Los Muebles del Santuario.
El Altar del Incienso y su Servicio.

El altar de oro, o altar de incienso, estaba delante del velo en el primer departamento del santuario. Era un cuadrado de un codo por dos codos de altura, con un cuerno en cada esquina. El altar era hecho de madera de acacia, y estaba cubierto de oro puro. Alrededor de la superficie tenía una bella corona de oro, y cerca de la corona había anillos, donde existían anillos que servían para trasladar el altar, y todo estaba cubierto de oro puro [1].
Dentro de la corona de oro que circundaba la parte superior del altar, existía un fuego sagrado que ardía constantemente [2], de donde ascendía el aroma fragante del incienso, el cual era colocado todas las mañanas y todas las tardes. El perfume invadía todo el santuario, y era llevado lejos por la brisa, más allá del atrio.
El incienso, compuesto por partes iguales en peso, de cuatro fragantes gomas y resinas, era preparado bajo dirección divina.
Era muy sagrado, y la persona que lo falsificara, aún cuando fuera para perfume, tenía que ser cortado de entre el pueblo [2].
Solamente el sumo sacerdote podía llevar a cabo el sagrado deber de colocar incienso delante del Señor en el altar de oro [3].
El altar y el fragante incienso en el santuario terrenal era un ejemplo de la obra que nuestro Sumo Sacerdote está desarrollando por nosotros [4]. Nuestras mentes deberían meditar a menudo sobre la obra de Cristo en el Santuario celestial [5].
Moisés, cuando fue dirigido para construir el santuario, fue "llevado a ver" el modelo celestial del cual sería una "sombra" [6].
A Juan, el discípulo amado, le fue permitido diversas veces en visión, ver al Salvador oficiando en el Santuario celestial. El vio un ser celestial parado delante del altar de oro. El veía el incienso ofrecido delante de ese sagrado altar. Cómo se debe haber estremecido su alma cuando vio ese precioso incienso ser añadido a las pobres y las imperfectas oraciones de los santos litigiosos. Aquí en la tierra: él vio esas oraciones, después que el incienso había sido añadido, ascender hasta Dios, y ellas eran aceptadas porque habían sido hechas fragantes por causa del incienso [7]. "Porque no sabemos orar como conviene, sino que el mismo Espíritu intercede por nosotros sobremanera con gemidos indecibles. Y aquel que escudriña los corazones sabe cual es la mente del Espíritu, porque según la voluntad de Dios es que intercede por los santos" [8]. Pero ni aún el mismo Espíritu puede presentar las oraciones de los mortales pecadores ante un Dios puro y santo, sin añadirle la fragancia del incienso.
Cuando Jesús estaba preparando Sus discípulos para Su separación personal de ellos, les aseguró, "todo cuanto pediréis al Padre en Mi nombre, El os lo dará" [9].
El poder de un nombre está en el carácter de aquel que lo lleva. El nombre del precioso Redentor es honrado, y cada petición presentada en ese nombre es garantizada en las cortes del cielo, porque Jesús vivió una vida sin pecado. El "no conocía pecado". El príncipe de este mundo no tenía nada en Jesús [10], ya que El era puro y santo, sin una mancha de pecado. Es la justicia de Cristo que hacen nuestras oraciones aceptables delante del Padre.
Juan vio el humo del incienso con las oraciones de los santos ascendiendo hasta Dios. Nuestras oraciones, hechas fragantes por la justicia de Cristo nuestro Salvador, son presentadas por el Espíritu Santo delante del Padre.
 A Juan en visión le pareció como una nube de humo apoyando las oraciones y como fragante incienso delante del trono del Infinito. El santo más débil que conoce como presentar sus peticiones al trono de la gracia en el nombre de Jesús, el Único sin pecado, tiene todos los tesoros del cielo a su disposición. Ni la firma del más rico millonario terrenal en un cheque de un banco terrenal se le compara al privilegio del cristiano.
El nombre de Jesús es a menudo añadido a las oraciones de una manera poco significativa. Muchas oraciones son dichas de una manera meramente formales, y no pasan más alto que la cabeza de aquel que las profirió; pero cada oración de fe alcanza el oído del Dios del universo. David entendió lo que estaba siendo tipificado por el incienso, y oró, "sea enderezada mi oración delante de ti como un perfume, el don de mis manos como la ofrenda de la tarde" [11].
Así como no había otra parte de la ministración diaria que llevase al sacerdote tan directamente a la presencia de Dios como la ofrenda de incienso, Así también no hay otra parte de nuestro servicio religioso que nos acerque tanto al Maestro como el hecho de derramar nuestras almas en fervorosas oraciones.
Antiguamente, Así como en el antitipo, la oración de fe entraba en el "lugar sagrado de habitación" de Dios en el cielo [12].
Un cordero era quemado en el altar de bronce en el atrio cada mañana y cada tarde, al mismo tiempo que el incienso era renovado delante del altar [13].
 El altar de oro era un "altar de continua intercesión", representando las oraciones del pueblo de Dios subiendo delante de El  continuamente; mientras que el altar de bronce era un "altar de continua expiación", representando el colocar de lado al pecado y su destrucción, la única cosa que nos separa de Dios y estorba nuestras oraciones de ser respondidas.
El cordero de la mañana y el de la tarde era ofrecido como una ofrenda quemada por toda la congregación, mostrando su deseo de colocar lejos el pecado y consagrarse ellos mismos al Señor, de manera que sus oraciones pudieran ascender más allá del altar con el fragante incienso.
En el antiguo Israel el pueblo que vivía cerca del templo se congregaban a la hora del sacrificio, y a menudo "toda la multitud del pueblo estaba afuera orando a la hora del incienso" [14].
El hábito de una oración matinal y una vespertina en los hogares, viene de esta adoración típica. El Israelita que tenía fe y que estaba lejos del templo, oraba con su cara vuelta hacia el templo, donde el incienso estaba ascendiendo cada mañana y cada tarde. Josefo nos dice que el incienso era ofrecido cuando el sol se ponía en la tarde, y en la mañana cuando aparecía.
El tipo era lindo, pero el antitipo sobrepasa largamente al tipo.
En el Santuario celestial existe un inagotable suministro de la justicia de Cristo. En el tipo el incienso ascendía siempre, tipificando que a cualquier tiempo, Día o noche, cuando una agitada alma clamase por ayuda, o esté dando gracias y alabando a Dios por la ayuda recibida, su oración será escuchada.
En la mañana, cuando los deberes del Día parecen ser mayores que lo que las fuerzas humanas pueden soportar, la afligida alma puede recordar que en el tipo un fresco suministro de incienso era colocado en el altar cada mañana, y que desde el antitipico Santuario celestial vendrá ayuda para el Día a aquel que clame por ayuda divina en el nombre de Jesús [15].
En la tarde, cuando revisamos el trabajo del Día y lo encontramos dañado por el pecado, existe consuelo bendito, si arrodillados confesamos nuestros pecados, al saber que en el cielo el fragante incienso de la justicia de Cristo será añadido a nuestras oraciones. En el tipo la nube de incienso protegía al sacerdote [16], Así la justicia de Cristo cubrirá los errores cometidos durante el Día; y el Padre, al mirarnos, verá solamente las vestiduras de la justicia de Cristo.
 Si comprendemos más completamente el privilegio de la oración, a menudo diremos con el profeta, "me regocijaré grandemente en el Señor, porque El me ha vestido con las ropas de la salvación, El me ha cubierto con el manto de justicia" [17].
No todas las oraciones que son aceptadas delante de Dios son contestadas inmediatamente, ya que no siempre sería lo mejor para nosotros; pero cada oración a la cual le ha sido adicionada la fragancia de la justicia de Cristo, es hospedada en el altar del cielo, y cuando Dios lo estime conveniente, será respondida.
Juan vio a aquellos que oficiaban delante del trono de Dios manteniendo en sus manos "vasos llenos de incienso", los cuales, dijo, eran "las oraciones de los santos" [18]. Estas oraciones han sido aceptadas, ya que el incienso añadido era tan fragante que Juan dijo que los vasos estaban llenos de incienso.
En la obra típica aquel que trataba de usar el fragante perfume del incienso para su propio bien o uso, era cortado del pueblo de Dios; no podía haber ninguna imitación del incienso [19]. No podía ser usado fuego para encender el incienso, excepto aquel tomado del altar delante del Señor. Nadab y Abiú, mientras estaban bajo la influencia de licor fuerte, ofrecieron "fuego extraño" delante del Señor, y fueron aniquilados [20]. Su destrucción es una lección objetiva para todo aquel que
falla apreciar la perfecta justicia de Cristo, y aparece delante del Señor vestido con los "asquerosos harapos" de su propia justicia [21].
Cuando la plaga estaba castigando las huestes de Israel, Aarón el sumo sacerdote, puso incienso en el incensario y corrió entre el pueblo, "y la plaga cesó" [22].
 El sagrado incienso era quemado solamente en el altar de oro y en los incensarios de los sacerdotes. Los otros Levitas no estaban autorizados para quemarlo [23]. Los sacerdotes que efectuaban la obra que tipificaba la obra de Cristo en un sentido especial, eran los únicos que podía quemar incienso delante del Señor.
Los cuernos del altar de oro eran a menudo tocados con la sangre de la oferta del pecado, tipificando Así que era la muerte de Cristo que hacía posible que nuestras oraciones sean respondidas y de que pudiésemos ser vestidos con Su justicia.
Ya que la fragancia del incienso no estaba confinada al santuario, sino que era llevada por el viento a las vecindades; de la misma manera, cuando uno está vestido con la justicia de Cristo, emanará una influencia de uno, de manera que todo aquel que entre en contacto con esa persona, lo reconocerá por su fragancia como siendo de origen divina.

Tipo
 Exo. 30:1-3; 40:26
El altar de oro estaba delante del velo.
Exo. 30:7-8
El Incienso era quemado en el por el sumo sacerdote cada mañana y cada tarde.
Exo. 30:9; Lev. 10:1-9
Aquel que quemase incienso con fuego extraño debería ser destruido.

Antitipo
 Apoc. 8:3
.Hay un altar de oro en el cielo delante del trono de Dios.
Apoc. 8:3-4
Mucho incienso es añadido a las oraciones de todos los santos, y entonces ascienden delante de Dios.
Isa. 64:6
Aquel que esté vestido con su propia justicia será destruido.

Referencias:
7.1.- Exo. 30:1-6
7.2.- Exo. 30:8
7.3.- Exo. 30:34-38
7.4.- Exo. 30:7-8
7.5.- Heb. 8:5
7.6.- Heb. 3:1
7.7.- Exo. 25:40
7.8.- Apoc. 8:3-4
7.9.- Rom. 8:26-27
7.10.- Juan 16:23
7.11.- Juan 14:30
7.12.- Salmo 141.2
7.13.- 2 Cron. 30:27
7.14.- Exo. 29:38-42
7.15.- Lucas 1:10
7.16.- Deut. 33:25
7.17.- Lev. 16:13
7.18.- Isa. 61:10
7.19.- Apoc. 5:8
7.20.- Exo. 30:37-38
7.21.- Lev. 10:1-10
7.22.- Isa. 64:6
7.23.- Num. 16:46-48
7.24.- 16:3-35