De exaltado a abatido

Prof. Sikberto Renaldo Marks

 

Versículo para Memorizar: “Perfecto eras en todos tus caminos, desde el día en que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad” (Ezequiel 28:15).

 

Introducción

Imaginemos dos familias, cada una con un hijo de la misma edad. Una de ellas tiene mucho cuidado con su hijo, a quien llamaremos con el apodo de Ceca, teniendo un control total sobre lo que él hace. Supongamos que los niños tienen diez años. Estos padres bloquean el acceso a sitios no recomendados de Internet y están siempre mirando lo que Ceca hace, para controlar todo con sus respectivas prohibiciones. Además, le proveen una buena educación, hacen cultos hogareños, estudian la Biblia y otros buenos libros, además de estar involucrados en obra misionera.

La otra familia tiene igual procedimiento con su hijo, al que llamaremos Cara, pero no le prohíben nada. En relación a las cosas negativas, analizan con Cara todos los peligros, pero él es libre para escoger.

¿Cuál es la tendencia en el futuro de Cara y Ceca?

Antes de continuar, respondemos a este caso con nuestra experiencia en la vida real. Cuando nuestra hija era de corta edad, unos seis años, notamos en ella curiosidad por ver programas de televisión impropios. No era nada preocupante, pero decidimos actuar preventivamente. Preparamos la escena y los tres nos sentamos delante de la televisión para mirar alguna película inadecuada que estuvieran pasando. Obviamente no era una película de índole pornográfica, pero sí contenía escenas de violencia. Y fuimos identificando y analizando las escenas. Eso duró unos diez minutos, y ella fue dándose cuenta del peligro de todo lo que se mostraba. Nunca se lo prohibimos, pero hasta hoy, que ya está casada, no le interesan las películas impropias para los hijos de Dios.

Basados en los casos que conocemos, la tendencia en los casos de Cara y Ceca es la siguiente: Es muy probable que Ceca, aún cuando no se aparte de los caminos de la verdad, de que se convierta en una persona adulta dependiente, sin capacidad de conducir su vida. Puede no saber cómo educar a sus propios hijos. Es como si viviera en una caja, siempre necesitando preguntar a alguien qué es lo que debe y no debe hacer. En Cara vemos la tendencia de una persona con un carácter consolidado, teniendo capacidad de escoger lo correcto por cuenta propia. Pero los dos siempre podrán hacer sus elecciones, pero Ceca correrá mayores riesgos. Es lo que demuestra la práctica.

Pero hay un punto importante. Ceca podrá ser una persona limitada e infeliz, o con restricciones naturales en su conducta, debido a que su formación se basó en las prohibiciones y no con respecto a los límites.

Tenemos aquí tres posibilidades en lo que respecta a la educación: la que impone límites a través de prohibiciones; la que impone límites a través de la educación, y la que no impone límite alguno. La opción intermedia es la mejor y la más eficaz en este mundo. Sin embargo, en todos los casos, pueden surgir fallas, pero debe notarse que las personas que formaron límites a través de la educación, y que tuvieron libertad de elección, son personas más preparadas para la vida, se equivocan menos y son más felices. Y así es el modo como Dios trata a sus criaturas.

Lucifer fue probablemente la primera criatura hecha por Dios. Es cierto que era la criatura más elevada y dotada con mayor inteligencia y responsabilidad. Era libre para escoger, como todas las demás criaturas con inteligencia semejante a la divina. Por lo tanto, tenía una especial capacidad de promover la felicidad de los demás, como es el propósito de la Ley de Dios.

Pero en ese ser creado superior, se desarrolló la ambición de ser más de lo que Dios le había dado. Pensó que podía ser como Dios, sentarse en su trono. Y esto se desarrolló primero sólo como un pensamiento, que sin embargo fue acariciado, lo que hizo que esos pensamientos fueran desarrollándose hasta ser dependiente de ellos, y se transformaron en una meta por la cual había que luchar. Una pésima meta, en rigor de verdad, una obsesión. Aún cuando Lucifer bien sabía lo que estaba haciendo, por la educación que tuvo, hizo lo que al principio su propia conciencia había desaprobado, pero que más tarde, él acató. Y allí comenzó la caída de Lucifer, que llevó consigo a una enorme multitud de otros seres celestiales perfectos. Todos ellos se convirtieron en pecadores y deberán morir un día de estos.

 

El Creador de todo lo hecho

Hubo un tiempo en el pasado en el que no existía nada, sólo el vacío. La nada, y Dios. Eran los tiempos de la eternidad. Como es eso, no lo sabemos. Pero de una cosa podemos estar seguros. Dios creó todo lo que existe, y lo hizo sin necesidad de materia preexistente. El utilizó su inteligencia y su poder. La nada, el vacío, acompañaba la existencia de Dios desde la eternidad. Entonces, al crear, Dios quedó muy feliz, pues al evaluar la creación, decidió que “era buena”, buena “en gran manera”.

La creación al menos tiene algo de sentido. La teoría de la evolución supone que la explosión del Big-bang se dio a partir de una cantidad muy densa de materia. Pero ¿de dónde vino esta masa llena de energía? No vino de la nada, porque eso es imposible. No obstante, la creación de un Ser inteligente, también vino de la nada, pues fue diseñada por un Ser inteligente que la creó a partir de la nada. Pero Dios existía, y desde siempre. Es más razonable creer en un Ser que existe desde la eternidad que creer en materia muerte energizada que existía desde la eternidad.

El Universo es increíblemente complejo. Funciona a través de una infinidad de leyes que dejan todo en equilibrio. Sólo en nuestro planeta, la atmósfera que garantiza las condiciones necesarias para vida, requiere un sistema muy equilibrado de condiciones que es inimaginable que se hubieran conformado a través del azar. Hay muchas ecuaciones y leyes incorporadas en todas las cosas, para que ellas funcionen. Y eso surge de un diseño inteligente. Por ejemplo, un automóvil moderno es algo muy complejo, pero no puede compararse con una simple mosca. Ese automóvil jamás algún ser humano admitiría que se hizo por casualidad, pero sí puede opinar lo mismo de las cosas mucho más complejas. Todo para negar la existencia de un Ser Superior.

Dios es infinito. Podemos estar seguros de que aquello que los más poderosos telescopios logran ver en el Universo es apenas una minúscula porción de lo que existe, si es que el Universo puede tener alguna frontera. Y Dios es mayor que eso todavía. Hay límites para la ciencia y para el hombre que, de por sí, ya está muy limitado. No podemos aceptar que el hombre mortal, con sus malos instrumentos pueda alcanzar a tener una idea de la dimensión de todo lo que Dios ha creado. Sería muy pretencioso. Los hombres pueden perfeccionar sus instrumentos, y así puedan descubrir cada vez más, más allá de lo que estamos viendo, pero nunca llegará con todo su perfeccionamiento a poder afirmar algún día: “No hay nada más allá de lo que vemos”. El problema es que el hombre intenta explicar, basado en lo poco que sabe, lo que está muy distante. Pero poco antes del límite de lo que puede ver, en él  y después de él, cualquier explicación que intente dar estará sujeta a graves errores. El tamaño de la capacidad del ser humano caído en pecado es insuficiente como para explicar lo que Dios hizo, especialmente cuando lo que se intenta explicar está muy fuera de su alcance. El hombre entra a especular, lo que lo lleva a errores groseros, Por lo tanto, en el campo de la ciencia, y con respecto a este tema, hay que tener cuidado, pues lo que se dice puede ser una ridiculez.

Algún día aprenderemos de boca del propio Dios, todo lo que Él hizo, y tendremos la eternidad para estudiarlo, y aún así, el estudio no podrá detenerse jamás.

En la Lecciones correspondientes al tramo comprendido entre el lunes y el jueves, decidimos que Dios hable a través de su profetisa. En el comentario correspondiente al viernes comentaremos esas citas seleccionadas. Es importante aquí el estado al que llegó Lucifer. Es importante esto debido a que los pecadores, que de por sí somos seres caídos, tenemos la tendencia natural de continuar por el mismo camino de Lucifer: exaltación propia en vez de humildad. Y eso es lo que queremos evitar.

 

Un ser hermoso y perfecto

“Mientras todos los seres creados reconocieron la lealtad del amor, hubo perfecta armonía en el universo de Dios. Cumplir los designios de su Creador era el gozo de las huestes celestiales. Se deleitaban en reflejar la gloria del Todopoderoso y en alabarle. Y su amor mutuo fue fiel y desinteresado mientras el amor de Dios fue supremo. No había nota discordante que perturbara las armonías celestiales. Pero se produjo un cambio en ese estado de felicidad. Hubo uno que pervirtió la libertad que Dios había otorgado a sus criaturas. El pecado se originó en aquel que, después de Cristo, había sido el más honrado por Dios y que era el más exaltado en poder y en gloria entre los habitantes del cielo. Lucifer, el ‘hijo de la mañana,’ era el principal de los querubines cubridores, santo e inmaculado. Estaba en la presencia del gran Creador, y los incesantes rayos de gloria que envolvían al Dios eterno, caían sobre él. ‘Así ha dicho el Señor Jehová: Tú echas el sello a la proporción, lleno de sabiduría, y acabado de hermosura. En Edén, en el huerto de Dios estuviste: toda piedra preciosa fue tu vestidura… Tú, querubín grande, cubridor: y yo te puse; en el santo monte de Dios estuviste; en medio de piedras de fuego has andado. Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste criado, hasta que se halló en ti maldad’ (Ezequiel 28: 12-15.)”

“Poco a poco Lucifer llegó a albergar el deseo de ensalzarse. Las Escrituras dicen: ‘Enaltecióse tu corazón a causa de tu hermosura, corrompiste tu sabiduría a causa de tu resplandor’ (versículo 17) ‘Tú que decías en tu corazón:… Junto a las estrellas de Dios ensalzaré mi solio,.... y seré semejante al Altísimo’ (Isaías 14:13, 14) Aunque toda su gloria procedía de Dios, este poderoso ángel llegó a considerarla como perteneciente a sí mismo. Descontento con el puesto que ocupaba, a pesar de ser el ángel que recibía más honores entre las huestes celestiales, se aventuró a codiciar el homenaje que sólo debe darse al Creador. En vez de procurar el ensalzamiento de Dios como supremo en el afecto y la lealtad de todos los seres creados, trató de obtener para sí mismo el servicio y la lealtad de ellos. Y codiciando la gloria con que el Padre infinito había investido a su Hijo, este príncipe de los ángeles aspiraba al poder que sólo pertenecía a Cristo”.

“Hasta la muerte de Cristo, el carácter de Satanás no fue revelado claramente a los ángeles ni a los mundos que no habían caído. El gran apóstata se había revestido de tal manera de engaño que aun los seres santos no habían comprendido sus principios.  No habían percibido claramente la naturaleza de su rebelión”.

“Era un ser de poder y gloria admirables el que se había levantado contra Dios. Acerca de Lucifer el Señor dice: ‘Tú echas el sello a la proporción, lleno de sabiduría, y acabado de hermosura’ (Ezequiel 28:12). Lucifer había sido el querubín cubridor. Había estado en la luz de la presencia de Dios. Había sido el más alto de todos los seres creados y el primero en revelar los propósitos de Dios al universo. Después que hubo pecado, su poder seductor era tanto más engañoso y resultaba tanto más difícil desenmascarar su carácter cuanto más exaltada había sido la posición que ocupara cerca del Padre”.

 

La caída de un ser perfecto

“En el cielo, antes de su rebelión, Lucifer era un ángel honrado y excelso, cuyo honor seguía al del amado Hijo de Dios. Su semblante, así como el de los demás ángeles, era apacible y denotaba felicidad. Su frente alta y espaciosa indicaba su poderosa inteligencia. Su forma era perfecta; su porte Noble y majestuoso. Una luz especial resplandecía sobre su rostro y brillaba a su alrededor con más fulgor y hermosura que en los demás ángeles. Sin embargo, Cristo, el amado Hijo de Dios, tenía la preeminencia sobre todas las huestes angélicas. Era uno con el Padre antes que los ángeles fueran creados. Lucifer tuvo envidia de él y gradualmente asumió la autoridad que le correspondía sólo a Cristo”.

“El gran Creador convocó a las huestes celestiales para conferir honra especial a su Hijo en presencia de todos los ángeles. Este estaba sentado en el trono con el Padre, con la multitud celestial de santos ángeles reunida a su alrededor. Entonces el Padre hizo saber que había ordenado que Cristo, su Hijo, fuera igual a él; de modo que doquiera estuviese su Hijo, estaría él mismo también. La palabra del Hijo debería obedecerse tan prontamente como la del Padre. Este había sido investido de la autoridad de comandar las huestes angélicas. Debía obrar especialmente en unión con él en el proyecto de creación de la tierra y de todo ser viviente que habría de existir en ella. Ejecutaría su voluntad. No haría nada por sí mismo. La voluntad del Padre se cumpliría en él”.

“Lucifer estaba envidioso y tenía celos de Jesucristo. No obstante, cuando todos los ángeles se inclinaron ante él para reconocer su supremacía, gran autoridad y derecho de gobernar, se inclinó con ellos, pero su corazón estaba lleno de envidia y odio. Cristo formaba parte del consejo especial de Dios para considerar sus planes, mientras Lucifer los desconocía. No comprendía, ni se le permitía conocer los propósitos de Dios. En cambio Cristo era reconocido como Soberano del Cielo, con poder y autoridad iguales a los de Dios. Lucifer creyó que él era favorito en el cielo entre los ángeles. Había sido sumamente exaltado, pero eso no despertó en él ni gratitud ni alabanzas a su Creador. Aspiraba llegar a la altura de Dios mismo. Se glorificaba en su propia exaltación. Sabía que los ángeles lo honraban. Tenía una misión especial que cumplir. Había estado cerca del gran Creador y los persistentes rayos de la gloriosa luz que rodeaban al Dios eterno habían resplandecido especialmente sobre él. Pensó en cómo los ángeles habían obedecido sus órdenes con placentera celeridad. ¿No eran sus vestiduras brillantes y hermosas? ¿Por qué había que honrar a Cristo más que a él?”

“Salió de la presencia del Padre descontento y lleno de envidia contra Jesucristo. Congregó a las huestes angélicas, disimulando sus verdaderos propósitos, y les presentó su tema, que era él mismo. Como quien ha sido agraviado, se refirió a la preferencia que Dios había manifestado hacia Jesús postergándolo a él. Les dijo que de allí en adelante toda la dulce libertad de que habían disfrutado los ángeles llegaría a su fin. ¿Acaso no se les había puesto un gobernador, a quien de allí en adelante debían tributar honor servil? Les declaró que él los había congregado para asegurarles que no soportaría más esa invasión de sus derechos y los de ellos: que nunca más se inclinaría ante Cristo; que tomaría para sí la honra que debiera habérsele conferido, y sería el caudillo de todos los que estuvieran dispuestos a seguirlo y a obedecer su voz”.

“Hubo discusión entre los ángeles. Lucifer y sus seguidores luchaban para reformar el gobierno de Dios. Estaban descontentos y se sentían infelices porque no podían indagar en su inescrutable sabiduría ni averiguar sus propósitos al exaltar a su Hijo y dotarlo de poder y mando ilimitados. Se rebelaron contra la autoridad del Hijo”.

 

Querer ser como Dios

“Lucifer habría podido seguir gozando del favor de Dios, amado y honrado por toda la hueste angélica, empleando sus nobles facultades para beneficiar a los demás y para glorificar a su Hacedor. Pero el profeta dice: ‘Se te ha engreído el corazón a causa de tu hermosura; has corrompido tu sabiduría con motivo de tu esplendor’ (versículo 17.) Poco a poco, Lucifer se abandonó al deseo de la propia exaltación. ‘Has puesto tu corazón como corazón de Dios’. ‘Tú… que dijiste:... ¡Al cielo subiré; sobre las estrellas de Dios ensalzaré mi trono,  me sentaré en el Monte de Asamblea; me remontaré sobre las alturas de  las nubes; seré semejante al Altísimo!’ (Ezequiel 28:6; Isaías 14:13, 14, V. M.) En lugar de procurar que Dios fuese objeto principal de los afectos y de la obediencia de sus criaturas, Lucifer se esforzó por granjearse el servicio y el homenaje de ellas. Y, codiciando los honores que el Padre Infinito había concedido a su Hijo, este príncipe de los ángeles aspiraba a un poder que sólo Cristo tenía derecho a ejercer”.

“Lucifer había dicho: ‘Seré semejante al Altísimo’ (Isaías 14:12, 14), y su deseo de exaltación había introducido la lucha en los atrios celestiales y desterrado una multitud de las huestes de Dios. Si Lucifer hubiese deseado realmente ser como el Altísimo, no habría abandonado el puesto que le había sido señalado en el cielo; porque el espíritu del Altísimo se manifiesta sirviendo abnegadamente. Lucifer deseaba el poder de Dios, pero no su carácter”.

“Satanás cayó por tener la ambición de ser igual a Dios. Deseó entrar en los consejos y propósitos divinos, de los cuales había sido excluido porque como ser creado era incapaz de comprender la sabiduría del Ser infinito. Fue este ambicioso orgullo lo que le indujo a rebelarse, y por el mismo medio trata de causar la ruina del hombre”.

“El pecado tuvo su origen en el egoísmo. Lucifer, el querubín protector, deseó ser el primero en el cielo. Trató de dominar a los seres celestiales, apartándolos de su Creador, y granjearse su homenaje. Para ello, representó falsamente a Dios, atribuyéndole el deseo de ensalzarse. Trató de investir al amante Creador con sus propias malas características. Así engañó a los ángeles…”.

“Cuando quiera que se entreguen al orgullo y la ambición, su vida se mancilla; porque el orgulloso, no sintiendo necesidad alguna, cierra su corazón a las bendiciones infinitas del Cielo”.

“El orgullo es un temible rasgo de carácter. 'Antes del quebrantamiento es la soberbia'. Esto es verdad en la familia, en la iglesia y en la nación”.

“Los hijos de Dios debieran estar sujetos el uno al otro.  Debieran consultarse mutuamente, para que la falta de uno sea suplida por la suficiencia del otro”.

“Dios odia el orgullo y que todos los orgullosos y los quien proceden impíamente serán como rastrojo, y que el día que se acerca los quemará. Vi que el mensaje del tercer ángel tiene que obrar todavía como levadura en muchos corazones que profesan creerlo, y quitar su orgullo, egoísmo, codicia y amor al mundo”.

“Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestra alma” (Mateo 11:29).

“’¡Seré semejante al Altísimo!" (Isaías 14:13, 14, V. M.) En lugar de procurar que Dios fuese objeto principal de los afectos y de la obediencia de sus criaturas, Lucifer se esforzó por granjearse el servicio y el homenaje de ellas. Y, codiciando los honores que el Padre Infinito había concedido a su Hijo, este príncipe de los ángeles aspiraba a un poder que sólo Cristo tenía derecho a ejercer”.

“Aunque toda su gloria procedía de Dios, este poderoso ángel llegó a considerarla como perteneciente a sí mismo. Descontento con el puesto que ocupaba, a pesar de ser el ángel que recibía más honores entre las huestes celestiales, se aventuró a codiciar el homenaje que sólo debe darse al Creador.  En vez de procurar el ensalzamiento de Dios como supremo en el afecto y la lealtad de todos los seres creados, trató de obtener para sí mismo el servicio y la lealtad de ellos. Y codiciando la gloria con que el Padre infinito había investido a su Hijo, este príncipe de los ángeles aspiraba al poder que sólo pertenecía a Cristo”.

 

Satanás sobre la tierra

“Hubo un momento cuando Satanás mantuvo una relación con Dios, Jesucristo y los santos ángeles. Se lo enalteció en los cielos e irradiaba la luz y la gloria que provenían del Padre y el Hijo, pero llegó a ser desleal y perdió su santidad y su posición como querubín protector. Llegó a oponerse a Dios, apostató y se lo excluyó del cielo. Estableció su imperio y plantó el estandarte de su rebelión contra la ley de Jehová. Invitó a las fuerzas del mal a agruparse en torno a su bandera con el fin de establecer una desesperada confederación maligna para luchar contra el Dios del cielo. Luchó con perseverancia y determinación para perpetuar su rebelión y hacer que los miembros de la familia humana se apartasen de la verdad de la Biblia y se pusieran bajo su estandarte”.

“Tan pronto como el Señor, por medio de Jesucristo, creó nuestro mundo y colocó a Adán y Eva en el Jardín del Edén, Satanás proclamó su propósito de transformar a su semejanza a los padres de la humanidad y enrolarlos en las filas de su rebelión. El enemigo estaba decidido a borrar la imagen de Dios de toda descendencia humana a implantar la suya propia en lugar de la divina. Y con el fin de lograr sus propósitos adoptó métodos de engaño. Se lo llamó el padre de mentira, acusador de Dios y de quienes son leales a él y asesino desde el principio. Utilizó todo medio disponible con el fin de lograr que Adán y Eva cooperaran con él en la apostasía y logró introducir la rebelión en nuestro mundo” […].

“Generación tras generación, época tras época, Satanás ha reunido a los instrumentos humanos por medio de quienes ejecuta sus propósitos diabólicos con el fin de imponer sus planes y estratagemas en la tierra. La putrefacta fuente de maldad ha fluido continuamente a través de la sociedad humana. Al ser incapaz de destronar al Altísimo, Satanás ha atribuido a Dios sus propias características y ha reclamado para sí los atributos divinos. Es un engañador y por medio de su agudeza sinuosa, de sus prácticas tramposas, ha orientado hacia él todo el honor y la honra que los seres humanos deben brindarle a Dios y ha interpuesto su trono satánico entre los adoradores humanos y el divino Padre”.

“El autor del Apocalipsis predice el destierro de Satanás y el estado caótico y de desolación a que será reducida la tierra; y declara que este estado de cosas subsistirá por mil años. Después de descritas las escenas de la segunda venida del Señor y la destrucción de los impíos, la profecía prosigue: ‘Y vi un ángel descender del cielo, que tenía la llave del abismo, y una grande cadena en su mano. Y prendió al dragón, aquella serpiente antigua, que es el Diablo y Satanás, y le ató por mil años; y arrojólo al abismo, y le encerró, y selló sobre él, porque no engañe más a las naciones, hasta que mil años sean cumplidos: y después de esto es necesario que sea desatado un poco de tiempo’ (Apocalipsis 20: 1-3.)”

“Según se desprende de otros pasajes bíblicos, es de toda evidencia que la expresión ‘abismo’ se refiere a la tierra en estado de confusión y tinieblas. Respecto a la condición de la tierra ‘en el principio’, la narración bíblica dice que ‘estaba desordenada y vacía; y las tinieblas estaban sobre la haz del abismo’ (Génesis 1:2). Las profecías enseñan que será reducida, en parte por lo menos, a ese estado. Contemplando a través de los siglos el gran día de Dios, el profeta Jeremías dice: ‘Miro hacia la tierra, y he aquí que está desolada y vacía; también hacia los cielos miro, mas no hay luz en ellos. Miro las montañas, y he aquí que están temblando, y todas las colinas se conmueven. Miro, y he aquí que no parece hombre alguno, y todas las aves del cielo se han fugado. Miro, y he aquí el campo fructífero convertido en un desierto, y todas sus ciudades derribadas’ (Jeremías 4:23-26, V.M.)”.

“Aquí es donde, con sus malos ángeles, Satanás hará su morada durante mil años. Limitado a la tierra, no podrá ir a otros mundos para tentar e incomodar a los que nunca cayeron. En este sentido es cómo está atado: no queda nadie en quien pueda ejercer su poder. Le es del todo imposible seguir en la obra de engaño y ruina que por tantos siglos fue su único deleite”.

 

Aplicación del estudio

¿Cuál fue la causa de la caída de Lucifer?

Analicemos el versículo que explica esta impresionante caída. “Se enalteció tu corazón a causa de tu hermosura, corrompiste tu sabiduría a causa de tu esplendor” (Ezequiel 28:17). La respuesta está en ese versículo. La causa de la caída de Lucifer es la misma por la cual muchos seres humanos también caen, y pierden la vida eterna, incluso los integrantes del pueblo escogido de todos los tiempos, aún de los tiempos actuales.

¿Cuál fue, entonces esa causa? A través de una lectura superficial, se podría llegar a la conclusión de que la causa fue la hermosura y el esplendor con el cual Lucifer fue dotado. Pero no fue esa la causa. Si así lo fuera, quien debería haber sido culpado por la desgracia de este ángeles, de millones de otros ángeles, y de la raza humana, tendría que haber sido Dios, no Lucifer, pues el Creador habría exagerado la belleza de ese ser. Casi podríamos llegar a esa conclusión al leer “Se enalteció tu corazón a causa de tu hermosura”. La expresión “a causa” parece confirmar que Lucifer se envaneció por culpa de la belleza que poseía, y por eso fácilmente podría concluirse que esa fue la razón de la caída. Pero no es así. No culpemos a Dios.

La razón de la caída de Lucifer fue “se enalteció tu corazón”, o sea, se miró en el espejo equivocado, donde se veía a sí mismo, y no a Dios. En ese espejo, él vio el “yo”, y no al Creador que lo había creado. Entonces pensó “¡Cuán bello soy!”, y dejó de pensar “¡Cuán bello me hizo Dios!”. Se enfocó en sí mismo, y considerándose hermoso, se enorgulleció para dejar de gloriar a Dios, quien lo había creado, y pasó a buscar más gloria para él.

Una de las características de la perfección bien puede ser la belleza. Todo lo que Dios hace, en perfección, es bello. Dios también es así, indescriptiblemente hermoso. A través del texto que estamos analizando, Lucifer, considerándose hermoso, quiso serlo más, quiso ser como Dios era, o sea, como Jesús. Y aún más, deseó tener el poder de Jesús, el derecho a ser adorado. Quería una posición más elevada en la que estaba, quería el máximo nivel, el de Dios. Quiso ser “semejante al Altísimo”, ¡Quiso ser Dios mismo! O, como mínimo, ser como Dios. Mirándose demasiado hacia sí mismo, perdió también la capacidad de ser humilde, de ser siervo, y desear ser el mayor de todos. Quería poder, algo por lo cual los hombres hasta hoy luchan y provocan destrucción y muerte. Y en la incesante lucha por el poder, por destacarse por encima de los demás, vale todo, desde un guardarropa bien diferenciado, tinturas y maquillajes, automóviles costosos y otros artículos para enaltecer el “yo”.

Hoy todavía se repite, o se actúa, tal como Lucifer. El dijo “Seré semejante al Altísimo”, y hoy se dice: “Seré semejante a mis ídolos”. Días atrás estábamos veraneando en un descanso de cinco días en una zona de aguas termales, y hablábamos con una de las personas que trabajaban en el lugar. Y nos contó cuál era su mayor sueño: que sus hijos fueran jugadores de fútbol de un equipo grande. Las niñas quieren ser modelos, o reinas de belleza. Otras quieren ser artistas de televisión o cine, o si no, cantantes. Las personas se miran en el espejo donde aparece el “yo”, no donde puedan ver a Dios, para hacerse semejantes a Él en carácter. Y en esto no nos estamos desviando del tema, seguimos analizando la principal causa de la caída de los seres humanos, lo que derivó en la pérdida de la vida eterna: el enfocarnos en el “yo”. Fue así que todo comenzó. No en vano es que uno de los mandamientos trata exactamente de eso: “No codiciarás”.

La caída de Lucifer afectó el Cielo, la tierra, y repercutió en todo el universo. Hay cierta aprensión en el universo acerca del desenlace de este gran conflicto, así como lo hubo cuando Jesús fue crucificado. En este desenlace Satanás está utilizando las estrategias más astutas que podamos imaginar. O, tal como la lección lo explica someramente en la sección correspondiente al Jueves, al decir: “Satanás trabaja de diversas maneras para engañarnos, para apartarnos de una relación salvadora con Cristo, y no se opone a usar a otros cristianos profesos” para hacerlo. Del libro Testimonios para los ministros, cuya lectura recomiendo insistentemente, extraemos algunas citas que debieran servir de advertencia a todos aquellos que tengan un sincero deseo de ser salvos. Sugiero una lectura inmediata, con reflexión y oración, de la sección “Las trampas de Satanás”, comprendida entre las páginas 480-484 porque allí está explicada la estrategia de Satanás para la Iglesia Adventista de estos últimos días. Es importante conocer esa estrategia, pues ingenuamente podríamos estar siendo agentes suyos, y ni siquiera saberlo. Dice Satanás acerca de su estrategia:

“Pero antes de proceder a estas medidas extremas debemos ejercer toda nuestra sabiduría y sutileza para engañar y entrampar a los que honran el verdadero sábado. Podemos separar a muchos de Cristo por la mundanalidad, la concupiscencia y el orgullo. Se pensarán seguros porque creen la verdad, pero la complacencia del apetito o de las bajas pasiones, que confundirá el juicio y destruirá la discriminación, producirá su caída”.

"Id, haced que los poseedores de tierras y de dinero se embriaguen con los cuidados de esta vida. Presentad el mundo delante de los hombres en su luz más atractiva, para que depongan su tesoro aquí y fijen sus afectos en las cosas terrenales. Debemos hacer todo lo que podamos para impedir que los que trabajan en la causa de Dios obtengan medios para usar contra nosotros. Mantened el dinero en nuestras filas. Cuantos más medios obtengan ellos, más perjudicarán nuestro reino arrebatándonos nuestros súbditos. Preocupadlos más por el dinero que por la edificación del reino de Cristo y la difusión de las verdades que nosotros odiamos, y no necesitamos temer su influencia; porque sabemos que toda persona egoísta y codiciosa caerá bajo nuestro poder, y finalmente será separada del pueblo de Dios”.

"Usando a los que tienen una forma de piedad pero no conocen el poder, podemos ganar a muchos que de otra manera nos harían daño. Los amantes del placer más que amantes de Dios serán nuestros ayudadores más eficaces. Los que pertenecen a esta clase y que son aptos e inteligentes servirán como cebo para atraer a otros a nuestros anzuelos. Muchos no temerán su influencia, porque profesan la misma fe. Así los induciremos a sacar la conclusión de que los requerimientos, de Cristo son menos estrictos de lo que una vez creían, y que conformándose con el mundo podrían ejercer una mayor influencia sobre los mundanos. Así se separarán de Cristo; entonces no tendrán ninguna fuerza para resistir nuestro poder, y antes de mucho estarán listos para ridiculizar su primer celo y devoción”.

Satanás indujo, allá en el Cielo, al principio de la rebelión, a excelentes ángeles a volverse contra Dios. Y de cada tres ángeles, uno cayó en sus maquinaciones. Actualmente está seduciendo a personas, muchas de ellas de dentro de la iglesia, especialmente a las que hace poco se han bautizado, a vivir un estilo de vida conformado con algo del cielo y con algo de la tierra. Alcanza con presenciar un culto cualquiera de la iglesia, y fácilmente se verán dichas personas, desafortunadamente, sirviendo como instrumentos de Satanás, y la mayoría no sabe lo que está haciendo. Muchos de esos malos ejemplos son personas influyentes de la iglesia, ocupan altas responsabilidades; otros buscan asemejarse a ellos y siguen su mal testimonio. Y reiteramos, en muchos casos se trata de la escasa preocupación por las cosas santas de Dios, y sí con la preocupación con la vanidad forjada por el poder de los medios de comunicación. Como ha sido profetizado en el libro citado, es una de las estrategias de Satanás contra la iglesia en estos últimos días. Y está en pleno proceso, causando muchas bajas dentro del pueblo de Dios.

No me corresponde condenar a las personas, pero si advertirles, y eso es lo que estoy haciendo. No me corresponde tratar este asunto y tomar decisiones, para eso está el liderazgo de la iglesia. En estos comentarios me compete exponer con claridad, lo máximo posible aún a pesar de mi insignificancia, cuál es el camino de la salvación según los escritos sagrados, el cual es el estrecho, no el ancho, y la perfecta distinción del camino de la perdición. Después, que cada uno tome su decisión persona, si continuará mezclando el mundo con la iglesia (pensando que aún así se obtendrá la salvación), o por la purificación para vida eterna. “Debemos renunciar a nuestros propios caminos, a nuestra propia voluntad y a nuestros malos hábitos y prácticas. El que quiere servir a Cristo no puede seguir las opiniones ni las normas del mundo”.

 

 

Elena G. de White, Patriarcas y profetas, pp. 13, 14.

White; El Deseado de todas las gentes, p. 706.

White, La historia de la redención, pp. 13-15.

White, El conflicto de los siglos, p. 548.

White, El Deseado de todas las gentes, pp. 402, 403.

White, Joyas de los testimonios, tomo 2, p. 307.

White, El Deseado de todas las gentes, p. 13.

White, Patriarcas y profetas, p. 43.

White, Testimonies for the church, tomo 4, p. 377; citado en La fe por la cual vivo, p. 70.

White, Review and Herald, 18 de abril de 1871; citado en El ministerio de la bondad, p. 210.

White, Mensajes para los jóvenes, p. 127.

White, El conflicto de los siglos, p. 548.

White, Patriarcas y profetas, pp. 13, 14.

White, Cristo triunfante [Meditaciones matinales 2002], 4 de enero.

White, El conflicto de los siglos, pp. 716, 717.

Vestiduras de gracia [Guía de estudio de la Biblia, edición para Maestros], p. 24.

White, Testimonios para los ministros, pp. 482, 483.

White, El discurso maestro de Jesucristo, p. 117.