El DIOS de los excluidos
Ángel Manuel Rodríguez


PREGUNTA: ¿Puede Isaías 56:3-8 abolir la ley de
Deuteronomio 23:1-4?


Deuteronomio 23:1-4 contiene una lista de los excluidos de la “congregación de Jehová”. Se menciona los mutilados sexuales, los hijos de relaciones prohibidas, y cuatro grupos étnicos específicos: los amonitas, los moabitas, los edomitas y los egipcios. En Isaías, sin embargo, Dios afirmó que no excluiría a los eunucos y a los extranjeros como parte de su pueblo. Se anuncia una situación que parece tornar irrelevante la ley anterior. El Señor parece ser más abierto y amante en Isaías que en Deuteronomio. ¿Es así?
1. Mire el contexto: En el Antiguo Testamento, la exclusión de los grupos étnicos mencionados no se aplicó de manera indiscriminada. Sabemos, por ejemplo, que la moabita Rut se unió de propia voluntad a la fe de Israel (Rut 2:10).
Deuteronomio deja en claro que los edomitas y los egipcios no estaban excluidos permanentemente de la congregación del Señor.
Se dan dos razones para la exclusión de las naciones. En primer lugar, los amonitas y los moabitas no fueron compasivos con Israel en su momento de necesidad. En segundo lugar, los moabitas en particular procuraron corromper al pueblo de Israel. En estos términos, Cristo apoya la exclusión (Mat. 25:41-46) y también lo hacen Pablo (1 Cor. 5:1-5) y Juan (3 Juan 9-11).
Es probable que la exclusión de los eunucos no haya sido aplicada en forma indiscriminada; sabemos que tales mutilaciones eran parte de las prácticas religiosas y rituales de las demás naciones. La razón más probable de esta exclusión de la congregación de Jehová eran sus lealtades divididas. El texto también excluye a personas que resultaran de una relación prohibida y sus descendientes (Deut. 23:2), lo que por lo general designa a los niños nacidos como resultado de la prostitución ritual que eran dedicados, junto con sus descendientes, a una deidad en particular. Al excluirlos de la congregación, el Señor estaba rechazando una práctica pagana. La conexión de esta ley con el pasaje de Isaías es algo más compleja y está abierta a varias posibilidades.
2. ¿Es abolido el mandato divino? Una lectura superficial de Isaías podría dar la impresión de que el nuevo mensaje profético reemplaza al antiguo, pero esto no es así. En primer lugar, el Señor anunció a los extranjeros que serían bienvenidos en su templo y que sus sacrificios serían aceptados (cap. 56:7). Los eunucos tendrían acceso al templo y su memoria sería preservada (vers. 5). Pero esas promesas eran condicionales y, en consecuencia, no anulaban la ley. Las naciones y los eunucos se unirían al pueblo de Dios sólo si guardaban el sábado y establecían una relación de pacto con él. De otra manera, la ley de exclusión aún era válida.
3. ¿Quiénes conforman la “congregación de Jehová”? La interpretación previa podría parecer algo débil. Por lo tanto, permítanme mencionar otra manera de responder. La palabra hebrea para “congregación” (cahal) a menudo designa a la totalidad de Israel como comunidad de adoración, pero puede también designar a un grupo más específico de israelitas. Lo más probable es que hombres adultos formaran esta asamblea, como organismo legal de gobierno. No era lo mismo que la totalidad del pueblo de Israel (1 Crón. 13:2-4); poseía autoridad para repartir heredades a suerte (Miq. 2:5), tomar decisiones judiciales ante supuestos delitos (Jer. 26:16), llevar a cabo ejecuciones judiciales (Eze. 16:40) y aconsejar al rey (1 Rey. 12:3).
Si la frase “la congregación de Jehová” de Deuteronomio 23:1 posee ese significado técnico, como parece ser el caso, el grupo mencionado sólo está excluido de formar parte del gobierno de la nación; es decir, se limita su influencia. Siendo así, el texto de Isaías no se relaciona de manera directa con Deuteronomio 23:1-8. Esto se apoya en el hecho que Isaías analiza la condición futura de todos los extranjeros, mientras que Deuteronomio sólo menciona cuatro naciones.
En el caso de los eunucos, su preocupación no era quedar excluidos del templo por ser eunucos. El texto presupone que tenían acceso al templo. Al no tener descendencia, se preguntaban si su memoria caería en el olvido. El Señor prometió darles lugar en su casa y dentro de sus muros, “y nombre mejor que el de hijos e hijas” (Isa. 56:5).
El Señor, que no cambia, siempre ha amado a las personas de todas las naciones; en particular a los excluidos. Eso te incluye a ti... y a mí.
Ángel Manuel Rodríguez es director del Instituto de Investigaciones Bíblicas de la Asociación General.