones que se han descarriado y que responderán a una invitación personal para amistarse con Dios.
Elena G. de White y el evangelismo personal
«Alcanzad a aquellos que os rodean por medio del trabajo personal. Trabad rela­ciones con ellos. La predicación no realizará la obra que debe ser hecha. Los ángeles de Dios os asistirán acompañándoos a las moradas de las personas a quienes visitéis.
Esta obra no puede hacerse por medio de apoderados. El dinero prestado o donado no la realizará. Tampoco la harán los sermones. Al visitar a la gente, y conversar, orar y empatizar con ella, ganaréis sus corazones» (Servicio cristiano, cap. 10, pp. 125,126).
«Vuestro trabajo puede realizar mayor bien verdadero que las reuniones más ex­tensas si falta el esfuerzo personal. Cuando ambos tipos de obra se combinan, con la bendición de Dios, puede hacerse un trabajo más perfecto y acabado; pero si po­demos realizar solo una parte, esta debe ser la obra individual de abrir las Escrituras en los hogares, haciendo llamamientos personales, y hablando amigablemente con los miembros de la familia, no acerca de cosas de poca importancia, sino de los grandes temas de la redención» (Ibíd., pp. 128, 129).
«La presentación de Cristo en la familia, en el hogar o en pequeñas reuniones en casas particulares, gana a menudo más almas para Jesús que los sermones predi­cados al aire libre, a la muchedumbre agitada o aun en salones o capillas« (Obreros evangélicos, p. 201.).
«En visiones nocturnas, se me mostró un gran movimiento de reforma en medio del pueblo de Dios [...]. Centenares y millares visitaban a las familias y abrían ante ellos la Palabra de Dios» (Testimonios para la iglesia, tomo 9, p. 126).
«Los que han sido destinados para realizar visitas, pronto llegan a pensar que algún otro puede hacer esta obra, que algún otro puede hablar palabras de afecto y ánimo, e inducir a la gente de una manera humilde y silenciosa a una comprensión correcta de las Escrituras» (El evangelismo, p. 344).
«Debemos tratar de seguir más estrechamente el ejemplo de Cristo, el gran Pas­tor, mientras trabajaba con su grupito de discípulos, estudiando con ellos y con la gente las Escrituras del Antiguo Testamento. Su ministerio activo consistía no sola­mente en sermonear, sino en educar a la gente. Cuando pasaba por las aldeas, entablaba relaciones personales con la gente en sus hogares, enseñando y ministrando a sus ne­cesidades» (Ibíd., p. 151).
Durante el tiempo que serví como pastor celebré numerosas campañas evangelizadoras. Con el tiempo aprendí que cuando la gente responde a un llama­miento no significa necesariamente que haya entregado su vida a Cristo. Des­cubrí que la mayoría no completará su entrega si no se les da seguimiento o se visita a quienes han expresado su decisión en alguna campaña pública. Aprendí de una forma difícil que Elena G. de White tenía razón.

 

Referencias
Win Am y Charles Am, The Master's Plan for Making Disciples: How Every Christian Can Be an Effective Witness Through an Enabling Church (Pasadena: Church Growth, 1982), p. 169.

Gottfried Oosterwal, Patterns of Seventh-day Adventist Church Growth in North America (Berrien Springs: Andrews University, 1976), pp. 44, 45.

Una buena obra de consulta adventista es la de Monte Sahlin Friendship Evangelism (Siloam Springs: Concerned Communications, 1990).

James W. Zackrison, Power to Witness (Nampa: Pacific Press, 1993), p. 48.

Oosterwal, op. cit., pp. 41-44.

Donald G. McGavran, Understanding Church Growth (Grand Rapids: Eerdmans, 1990), p. 225.

Win Am, The Church Growth Ratio Book (Pasadena: Church Growth, 1987), p. 23.

«Church Growth Options for Our Church», Western Heights Church of Christ; consultado el 2 de mayo del 2006, en: http://home.texoma.net/~whcc/friend/fe2.htm.

W. Oscar Thompson y Carolyn Thompson, Concentric Circles of Concern (Nashville: Broadman Press, p. 21.

Ray Bakke y Jim Hart, The Urban Christian: Effective Ministry in Today's Urban World (Downers Grove: InterVarsity Press, 1987), p. 14.

Keith Hinton, Growing Churches Singapore Style (Singapur: Overseas Missionary Fellowship, 1985), p. 92.

Timothy Monsma, "Homogeneous Networks: A Label That Promotes Good Urban Evangelistic Strategy", Urban Mission 3 (enero 1988), p. 16.

Edwin Eames y Judith Granich Goode, Anthropology of the City (Englewood Cliffs: Prentice Hall, 1977), p. 242.

Monsma, op. cit., p. 17.

Donald A McGavran fundó el Movimiento para el Crecimiento de Iglesias utilizando un concepto que denominó "los puentes de Dios". McGavran, The Bridges of God: A Study in the Strategy of Missions (New York: Friendship Press, 1955).