ESTUDIO ACERCA DE LA VIRGEN MARÍA

 

          La figura de María ha constituido tema de controversia ininterrumpido en la historia del cristianismo desde, al menos, el siglo IV. Para millones de personas, María constituye objeto de culto preferente, convencidas de que aquello que no se puede obtener del Padre es más fácil conseguirlo a través de la Madre; e iglesias como la Católica y las orientales centran buena parte de su teología y práctica en torno a este personaje.

          María sigue estando de moda. Basta con contemplar el número de peregrinos que afloran a enclaves como Fátima, Lourdes o Garabandal, o a la venta de imágenes que pretenden representarla, para convencerse de que así es.

          Los últimos papas –en especial el presente, Juan Pablo II-  han hecho especial hincapié en el culto a María e incluso millares de personas creen sin asomo de duda en que la unidad de todos los cristianos se alcanzará por “María”.

          Todos los calificativos parecen escasos a la hora de referirse a ella. Se la denomina Reina de los Cielos, Madre de Dios, Inmaculada Concepción, Madre nuestra, Corredentora, Señora de la buena muerte, etc., y se tiene la convicción de que su poder se extiende desde este mundo hasta el otro con una suave clemencia de la que Dios carece. No es extraño por tanto que, sosteniendo semejantes puntos de vista, a su supuesto regazo de dulzura se encaminen las almas.

          Ahora bien, ¿cuenta con alguna base cristiana toda esta devoción? ¿Se sustenta en realidades o, por el contrario, no es sino un conjunto de conductas que nada tienen que ver con el mensaje del Evangelio?

 

UNICAS MENCIONES DE MARÍA EN LA BIBLIA.

  1. La Anunciación – Lc. 1: 26-38.
  2. Visita a Elisabeth – Lc. 1: 39-45.
  3. “Magnificat” (Glorifica) – Lc. 1: 46-55.
  4. Nacimiento de Jesús – Mt. 1: 18-25.
  5. Los pastores – Lc. 2: 22-35.
  6. María en el Templo – Lc. 2: 22-35.
  7. La huída a Egipto – Mt. 2: 13-23.
  8. Jesús a los doce años – Lc. 2: 41-52.
  9. En las bodas de Caná – Jn. 2: 1-5.
  10. Quién es mi Madre? – Mt. 12: 46-50.
  11. Alabanzas de una mujer – Lc. 11: 27-28.
  12. Junto a la cruz – Jn. 19: 25-27.
  13. María junto con los apóstoles en Jerusalén – Hch.1: 14.

 

En Lc. 1: 46-55, aparece el “Magnificat” donde se ofrece una visión teológica de María y donde María engrandece a Dios y se alegra en Dios, al que considera su Salvador.

En las bodas de Caná (Jn. 2: 1-11), se registra de que el vino se había acabado, provocando una rapida reacción de María, quién hizo notar a Jesús la falta de vino.
Cuando uno vuelca el texto griego de Juan, se evidencia de que Jesús estaba rechazando cualquier tipo de “mediación” de su Madre. No sólo la llamaba “mujer”, una referencia clara de que no tendría ningún privilegio por haberle dado a luz, sino que también afirmaba que su petición no tenía lugar. María captó la respuesta de Jesús y no insistió. Fue entonces cuando María supo situarse en su lugar, no interfiriendo en la actuación de Jesús cuando este obró el milagro.
Cuando María y los hermanos de Jesús en Mt. 12: 48-50 pretendieron interrumpir la predicación de Jesús para hablar con él, su respuesta no pudo haber sido más clara.
En ningún momento, Jesús otorgó una consideración especial a su madre por razón de serlo. De hecho, consideraba de igual valor para él a cualquiera que hiciera la voluntad de Dios. En Lc. 11: 27-28 vemos a los ojos de Jesús es más importante obedecer la palabra que ser miembro de su familia.

En Jn. 19: 25-27, mientras Jesús soportaba los terribles dolores en la cruz, dejo a María al cuidado del discipulo amado, ya que los hermanos de Jesús no creían en él, según Jn. 7: 5 y serían de poca ayuda al dolor de ella. Jesús se ocupó de ella, pero jamas consideró que su madre tuviera derecho a interferir, aún con la mejor intención en su ministerio. Tampoco creyó que estuviera dotada de especiales consideraciones o privilegios por el hecho de ser su madre.
Después de la muerte de Jesús y posterior resurrección, sabemos que María estuvo presente en el Aposento Alto, según Hch. 1: 14. A partir de este pasaje no hay más rastro en las Sagradas Escrituras con relación a ella, lo que indica que su importancia dentro de la iglesia apostólica fue muy limitada o inexistente.
 ¿Cuál era la familia de María?
La tradición señala que María nació del matrimonio formado por Joaquín y Ana. La existencia de los mismos llegó a resultar tan indiscutible para la iglesia de la edad media que ambos fueron canonizados y todavía hoy, la iglesia católica celebra su fiesta el 26 de Julio (en 1584 por el papa Gregorio XIII). En virtud de su condición de santos canonizados, Joaquín y Ana pueden recivir culto por parte de los fieles y se les supone intercesores ante Dios en favor de los que se dirijen a ellos en oración.
Pese a lo serio de esto, lo cierto es que no contamos con ninguna referencia a estos personajes con anterioridad a los escritos apócrifos, conocidos como el proto-evangelio de Santiago (siglo IV). Evangelio del seudo Mateo (siglo VI) y el libro de la natividad de María (siglo IX).
La vinculación de estas obras con círculos de herejes como los Ebionitas, los Docetistas, el Maniqueistas y Priscilianistas está claramente establecidos. La arqueología a demostrado que esta tradición carece de base en los documentos escritos.
El personaje de Ana, la madre de María, se ha convertido en una santa que disfruta de un gran número de fieles en muchos países. Desde que se le levantó un Templo en el siglo IV en Jerusalén, su popularidad no ha dejado de aumentar. No hay pruebas arqueológicas de que santa Ana existiera. Aquellos que rinden culto a santa Ana desconocen que estan participando en ceremonias de origen pagano en las que se veneraba religiosamente a Ana (proveedora de víveres y ninfa de las aguas); o a Dana, la diosa de los Celtas.

 

Se cree que María murió poco después del pentecostés y, aunque la leyenda a querido situarla en Efeso acompañando a Juan, fue sepultada en Jerusalén, y allí reposaron sus restos mortales hasta la guerra judía de Barcoquebas, donde las tropas romanas de Adriano profanaron los lugares sagrados del Judeo-Cristianismo, entre ellos, la tumba de María, ya que su cuerpo fue destruido en medio de esta corriente de barbarie(135 D. C.).

TRADICIÓN CATÓLICA.

 

El cuerpo de la Virgen no sufrió corrupción sino que subió a los cielos junto con su alma a la edad de 72. Su muerte no fue causada ni por la vejez ni por enfermedad alguna sino por el anhelo del amor divino que ardía en su alma. La iglesia afirma también que por la Omnipotencia de Dios su cuerpo resucitó glorioso e inmortal, y fue llevada al cielo por los ángeles. Este dogma lo declaró la fe y obligatorio el Papa Pío XII en la Bula “Munificentissimus Deus” el día 1 de noviembre de 1950 de la siguiente manera: “Definimos ser dogma de revelación Divina que la inmaculada Madre de Dios siempre Virgen María, cumplido el curso de su vida sobre la tierra, fué llevada en cuerpo y alma a la gloria celestial”.

LA ASCENCIÓN DE MARÍA AL CIELO.

Para ser honestos con las fuentes históricas, la ausencia de referencias a la Asunción de María no sólo se halla en el Nuevo Testamento, sino también en los escritos cristianos de los primeros siglos. De hecho, en Oriente, la festividad relacionada con este suceso no se instituyó hasta el siglo sexto. Además tardó por lo menos un siglo en ser aceptada en el Occidente.
Lo cierto es que hasta el 1 de noviembre de 1950 no definió el papa Pío XII tal creencia como dogma.
La festividad de la Asunción de María está basada en el Evangelio apócrifo de Juan (del siglo IV, y en el libro denominado “Tránsito de María” de los siglos IV y V D.C.).
El dogma de la Asunción de María arrancó en una secta herética; se transmitió inicialmente por el hereje Leucio y se impuso finalmente gracias a una falsificación del siglo IX y consagrada como dogma con un Papa del siglo XX.

 

LA INMACULADA CONCEPCIÓN.

El dogma del 8 de diciembre de 1854, incluido en la Bula Pontifícia “Ineffabilis Deus” lo define así: “La doctrina que sostiene que la bienaventurada Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de culpa original en el primer instante de su concepción, por singular gracia y privilegio de Dios Omnipotente, en previsión de los méritos de Jesucristo, Salvador del género humano. Está revelada por Dios y debe ser, por tanto, firme y constantemente creída por todos los fieles”.
La primera referencia a una concepción sin pecado de María es de Julián de Eclana durante el siglo V  D. C. Este autor pertenecía a la secta herética de los pelagianos, que negaba los efectos de la caída en los descendientes de Adán.
San Agustín afirmaba que si María no estaba bajo el poder del diablo, se debía, no a que no hubiera nacido sin pecado (como pretendía Julián de Eclana), sino a que su nuevo nacimiento espiritual (Juan 3), debido a la gracia de Dios la había librado de ello. Resulta paradójico que cerca de un milenio después, la iglesia católica abrazaría la postura del hereje y rechazaría la de Agustín.
Durante el siglo XIII, los teólogos escolásticos como el famoso Tomás de Aquino, consagrado doctor de la iglesia católica, luego afirmaron claramente que María había pecado.
A finales del siglo XIII, gracias a los esfuerzos de Duns Scoto, la tesis de que María había nacido sin pecado original comenzó a ganar terreno del seno del catolicismo, por tanto con el apoyo de los franciscanos. A casi 1500 años del nacimiento de María, no existía ninguna seguridad de que su concepción hubiera sido inmaculada. Finalmente, un concilio reunido en Basilea en 1439 definió como dogma la inmaculada concepción de María.
Como hemos podido comprobar en las páginas precedentes, la figura de María recibió una progresiva valorización durante los siglos finales de la Edad Media. Junto con la disputada tesis de su inmaculada concepción –que no acabó de quedar zanjada y que tenía orígenes heréticos— se llegó a considerarla dotada de un especial poder relacionado con la salvación de los hombres.

 

 

 

EXPRESIONES HERETICAS Y PROFANAS ACERCA DE MARÍA.

San Aselmo: Dice que, cuando recurrimos a la Madre de Dios, no solo debemos estar seguros de su protección, sino que seremos a veces más pronto escuchados y atendidos recurriendo a María e invocando su santo nombre que invocando el nombre de nuestro Salvador Jesucristo.
(Las glorias de María, Alfonso María de Ligorio, pág. 605, B. A. C.).

Nicéforo: Muchas cosas se piden a Dios y no se alcanzan, y se piden a María y se alcanzan.
(Las glorias de María, pág. 605 y 606, B. A. C.)

Santo Tomás de Villanueva: Señora, no sabemos más refugio que el vuestro. Vos sola sois la esperanza en quién confiamos, vos sola la abogada en quién ponemos los ojos.
(Las glorias de María, pág. 594).

Ricardo de San Lorenzo: Dice que antes de que viniera María al mundo, lamentábase Dios de que no hubiera quién contuviese los castigos contra los pecadores, pero que, nacida María, está encargada de detenerlos.
(Las glorias de María, pág. 595).

San Jorge, Obispo de Nicomedia: Dice que Jesucristo, ejecutando las órdenes de su madre, no hace, en cierto modo más que pagarle la deuda contraída con ella por haber consentido en darle el ser de hombre.
(Las glorias de María, pág. 655).

Ricardo de San Victor: Decía: María reparó la caída de los ángeles y reconcilió con Dios a la naturaleza humana.
(las glorias de María, pág. 763).

El papa Benedictino XV en 1918 decía de María lo siguiente:
“Estuvo presente, padeció y casi murió con su hijo…de suerte que redimió con Cristo a la humanidad”.

El papa Pío XI, al clausurar el jubileo de la redención en 1935, invocó a María recordandola al pie de la Cruz “sufriendo como corredentora”.

 

MARÍA EN EL CULTO CATÓLICO.

Iglesias dedicadas en Roma.

A Cristo, nuestro Salvador, 15 iglesias .
A María, 121 iglesias.

 

Festividades liturgicas al año.

A Cristo, 22 festividades.
A María, 41 festividades.

El Rosario.

Está formado 166 cuentas
                 155 “Aves” u oraciones a María.
                        15 “Padre-nuestros”.
                          1 Credo.

 

A María no se le deben dirigir oraciones y peticiones.

Mt. 6 (Padre nuestro).

María no es mediadora.

Jn. 14: 16.
1 Tim. 2: 5.

María no es abogada.

1 Jn. 2: 1.

María no puede salvarnos.

Hch. 4: 12.

 

 

A lo largo de un proceso reflejado en fuentes innegables como las declaraciones papales, los documentos del Vaticano II o el reciente catecismo de la Iglesia Católica (1992), queda de manifiesto que la creencia en María sólo ha ido recibiendo aportaciones nuevas que, posiblemente, podrían abocar en el futuro en la definición de nuevos dogmas como el de la corredención de María o el de su mediación universal. Ambas creencias, de hecho, son expresamente enseñadas como verdaderas en documentos pontificios.

 

BIBLIOGRAFÍA:

  1. Diccionario de las tres religiones monoteistas (Madrid, Alianza 1993).
  2. Diccionario de patristica, Estella 1992.
  3. Enciclopedia Larousse.
  4. Enciclopedia Britanica.
  5. Enciclopedia Católica.
  6. Enciclopedia Cumbre.