Los Dones Espirituales

La ciencia de ganar almas
Carlos Martín

En algunas versiones de la Biblia la palabra dones ha sido colocada en le­tra cursiva. Se ha intentado trasmitir la idea de que no existe un término equivalente en el texto griego. La palabra dones ha sido añadida por los traductores en un intento por hacer más lógica la lectura.
Una traducción literal del texto griego sería: «Ahora bien, respecto a espiri­tuales, hermanos, no quiero que estén en la ignorancia» (1 Corintios 12:1). Aunque el motivo para añadir la palabra dones es válido, también es cierto que ha dado origen a resultados indeseables. Hemos llegado a pensar que un «don espiritual» es algo que Dios nos concede de forma particular. Tenemos la tendencia a pensar que Dios me ha concedido este o aquel don; que el mismo es algo mío, personal. Luego se destapa el orgullo y comenzamos a hacer alarde de nuestros «dones» como si fueran galardones de mérito. Esa no es la forma en que Dios quiso que consi­deráramos los dones espirituales, tampoco es lo que los traductores tenían en mente al añadir la palabra don.
Aquello que por lo general se entiende como dones espirituales no es algo que se parezca a un don. Son talentos concedidos a la iglesia, o a individuos específicos. Si yo disfruto un don espiritual, no es que ahora sea «mi» don. Sen­cillamente soy la persona que aporta ese don a la iglesia. Lo que llamamos «dones» del Espíritu deberían ser considerados como «instrumentos espirituales» cuyo fin es capacitar a los creyentes para el servicio del reino de Dios a través de la iglesia. Finalmente, los dones espirituales se nos conceden con el propó­sito de ganar almas y con el fin de ayudar al crecimiento del reino de Dios. Los dones nos alistan para llevar a cabo la obra de la iglesia.
Según 1 Corintios 12:1-7, los dones espirituales son destrezas, o la fortaleza que el Espíritu Santo les concede a los creyentes. El objetivo es que se empleen en servir y beneficiar a los demás, asimismo para el adelantamiento de la causa de Dios. Son de carácter espiritual (pneumatikon, versículo 1). Concedidos por gracia y fundamentados en el amor del dador (charismaton, versículo 4). Capaces de fortalecer, son «energizantes», semejantes a «oleadas de poder» (energematon, versículo 6). Enfocados al «servicio o al ministerio» (diakonia, versículo 5).
En resumen, los dones espirituales o poderes, los concede el Espíritu Santo a los creyentes con el fin de que los empleen en su servicio, para beneficiar a otras personas y para contribuir al crecimiento el reino de Dios.
Las principales listas de dones que aparecen en la Biblia son:

Romanos 12:6-8

1 Corintios 12:4-11

Efesios 4:8-12

Aplicables a:

Profecía     

Sabiduría

Apóstoles

Celibato (1 Corintios 7:7)

Enseñanza

Conocimiento

Evangelistas

Votos de pobreza (1 Corintios 13:3)

Servicio

Fe

Pastores

Martirio (1 Corintios 13:3)

Dádivas

Sanidad

 

Hospitalidad (1 Pedro 4:9)

Liderazgo

Milagros

 

Exorcismo (Hechos 19:11-13)

Misericordia

Discernimiento

 

Servicio misionero (Romanos 11:13)

Exhortación

Lenguas

 

 

 

Interpretación

 

 

 

Ayudas

 

 

 

Administración

 

 

En 1 Corintios 12 y en Efesios 4 se mencionan otros dones. Sin embargo, los incluidos aquí no se mencionan en otros pasajes.
Frutos y talentos
Los dones espirituales y los talentos son conceptos diferentes. Cualquier persona puede poseer aptitudes y habilidades que también representan dones de Dios. Sin embargo, los talentos son dones con los que se nace. Por otro la­do, los dones espirituales son concedidos al momento del nacimiento espiri­tual. Los talentos son aptitudes y destrezas que se manifiestan en la vida sin que dependan del Espíritu Santo. Los talentos naturales pueden ser utilizados para beneficio personal, o como un medio para ganarse la vida. Pero los dones espirituales tienen el propósito de ser utilizados para el avance de la obra de Dios aun cuando se complementen con los talentos naturales.
Todo ser humano posee talentos naturales. Los no creyentes poseen talen­tos, no así dones espirituales; mientras que los creyentes poseen ambos. Los talentos naturales pueden ser transformados por Dios en dones espirituales. Algunas veces, quizá muy a menudo, los dones espirituales mejoran los talen­tos existentes, pero no siempre ese es el caso. Algunos predicadores, por ejem­plo, eran buenos oradores antes de que comenzaran a predicar; y hay otros que han recibido el don especial de predicar, algo que no tenían antes de ser llamados por Dios. En ocasiones se les conceden dones espirituales a algunas personas que difieren por completo de sus talentos naturales.
Los frutos del Espíritu son mencionados en Gálatas 5: 22, 23. Existen dife­rencias entre los frutos del Espíritu y los dones del Espíritu. (Ver página 24).
Tipos de dones
La Biblia no hace distinción entre los dones espirituales. Los dones espiri­tuales se pueden clasificar de diferentes maneras. Las siguientes categorías pue­den hacer más fácil entender la forma en que los diversos dones encajan en el patrón de trabajo de la mayor parte de las iglesias.
Dones relacionados a la testificación y la evangelización: predicación, mi­lagros, sanidad, misericordia, lenguas, interpretación de lenguas, votos de po­breza, exorcismo, espíritu misionero. Su resultado es el crecimiento de la iglesia.
Dones relacionados a la madurez espiritual de la iglesia. Estos dones ayu­dan al crecimiento espiritual y proveen oportunidades de adiestramiento a los discípulos. Asimismo edifican a la feligresía: profecía, enseñanza, pastorado, conocimiento, sabiduría, exhortación, discernimiento de espíritus, oración intercesora, hospitalidad.
Dones relacionados con las actividades administrativas de la iglesia: ad­ministración financiera, mantenimiento de edificaciones y apoyo a los miem­bros.
Muchos autores que se han ocupado del tema de los dones espirituales han intentado agruparlos en categorías o conjuntos. Algunos dones están íntima­mente relacionados. Para fines prácticos se han organizado en grupos. (Ver página 25.)

Frutos

Dones

Crecen

Son concedidos

Se desarrollan

Se identifican

Se espera que todo creyente los manifieste

Únicamente se manifestarán los que se han concedido

Son el resultado del crecimiento espiritual

Son aspectos de la vida espiritual

Dependen de las relaciones con los semejantes y con Dios

Dependen de los frutos y de la obediencia

Duraderos

Temporales

Vinculados a Dios

Vinculados a una tarea

Caracterizan al creyente

Describen lo que el creyente hace

Una persona por lo general recibe un conjunto de dones espirituales y no uno solo. Es más, pareciera que la mayor parte de la gente ha recibido una par­te de cada don. Algunos se manifiestan de inmediato, mientras que otros se conceden en menor grado. Por esa razón es conveniente ayudar a los miembros de iglesia para que identifiquen los dones más evidentes.

Categoría                             

Dones

De apoyo

Ayudas, misericordia, exhortación, dádivas, hospitalidad, servicio

De enseñanza

Enseñanza, conocimientos, sabiduría, pastoreo

De testificación

Lenguas, interpretación de lenguas, evangelismo, discernimiento, espíritu misionero

De poder

Profecía, milagros, sanidad, votos de pobreza, celibato

Dones administrativos

Liderazgo, apostolado, administración, fe

 

De acuerdo a observaciones realizadas en diversas partes del mundo, pare­ciera que la mayor parte de los adventistas no son capaces de identificar los dones que han recibido.
C. Peter Wagner sugiere que:

  1. Se exploren todas las opciones mediante el estudio de la Biblia y la litera­tura cristiana.
  2. Se identifiquen tantos dones como sea posible.
  3. Se analicen los sentimientos personales para determinar si alguien prefiere servir en alguna labor en concreto.
  4. Se evalúe la efectividad propia mientras se «pone a prueba» un don.
  5. Se obtenga la confirmación de parte del cuerpo de creyentes.

Por otro lado, George E. Knowles sugiere:

  1. Orar pidiendo que Dios lo guíe a identificar sus dones espirituales.
  2. Renovar el voto de dedicar sus dones a la gloria y el servicio de Cristo.
  3. Hacer una lista de todos los dones espirituales que usted pueda recordar, utilizando la Biblia y los escritos de Elena G. de White. Cuando haya com­pletado la lista subraye los dones que usted cree poseer.
  4. Organizar los dones en orden de prioridad colocando en primer lugar el que usted considere como el más destacado.
  5. Conversar respecto a sus dones espirituales con otros cristianos, o en un grupo pequeño. Pídales su opinión respecto a los dones que usted posee.
  6. Comparar las diferentes opiniones que ha escuchado respecto a sus dones.
  7. Poner en práctica sus dones. Descubrirá que ellos se desarrollan al utilizar­los.
  8. Recordar que todos los dones tienen como meta final ganar almas.

No todos han sido dotados de igual forma por el Espíritu. Sin embargo, se espera que todos seamos testigos. Son pocos los miembros que han recibido el don de evangelistas; pero todo cristiano puede ser un testigo. Debido al he­cho de que hemos recibido diferentes dones espirituales, quizá no testifiquemos de la misma manera. Algunos se sienten más cómodos utilizando un enfoque basado en la salud. Otros prefieren trabajar con materiales audio visuales que hablan por sí mismos. Otros que desean hablar quizá hayan recibido el don de evangelismo. Pablo instruyó a Timoteo diciéndole que hiciera la «obra de evangelista» (2 Timoteo 4:5). La experiencia nos ha demostrado que hay muchos miembros de iglesia, incluyendo pastores, que aunque no tienen el don de evangelismo han obtenido conversiones al hacer «la labor de un evangelista».
Breve repaso de las posibles aplicaciones
de algunos dones
Hospitalidad. El sorprendente crecimiento de la iglesia primitiva se debió probablemente a que sabían cómo utilizar este don. Invitaban a sus vecinos y amigos a compartir sencillas comidas en sus hogares. A su vez, los amigos los invitaban a sus casas. «Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la co­munión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones» (Hechos 2:42).
Quienes se reúnen para comer no pueden dejar de hablar de los gozos y los problemas de la vida. Es fácil comprender que los cristianos primitivos, para quienes testificar era una forma de vida, utilizaban sus contactos para atraer a la gente a Jesús. Primeramente trataban de ganar la confianza y la amistad de quienes les rodeaban (Hechos 2:46. 47).
Hace muchos años que Elena G. de White declaró por escrito: «Si nos hu­milláramos [a] delante de Dios y fuéramos amantes [b] y corteses, |c] tiernos [d] y compasivos, [e] habría cien conversiones donde hoy solamente hay una».
Muchos de nosotros pudiéramos invitar a comer a un vecino, a un colega, a alguien que comienza a visitar la iglesia, a un extraño. ¿Por qué no hacerlo una vez al mes, o una vez al trimestre?
Algún corazón puede ser tocado mientras oramos: «Gracias, Jesús, por nues­tros nuevos amigos, el señor y la señora Pérez y sus hijos. Bendícelos y bendice esta comida».
Haga arreglos con varias semanas de anticipación con el fin de invitar a co­mer a los interesados que comienzan a asistir a la iglesia; esto es algo que pue­de ayudar a establecer valiosos vínculos de amistad. También ayudará a que se establezca un patrón de regularidad durante esas primeras semanas. Un miem­bro amistoso que posea el don de la hospitalidad puede trabajar silenciosa­mente con el fin de organizar los almuerzos dedicados a los visitantes. No deje ningún cabo suelto.
Enseñanza y comunión. La clase de visitas es una clase de Escuela Sabática para los interesados y miembros recién bautizados.
Cuando nace un niño, se lo mantiene durante algún tiempo en un ambien­te controlado, recibiendo un cuidado especial por expertos en enfermería pe­diátrica. A un bebé recién nacido no le decimos: «Este es un mundo frío y di­fícil. Hay enfermedades, venenos y gérmenes de todo tipo. Sin embargo, eres uno de nosotros. ¡Estarás sujeto a los mismos riesgos que nosotros!». ¡No! Hacemos todo lo que esté a nuestro alcance para reducir el riesgo de mortali­dad infantil. Conseguimos alimentos especiales para nutrirlo, y sobre todo ¡le proporcionamos mucho amor y un cuidado especial!
El ambiente controlado ideal y la «leche especial» para los nuevos cristianos se encuentran en la clase pastoral. Los temas de las lecciones están preparados especialmente para satisfacer las necesidades de los nuevos creyentes. Un bebé no ingiere comidas sólidas por un buen tiempo. La necesidad primordial de los miembros recién bautizados no consiste en un profundo estudio de Ezequiel, Colosenses o Job. Más bien necesitan repasar las doctrinas fundamentales de la fe.
«Muchos que escuchan frecuentemente sermones, aun cuando la verdad les sea presentada claramente, aprenden tan solo poco. A menudo seria más provechoso si las reuniones del sábado tuvieran el carácter de una clase de estudio bíblico» (El evange­lismo, p. 256).
Estas clases pueden recibir un nombre que apele a los no adventistas. Por ejemplo, «Clase interdenominacional», «Clase bíblica sabática». No se la debe llamar «Clase bautismal» porque los visitantes no querrán asistir a ella. ¡Repre­senta una amenaza!
Hemos de asegurarnos que quien enseñe en dicha clase ha de ser una per­sona que idealmente tenga el don de la enseñanza. Cuando un pastor atiende varias iglesias no siempre podrá estar presente en esta dase. El laico mejor do­tado y capacitado tiene que ser el encargado de esta clase. Él o ella ha de im­partir la clase todos los sábados. Para que esta clase cumpla su propósito debe propiciarse un ambiente de calor y confraternidad.
Siempre que sea posible la clase debe celebrarse en un salón aparte de ma­nera que el nuevo creyente no se distraiga con los muchos comentarios expre­sados en las otras clases. Lo mejor es que a esta clase no asistan los miembros de iglesia, a menos que estén acompañando a algún visitante o interesado.
La bondad y la amistad. Un ambiente atractivo. Todo miembro ha de estar consciente de que él o ella es un elemento importante para estimular a los vi­sitantes a fin de que continúen asistiendo. Mediante el uso de sus dones, los miembros deben impulsar la creación de un ambiente que motive a los visi­tantes a regresar. A continuación mencionamos algunos elementos que contri­buirán a crear un ambiente agradable en su iglesia:

  1. Invite a los visitantes a almorzar. Es preferible que las comidas se celebren en los hogares y no en la iglesia. Si varios miembros se comprometen a prestar sus hogares, las visitas tendrán un lugar para almorzar cada sábado. Esto los impactará positivamente. Pasar el sábado en la tarde en un hogar adventista incentivará a los visitantes a unirse a la iglesia.
  2. Trate de que las diferentes secciones de la Escuela Sabática estén dirigidas por maestros experimentados. Haga que sean tan interesantes que nadie quiera perderse la Escuela Sabática.
  3. Dedique tiempo para darles la bienvenida a los visitantes. Predique con en­tusiasmo y convicción. Prepárese bien. Fortalezca su pùlpito invitando a buenos oradores. Tenga un sólido programa de Conquistadores. Asista con frecuencia a las reuniones del club y a sus actividades. Incluya a niños no adventistas. Organice actividades especiales para atraer a la iglesia a los fami­liares y amigos de los visitantes. Siempre que sea posible, tanto usted como su esposa deben estar en la puerta recibiendo a los fieles los sábados en la mañana. Permita que diferentes miembros (hombres, mujeres, jóvenes, an­cianos) sirvan como recepcionistas los sábados de mañana. De esta forma quienes llegan se sentirán doblemente bienvenidos.

La mayoría de los pastores deberían estar capacitados para servir como evangelistas (2 Timoteo 4:5). De no ser así, han de mantenerse activos en la obra de testificación. Sin embargo, la obra principal de los pastores no debe ser evangelizar sino ayudar a la hermandad a descubrir, desarrollar y utilizar los dones que Dios les ha concedido.
«Los ministros, médicos y maestros cristianos tienen una obra más amplia de lo que muchos se imaginan. No solo han de servir al pueblo, sino también enseñarle a servir [...]. Todo miembro de la iglesia debe empeñarse en alguna manera de servir al Maestro» (El ministerio de curación, cap. 9, pp. 89, 90).
El descuido y la negligencia a los pequeños detalles pueden echar por tierra las horas dedicadas fielmente a la ganancia de almas. Si esto sucede los miem­bros se desanimarán y dejarán de trabajar a favor de las almas. La calidad de nuestras actividades en la iglesia debe ser tal que los visitantes sientan el deseo de regresar.
«Por el otro lado, si están relacionados con Cristo, si los dones del Espíritu son su­yos, los más pobres y los más ignorantes de sus discípulos tendrán un poder que hablará a los corazones. Dios los convierte en los instrumentos que ejercen la más elevada in­fluencia en el universo» (Palabras de vida del gran Maestro, p. 263).

 

Referencias
Adaptado de Avery T. Willis Jr., The Biblical Basis of Missions: Your Mission as a Christian (Nashville: Convention Press, 1984), pp. 120, 121.

James W. Zackrison, «Spiritual Gifts: Keys to Ministry», Adult Teachers Sabbath School Bible Study Guide, [Lecciones para la Escuela Sabática) Enero-Febrero 1997, p. 24.

Ibid., p. 140.

Ibid., p. 67.

C. Peter Wagner, Your Spiritual Gifts Can Help Your Church Grow (Glendale: Regal Books, 1979), pp. 116-133.

George E. Knowles,              How to Help Your Church Grow (Washington, D.C.: Review and Herald, 1981), pp. 33, 34.

Elena G. de White, Testimonios para la iglesia, tomo 9, p. 189

Ver Monte Sahlin, «The Friendly, Evangelistic Church», Friendship Evangelism (Siloam Springs: Concerned Communications, 1990), pp. 25-28.